Elena levantó la mano, pero Wesley la atrapó. Entrelazó sus dedos y le sujetó la mano por encima de la cabeza. Con cada latido, profundizaba el beso, como si estuviera decidido a mostrarle todo lo que sentía.
Dentro del coche, el espacio se sentía denso y pesado. Ambos respiraban el mismo aire caliente.
El calor del calentador se acumuló en la piel de Elena y una fina capa de sudor brilló en el puente de su nariz.
Justo cuando Elena pensó que se quedaría sin aliento, Wesley la soltó, aunque sus ojos aún brillaban con intensidad. "Di algo que no me guste otra vez", dijo, con voz baja y áspera mientras la advertencia le quemaba en la garganta, "y me aseguraré de que salgas de la cama con dolor de cintura y piernas temblorosas".
Un suave "chasquido" rompió el silencio cuando el cinturón de seguridad de Elena se soltó y su asiento descendió a una posición plana.
Wesley la estudió con ardiente intensidad, el deseo inundando su mirada.
La respiración de Elena se entrecortaba suavemente, su cabello oscuro se desparramaba tras ella como seda. Sus labios parecían carmesí y tiernos, sus pestañas ondeaban hacia abajo, irradiando una mezcla embriagadora de agotamiento y seducción.
Wesley la encontró absolutamente hipnotizante. Se le hizo un nudo en la garganta al tragar, con la mirada penetrante, antes de descender para capturar su boca una vez más. Una mano recorrió su columna vertebral, aventurándose más abajo, mientras que la otra trabajaba hábilmente en el botón de sus vaqueros.
El calor sofocante trastocaba su razonamiento.
Elena arqueó el cuello hacia atrás y entregó su mirada a la oscuridad.
Wesley arremangó su suéter tejido hacia arriba, ajustando la tela antes de bajarse para reclamar sus pezones.
"Mmh..." Corrientes eléctricas bailaron en su pecho, y Elena no pudo contener el sonido que se escapó de su garganta.
Ese gemido sin aliento despertó algo primitivo en Wesley. Sus ojos ardían de hambre mientras se movía con determinación implacable.
Al descubrir la humedad entre sus muslos, Wesley levantó la cabeza, se bajó la cremallera de los pantalones del traje, sacó una caja de protección del coche, la abrió y se preparó.
El espacio reducido del vehículo no supuso ningún obstáculo. Los recolocó a ambos, sentándola en su regazo.
Los ojos de Elena se abrieron de golpe, notando las venas prominentes que latían en sus sienes.
Wesley permaneció en silencio, con las manos aferrándose a su cintura mientras conducía hacia arriba con una fuerza imponente. Su ritmo se volvió desesperado, casi salvaje, mientras el coche se balanceaba con un movimiento constante.
El costoso vehículo de lujo se llenó de pura pasión y anhelo.
Después de que todo concluyó, la caja de protección previamente cerrada ahora estaba completamente vacía.
Elena se reclinó lánguidamente en su asiento, su ropa ya estaba arreglada por las cuidadosas manos de Wesley.
Se inclinó y le dio un beso suavísimo en los labios. Por fin, liberó la pregunta que lo había estado torturando. "¿Crees que estoy envejeciendo?"
No podía olvidar sus meriendas de antes con unos universitarios. ¿Lo habría estado comparando con esos jóvenes universitarios esa noche? ¿Lo consideraba demasiado mayor para ella? Era solo dos años mayor que ella, pero la posibilidad de que lo viera como "viejo" le había despertado una vulnerabilidad desconocida. Nunca se había preocupado mucho por su apariencia. Sin embargo, tras conocer a Elena, quien parecía apreciar su belleza, empezó a preocuparse. Ahora la edad se había convertido en otra fuente de ansiedad que no podía ignorar.
Elena lo miró, genuinamente sorprendida. ¿Acaso eso había motivado su despiadada intensidad momentos antes? ¿Para demostrar que no había perdido el vigor?
Elena permaneció en silencio unos instantes antes de responder: "¿Quién dijo que eres vieja?"