Sus palabras tenían una madurez recién descubierta que tomó a Samira por sorpresa.
Ella lo escrutó, entrecerrando los ojos ligeramente. "¿Qué te pasa? Antes te preocupabas más por los asuntos de Elyse. Incluso te atreviste a vender los cuadros de tu padre para hacerla feliz."
Al mencionar los cuadros, los ojos de Javier brillaron de culpa y sintió un leve dolor en la espalda.
Incómodo, dijo: "Mamá, esto no tiene nada que ver con Elyse..."
Una promesa solemne a Elyse lo obligaba a guardar silencio, y él tenía la intención de cumplir su palabra pasara lo que pasara.
—Vamos —interrumpió Samira, suavizando un poco el tono—. Eres mi hijo. Te conozco bien.
A pesar de su carácter travieso, Javier no era un mal chico. Despilfarrar dinero sin control no era propio de él.
Desde niño, ahorraba cuidadosamente su dinero de bolsillo para comprar regalos para Vince, Samira o Elyse.
Inmediatamente después de escuchar esta revelación, Samira y Vince adivinaron la verdadera razón detrás de sus acciones.
Sin embargo, fingieron no saberlo, considerando la sensibilidad de Elyse y la disposición de Javier a ayudar.
A Javier le faltaron las palabras y tartamudeó, intentando defenderse.
Con evidente desdén, Vince miró a Javier y luego se volvió hacia Samira. «Está creciendo y necesita ser más maduro, o se convertirá en un caso perdido».
—Tienes razón. —Samira no discutió y asintió de todo corazón.
Javier se quedó sin palabras.
Resultó que, a los ojos de sus padres, siempre había parecido infantil.
A Samira y Vince no les importaba lo que él pensaba.
El tono de Vince se tornó serio al continuar: «Samira, como Elyse no es nuestra hija, no deberíamos interferir demasiado en sus decisiones. Ya has hecho todo lo posible por ayudarla, y eso es suficiente. No te preocupes por eso».
Vince era el más lúcido de la familia.
Sintió que Elyse tenía motivos ocultos y sospechó que su afecto por ellos era genuino.
Desde que Elyse se mudó a su casa, se había convertido en una fuente cada vez mayor de discordia.
Javier parecía haber recuperado finalmente el sentido común últimamente y ya no era tan susceptible a la influencia de Elyse como lo había sido antes.
Pero Samira era una historia diferente.
Vince sabía muy bien cuánto anhelaba tener una hija.
La dura realidad persistía: Elyse no era su hija biológica. Samira era la única que se aferraba desesperadamente a este vínculo artificial, mientras que Elyse claramente prefería regresar a casa de Alexander.