Una sombra cruzó la expresión de Wesley. "Sí. Es un desastre, la verdad."
Las cosas se estaban descontrolando mucho más de lo esperado. Aun así, esbozó una sonrisa torcida, intentando animar el ambiente. "Parece que aún no vuelvo. Espero que no te estés divirtiendo demasiado en tus salidas nocturnas y te estés olvidando de mí".
Elena puso los ojos en blanco y respondió: "¿Cuándo he tenido noches salvajes?"
Arqueó una ceja. "¿Quién había contratado acompañantes masculinos en Empire, entonces?"
Por un instante, Elena casi se atragantó; casi había logrado olvidar esa pequeña escapada. Le faltaban las palabras: ¿cómo podía seguir obsesionado con algo que había sucedido hacía siglos?
A Elena se le escapó una risa seca. "¿De verdad no dejas pasar las cosas, verdad?"
Wesley hacía girar un cigarrillo apagado entre los dedos. "Contrataste acompañantes masculinos en mi club, Elena. Eso no es algo que pueda olvidar."
No quería admitir lo cerca que había estado de perder la calma esa noche en Empire, viéndola actuar como si él no existiera.
El dedo de Elena se cernía sobre el botón de finalizar llamada, pero Wesley cambió de tema para continuar la conversación un momento más.
Ninguno de los dos podría haber imaginado que ésta sería su última oportunidad en un largo período de tiempo.
Los días siguientes fueron inquietantemente tranquilos: sin mensajes, sin noticias, ni rastro de Wesley. Elena lo atribuyó a su carga de trabajo. La situación en Yoswye era caótica, y probablemente no tenía ni un minuto libre.
Todo cambió el día que Félix la buscó. Verlo era impactante: ojeras, barba desaliñada y su habitual mirada afilada, sin ningún refinamiento.
Elena apenas lo reconoció. "Félix, ¿qué demonios pasó?"
Desde que conocía a Felix, la mano derecha de Wesley, siempre había sido meticuloso y estaba impecablemente arreglado. Esta vez, sin embargo, parecía destrozado.
Los ojos enrojecidos y la voz entrecortada delataban el cansancio de Félix. «Señorita Harper... creo que algo le ha pasado al señor Spencer».
La actitud de Elena cambió al instante. "¿Qué quieres decir con eso?", preguntó con voz repentinamente dura.
Con la cabeza gacha, Félix estrechó las manos. "No habría recurrido a usted si hubiera tenido otra opción. El señor Spencer lleva tres días desaparecido".
El tono de Elena se congeló. "Cuéntamelo todo. Sin omitir ningún detalle."
Siguió una explicación tensa. «El Sr. Spencer fue a Yoswye para investigar los vínculos financieros de Joseph con el duque. Solo trajo consigo a Arion. Hace tres días, Arion dijo que planeaban infiltrarse en la finca real para investigar, y después de eso, cesó todo contacto. Envié a varios agentes encubiertos a buscarlos, pero ninguno ha regresado».
Félix supuso que Wesley probablemente se había metido en problemas. No había forma de que Wesley desapareciera sin decir palabra.
La mente de Elena se concentró en el detalle más crucial: "¿Quién es el Duque?"
La respuesta de Félix fue tajante. «El duque de Blackwood». La desesperación brilló en sus ojos. «Señorita Harper, ¿qué hacemos ahora?»
La mirada de Elena se endureció; su rostro, sereno pero indescifrable, dijo: «Wesley no es de los que se dejan vencer fácilmente. Hasta que regrese, mantén firme al Grupo Spencer; no dejes que nadie se aproveche de esta oportunidad».
Un gesto de Félix confirmó su comprensión. "Entendido."