Era obvio que todos los demás también lo entendían.
"Como diseñador, nunca olvidaría un detalle de mi propia creación".
"Si está equivocada en esto, ¿cómo puede afirmar su propiedad?"
Elyse apretó los dientes. Elegir la opción equivocada sería humillante, pero callar no era una opción.
Decidida a arriesgarse, Elyse se mordió el labio y anunció: "El segundo porro".
Una sonrisa maliciosa se curvó en los labios de Elena ante su respuesta.
Por un momento, el corazón de Elyse latió con tanta fuerza que rápidamente dijo: "No, me equivoqué. Es la tercera articulación".
Exhalando profundamente después de su corrección, Elyse sintió una ola de alivio.
Qué tonta era Elena, ni siquiera podía ocultar la expresión de su rostro.
Inicialmente, Elyse había señalado la segunda articulación, pero la actitud de Elena la convenció de que debía cambiar su respuesta a la tercera articulación.
Segura de su respuesta, Elyse sonrió y dijo: "Elena, simplemente admite tu error y abandona la empresa, y yo pasaré por alto tus acciones".
En ese momento, la paciencia de Samira se agotó y dijo: "Elena debe renunciar hoy. Mónica, trae la pulsera para que reconozca su error".
Una vez que regresaron, Samira planeó tener una discusión seria con Bertha.
Su intención era convencer a Bertha de que sólo unos pocos elegidos eran aptos para la empresa.
Elena poseía un carácter engañoso, mientras que Elyse estaba en un nivel completamente diferente.
Tanto Elyse como Samira esperaron confiadamente a que Elena bajara la cabeza y ofreciera una disculpa.
Mónica, observando desde la barrera, luchaba por contener la risa.
La brillantez de Elena brilló cuando utilizó una pregunta complicada para exponer las mentiras de Elyse.
—¡Muévete y trae el brazalete para que lo inspeccionen! ¿Por qué te demoras? ¿Intentas engañarnos? —espetó Samira, con un tono de tono condescendiente, mientras señalaba a Mónica—. Si no te interesa conservar este puesto, hay muchas candidatas dispuestas a ocuparlo. ¡Tienes tres minutos para traer el brazalete o te irás con Elena!
La sonrisa de Mónica se desvaneció en un instante.
Leopardex era asunto de Bertha, pero Samira se había entrometido en sus asuntos con demasiada frecuencia. Ya era exasperante.
Ahora, ella tuvo la audacia de amenazar su trabajo.
La expresión de Mónica se volvió gélida mientras fijaba la mirada en Samira.
¿Cómo es posible que la familia Harper haya acabado con una mujer tan despistada?