Elisa no le contestó a Guillermo, mientras que Raquel no dejaba de mirarlos a ambos. «¡Algo debe estar ocurriendo entre los dos! ¿Será que Elisa siente algo por él? Aunque, no me ha dicho nada en todo este tiempo. De ninguna manera, no puede ser». De forma sutil, la joven cambió su expresión.

—Elisa, deberías haberme presentado antes a tu nuevo amigo. ¿Desde cuándo se conocen? Parece que son muy cercanos —dijo Raquel sin rodeos mientras le guiñaba un ojo a su amiga.

—No hace mucho que nos conocemos, pero tenemos buena relación —contestó Guillermo mientras sonreía.

«¿Relación? ¿Qué tipo de relación?». La joven se veía perpleja mientras Elisa sonreía.

—Lave las verduras.

El hombre soltó una risita.

—¡Sí, señora!

«¿Sí, señora?». Raquel estaba aún más desconcertada por la situación. De vez en cuando, miraba a Elisa, ya que esperaba que le diera una pista, pero esta no le comunicó nada ni siquiera después de que sirvieron los platos. A Raquel se le hizo agua a la boca al ver los sabrosos platos, incluso antes de que empezaran a comer, ya estaba satisfecha por el aroma de la comida.

—¡Huele de maravilla! Elisa, por favor, adóptame. Prometo ayudar a limpiar la casa.

Guillermo también se sorprendió de las habilidades culinarias de la joven. Todos los platos se veían bastante tentadores.

—A mí también; no seré un vividor. También puedo ayudar con las tareas de la casa.

Luego de pasarles un juego de cubiertos a cada uno, Elisa se sentó junto a su amiga.

—Gracias, muchachos, pero me temo que terminaré en bancarrota —respondió mientras sonreía con timidez.

Raquel se rio entre dientes.

—Eso no es un problema, ya que tenemos al señor Domínguez con nosotras. Podemos comer todo lo que queramos.

—Será un placer —musitó Guillermo mientras sonreía.

En cuanto Elisa se dio cuenta de que su amiga iba a seguir hablando, tomó un trozo de carne y se lo metió en la boca.

—Come.

La joven se quedó atónita. Luego de servirle un cuenco de arroz, Elisa recordó algo y miró a Guillermo.

—¿Le gustaría beber algo con alcohol, señor Domínguez?

—Estoy bien. Tengo que conducir más tarde.

Elisa asintió y se sentó a comer después de servir el arroz.

Aunque aquel era un invitado inesperado, se le daba muy bien romper el hielo. Raquel también era extrovertida, así que los tres entraron en confianza en poco tiempo. La joven hablaba sin parar y Guillermo intervenía de vez en cuando mientras Elisa permanecía callada la mayor parte del tiempo. Los seis platos que estaban sobre la mesa eran aromáticos y estaban exquisitos. Mientras Guillermo más comía, más impresionado se sentía. Rara vez pedía un segundo plato de arroz, pero ese día lo pidió.

—Elisa, tus habilidades culinarias son tan asombrosas que dudo que los chefs nacionales puedan compararse contigo. —La felicitó el hombre con sinceridad.

Sorprendida, ella entrecerró los ojos. «¿Habilidades culinarias? ¡Ja!». Había oído decir que el corazón de un hombre se podía conquistar con facilidad conquistando primero su estómago. Así que se esmeró en aprender a cocinar, ya que, de esa manera esperaba que Gabriel cambiara su opinión sobre ella; no obstante, por desgracia, nunca se molestó en probar sus platos. Dado que, cada vez que ella le pedía que lo hiciera, a él le daba asco.

En cuanto lo pensó bien, se dio cuenta de que se había estado humillando todo ese tiempo.

—¿Elisa?

De inmediato, ella salió de su aturdimiento.

—Me distraje. ¿De qué hablaban? —preguntó al ver que tanto su amiga como Guillermo la miraban.

Raquel la miró a con los ojos abiertos de par en par.

—¡¿Irás a un banquete?!

—Sí. —Asintió ella y miró a Guillermo de forma inconsciente, ya que supuso que había sido él quien se lo había dicho a Raquel, quien, de repente, frunció el ceño.

—Antes, no te gustaban ese tipo de eventos. ¿Por qué querrías asistir a un banquete de tan alto nivel? Además, solías ir a esos lugares con Gabriel, pero esta vez...