Las orejas de Charlotte se enrojecieron mientras miraba a Zachary.

"No tienes que preocuparte. Yo puedo hacerlo".

"Hay lugares a los que no puedes llegar". La voz melodiosa del hombre respondió con indiferencia.

Charlotte no pudo pensar en una excusa viable para rechazar su oferta.

"Sé buena”. Cada palabra del hombre regio sonaba como un decreto real al que no podía oponerse.

Ella no se atrevió a objetar más...

Zachary ya estaba junto a su cama. Ella rápidamente se dio la vuelta y se acostó. "Eh... puedo manejar las otras partes. Puedes aplicar la medicina en mi espalda. Gracias...".

Zachary no respondió. Solo sus cejas oscuras y bien formadas se movieron.

Él giró el frasco del medicamento para abrirlo. Sin embargo, cuando tomó el bastoncillo de algodón para aplicar la medicina, lo rompió por usar demasiada fuerza.

No dudó. Inmediatamente metió su dedo bien definido en el frasco, humedeció la punta de su dedo y lo pasó suavemente por su herida.

Si Charlotte se hubiera dado la vuelta para mirar, se habría dado cuenta de que

su mirada generalmente helada brillaba con una pasión ardiente que nunca antes había visto.

'¡M*ldita sea!'.

Zachary se dio cuenta de que estaba perdiendo cada vez más su control con esta chica... ¡Pero ahora no era el momento!

El cuerpo de ella estaba agotado y plagado de heridas.

Zachary respiró hondo e hizo todo lo posible por calmarse mientras pasaba el medicamento por sus heridas.

Ella, sin embargo, estaba completamente cómoda, como si estuviera en un sueño.

"Date la vuelta".

Su voz clara, combinada con su aliento cálido, rozó delicadamente su espalda.

Sus ojos se abrieron con sorpresa. “Te lo dije, puedo hacerlo yo misma. Ya te puedes ir...".

"Sabes muy bien que cuando se trata de mis deberes, siempre los termino personalmente".