Gabriel salió sin decir una palabra, pero Mónica tiró de su brazo y lo detuvo al instante.

—Gabriel.

—¿Sí?

—¿En verdad vas a continuar con el divorcio?

Él la miró con calma.

—Fue una noticia impactante. Si no sigo adelante, seré el hazmerreír de la ciudad. ¿Cómo podré continuar con el negocio después de eso?

El rostro de Mónica se tornó sombrío.

—Entonces, tienes que renunciar a este proyecto.

—Y Guillermo obtendrá los beneficios sin hacer nada. —Resopló con desdén.

A pesar de que el proyecto no se veía afectado con la relación entre Gabriel y Elisa, él no tenía una buena reputación antes de eso. Si tenía que divorciarse en ese momento, las demás personas especularían sobre sus habilidades y su integridad. No obstante, Guillermo era diferente, ya que, a pesar de que se acostaba con mujeres, seguía soltero.

Por otro lado, cualquiera podía darse cuenta de que Linda era el motivo de su divorcio. Puesto que no era lo mismo acostarse con otras mujeres estando soltero, que engañar a la persona con la que estaba casado.

—Maldita seas, Elisa. No, esto no puede terminar así. —Mónica apretó los dientes de la ira.

—Madre —la interrumpió Gabriel de forma cortante en voz baja, al ver que estaba a punto de seguir hablando—. Solo deja este asunto de lado por ahora. A fin de cuentas, tener un proyecto menos no afectará nuestra compañía e, incluso si nos divorciamos, eso no significa que perderé con Guillermo.

Ella abrió la boca, pero no dijo nada. Aunque a veces podía ser bastante engreída, siempre escuchaba las órdenes de su hijo. Después de ver que él había tomado una decisión, ella también decidió no seguir fastidiando a Elisa.

—Debo encargarme de otros asuntos, así que me despido por ahora.

Mónica sintió rencor hacia Elisa mientras observaba la figura de su hijo que se iba.

Eran las diez de la noche cuando Elisa llegó a su casa. Después de empacar algunas pertenencias, se recostó. Quizás no paraba de dar vueltas en la cama porque debía encargarse de algo importante. Justo cuando estaba medio dormida, sonó la alarma del reloj, por lo que abrió los ojos aturdida con un leve dolor de cabeza. Por ese motivo, cerró los ojos algo más de tiempo antes de levantarse de la cama. Luego, continuó con su rutina diaria; se higienizó, desayunó, se maquilló y se cambió, sin hacer nada fuera de lo normal. Cuando salió por la puerta, ya era la Elisa que se vestía de forma espléndida, además, ya se había cubierto las ojeras con maquillaje.

Cuando Gabriel llegó a las nueve de la mañana, sintió que algo le bloqueaba las arterias al ver el buen aspecto de la mujer.

—¡Buenos días! ¿Ya desayunaste? —Elisa le esbozó una sonrisa.

—Si dijera que no he comido nada, ¿me cocinarías algo? —se burló de forma sarcástica.

—Estoy segura de que mi prima lo haría por ti —le insinuó ella sonriendo.

Sin decir otra palabra, él ingresó a la oficina. Había bastante gente en la Oficina de Asuntos Civiles, quizás algunos paparazis esperaban a escondidas que llegaran. A fin de cuentas, era una gran primicia; el presidente de Grupo Weller estaba a punto de divorciarse y todos esperaban el más reciente rumor. Sin embargo, dado que él gozaba de una posición bastante poderosa, priorizaban su pedido, por lo que su divorcio pronto estaría en marcha.

Cuando Gabriel vio a Elisa firmando el acuerdo sin vacilar, le latieron las venas de la frente; sin embargo, se limitó a fruncir los labios y firmó su parte sin emitir ningún comentario. La persona que estaba a cargo de su divorcio también estaba bastante nerviosa. Dado que era un gran escándalo, la mayoría de la gente se había enterado de la noticia. Puesto que sabían que era probable que Gabriel estuviera de mal humor, tenían miedo de ofenderlo, por lo que, en ese momento crítico, nadie se atrevió a hostigarlo.

Cuando terminaron de firmar los acuerdos y se emitió la sentencia de divorcio, la expresión tensa de Elisa se relajó y sonrió. Mientras sostenía la sentencia con cuidado, pensó: «Al fin soy libre, después de tres años de estar presa».