Separados unos de otros, una tensión incómoda se extendía entre ellos.
Ellis frunció ligeramente el ceño, delatando una vulnerabilidad poco común, mientras que el comportamiento antes agradable de Charlette se disolvió rápidamente en un silencio cauteloso. Permaneció inmóvil, con expresión cuidadosamente neutral, sin pronunciar palabra.
Una sombra de decepción se dibujó en los ojos de Ellis tras sus gafas al ver el cambio en su actitud. Se acercó, con voz baja e insegura. "¿Dónde has estado todo este tiempo?"
Charlette contuvo la tormenta que se estaba gestando en su interior y respondió con frialdad: "No me di cuenta de que mis movimientos requerían tu aprobación".
Una tensión silenciosa se instaló entre ellos. Ellis encontraba su frialdad inquietante y desconocida. Anteriormente, Charlette siempre había tomado la iniciativa, salvando sin esfuerzo sus incómodas brechas sociales. Rara vez se aventuraba más allá de su investigación científica. Ella había sido la primera en penetrar su solitaria existencia, dejando una huella imborrable.
"Si no tienes nada más", dijo Charlette tranquilamente, "me voy ahora".
Se dio la vuelta, lo que provocó que Ellis frunciera aún más el ceño. "Espera", gritó Ellis, deteniendo su marcha una vez más.
Su garganta se movió mientras reunía coraje y dijo suavemente: "Tengo algo importante que decirte".
Desde aquella noche caótica en casa de Tucker, Charlette había desaparecido por completo, dejando a Ellis lidiando con emociones sin resolver.
Tras una pausa incierta, Charlette preguntó con cautela: "¿Qué ocurre?". Había supuesto que Ellis agradecería su ausencia, aliviado por su silencio. ¿Acaso no prefería la soledad?
Sin embargo, la siguiente acción de Ellis dejó a Charlette completamente sin palabras.
Ellis metió la mano tranquilamente en su bolsillo, sacó un anillo brillante y se hundió con gracia sobre una rodilla.
Charlette se tambaleó hacia atrás, conmocionada, con los ojos abiertos por la incredulidad. ¿Qué estaba pasando? "Ellis..." Su voz temblaba de confusión, pero la mirada decidida de Ellis silenció su pregunta.
Él preguntó suavemente: "¿Quieres casarte conmigo?"
La conmoción golpeó a Charlette con tal fuerza que sus pensamientos se dispersaron por completo. Frunció el ceño con incredulidad, incapaz de procesar sus palabras. "¿Qué acabas de decir?"
Ellis mantuvo contacto visual firme. "Cásate conmigo."
No parecía que estuviera bromeando ni gastando una broma. Por una vez, Charlette se quedó completamente sin palabras. Estaba acostumbrada al caos y a la crisis, pero nada la había preparado para esta situación absurda. La sospecha la invadió: ¿habría estado Ellis poseído o bajo algún hechizo? ¿Por qué, si no, habría dicho algo tan ridículo?
Charlette finalmente logró hablar, con voz mesurada. "Ellis, ¿te das cuenta de lo que dices?"
—Perfectamente —respondió Ellis con calma y mirada firme.
La ira invadió repentinamente a Charlette, superando su asombro inicial. Rió fríamente, con los ojos encendidos de irritación. "¡No me importa quién seas! ¡Quítate esa máscara tan bien hecha ahora mismo!". De no haber sido por la falta de armas, habría vencido a quien se atrevió a disfrazarse de Ellis.
Ellis parpadeó, atónito y confundido. "¿Máscara? ¿De qué demonios estás hablando?"
La expresión de Charlette se tornó mortalmente seria. "Tú no eres Ellis. Ellis no te propondría matrimonio así como así".
Ellis se quedó en un silencio incómodo, sorprendido. ¿De verdad creía que alguien se había disfrazado de él y le había propuesto matrimonio? Intentó razonar. "Parpadea si dudas de que me estás viendo de verdad. Según las estadísticas..."
"¡Basta!", intervino Charlette, interrumpiendo su discurso. "De acuerdo, de acuerdo. Definitivamente eres tú". Solo Ellis, un investigador empedernido y especialista en datos, intentaría razonar así para salir del escepticismo.