Elyse levantó la vista bruscamente y su mirada se cruzó con la de Wesley.
Ella sintió que una emocionante oleada de felicidad la invadía.
¿Wesley estaba a punto de ayudarla a levantarse?
No había forma de que la dejara allí... ¿verdad?
Ella había elegido meticulosamente su atuendo, cada pieza seleccionada pensando en él, y parecía que sus esfuerzos estaban dando frutos: podía sentir la mirada de Wesley sobre ella.
Un destello de esperanza brilló en sus ojos, iluminándolos con anticipación.
Extendió la mano hacia él, con una suave súplica en la voz. "Señor Spencer..."
Wesley frunció el ceño y su expresión se cubrió de confusión.
¿Qué intentaba hacer Elyse? ¿De verdad esperaba que él la ayudara a ponerse de pie? La sola idea le parecía increíblemente absurda.
Cuando bajó la mirada hacia su mano, la molestia lo pinchó como una espina.
Cuando Elyse tropezó, sus dedos se agitaron y accidentalmente se engancharon con los de él.
Wesley, un completo maniático del orden, sintió una oleada de incomodidad. Sentía la mano manchada, una sensación indeseable que lo impulsaba a una limpieza obsesiva.
Sin decir palabra, ignoró por completo a Elyse, con el rostro desencajado por el desagrado. Se dirigió al lavabo, decidido a borrar cualquier rastro de contacto.
La sonrisa de Elyse se congeló en una máscara rígida.
Allí estaba ella sentada, despatarrada sin gracia en el suelo con su opulento vestido y una mano agitándose torpemente en el aire: un retrato de absoluta desesperación.
Más temprano esa noche, ya se había avergonzado, pero ahora, como impulsada por una fuerza inexorable, encontró otra forma de agravar su humillación.
Alexander no soportó más el espectáculo. Le ordenó discretamente a su chofer que acompañara a Elyse a casa de inmediato.
Klathe era un hervidero de actividad, animado y vibrante, mientras que las calles más tranquilas de Foiclens parecían casi sombrías en marcado contraste.
Darren, con el rostro tormentoso por la rabia contenida, guió a Sylvia directamente a la puerta de la familia Reed.
La puerta se abrió de golpe y apareció Cecily, con los ojos abiertos por la sorpresa al ver la furia de Darren y las mejillas surcadas de lágrimas de Sylvia.
"¿Qué pasó? ¿Por qué llora Sylvia?" La voz de Cecily temblaba de preocupación.
Darren había contenido su ira durante todo el viaje, pero ahora ésta brotó sin control.
Cuanto más reflexionaba sobre la situación durante su silencioso regreso de Klathe, más feroz se volvía su ira.
La familia Reed siempre supo que Elena era la hija mayor de la familia Harper, pero lo engañaron, presentándola como una chica de origen modesto. Este engaño le costó caro, rompiendo cualquier posible vínculo con la familia Harper.