Ella siempre había jurado que nunca se establecería, pero Wesley había irrumpido en su mundo como un torbellino, dejándola sin otra opción que acostumbrarse a su presencia, incluso apoyándose en él sin darse cuenta.

Esa noche, Elena ya no podía negar la emoción que florecía en su pecho. Su respuesta salió suave y segura al deslizar su mano en la de él. «Sí, lo haré».

El rostro de Wesley se iluminó, y las palabras se asentaron en él como la luz del sol tras la lluvia. Con manos firmes, le puso un anillo personalizado en el dedo y la abrazó, incapaz de contenerse más. Sus labios se posaron suavemente sobre los de ella, llenos de anhelo y promesa.

Esta era la mujer con la que había soñado, la que quería proteger y apreciar por encima de todo. Por fin, podía llamarla suya, no solo con palabras, sino en todos los sentidos.

Bajo el derroche de colores que pintaba el cielo, Wesley sólo podía concentrarse en ella; todo lo demás se desvaneció.

Sus besos iban desde sus labios hasta sus párpados, dejándola apenas respirar.

Con voz ronca, susurró: "Elena, lo eres todo para mí. Quédate a mi lado por el resto de nuestras vidas. No hay nada que no daría por ti".

Su tono grave y profundo la enroscó en el corazón, sonrojándole las orejas. Sinceramente, no le pedía mucho.

Sus ojos se oscurecieron, su agarre alrededor de ella se hizo más fuerte y cada respiración que tomaba era más fuerte que la anterior.

Elena solo necesitó una mirada a sus ojos para comprender qué pasaba por su mente. El calor que le apretaba el estómago era imposible de ignorar.

Un pequeño jadeo escapó de sus labios, tan débil que casi no reconoció su propia voz. "Wesley, ¿qué estás...?"

Por un instante, Elena se quedó paralizada, incapaz de creer que la voz fuera la suya. Sintió un calor intenso en las mejillas al presionar las manos contra Wesley y morderse el labio.

Wesley simplemente la hizo callar, hundiendo la cara en la curva de su cuello. "Tranquila. No haré nada. Solo quiero abrazarte".

Elena se quedó atónita. ¿De verdad hablaba en serio? ¿De verdad podía abrazarla y no hacer nada más?

Casi como si leyera su mente, dejó escapar un suspiro y murmuró: "No traje protección".

Como Elena no estaba lista para formar una familia, Wesley jamás dejaría que las cosas llegaran tan lejos. Aunque ansiaba estar cerca de ella, la idea de que tomara anticonceptivos después no le convencía.

Con esfuerzo, finalmente logró controlarse y la soltó, respirando temblorosamente.

La mirada de Elena se dirigió hacia abajo, vislumbrando su evidente erección.

Antes de que pudiera decir una palabra, Wesley le tapó los ojos con una mano, en voz baja y áspera. "Cariño, me estás poniendo a prueba".

Contenerse ya era difícil, y su sonrisa juguetona lo hacía mucho peor.

Elena parpadeó bajo su palma, intentando no reír. Si se dejaba llevar por la risa ahora, él lo recordaría, y ella lo pagaría más tarde, enredada en sus brazos y sin aliento para hablar. A veces lo presionaba demasiado, y él siempre la dejaba completamente agotada en la cama.

Elena decidió no tentar a la suerte y apartó su mano, reprimiendo cualquier comentario burlón.

Wesley notó que ella no tenía intenciones de burlarse de él y tomó algo que había guardado.

La curiosidad despertó a Elena y preguntó: "¿Qué es eso?"