Elena se mordió el labio, su expresión era de perplejidad.

Wesley apretó la mandíbula; el rubor de la excitación aún se notaba en su postura, mientras la frustración crecía en su interior. Su mirada, clara y sin intención romántica, se encontró con la suya. Con voz baja y tensa, preguntó: "¿De verdad no lo ves?".

Elena frunció el ceño. ¿Acaso debía entender algo? Su irritación al verla era inexplicable.

Su mirada indiferente casi hizo reír a Wesley con frustración. Había disfrutado de estar cerca de ella en numerosas ocasiones.

Abrió la boca para decir más, pero el timbre abrupto de un teléfono lo interrumpió, perforando la tensa atmósfera del auto.

Elena revisó su teléfono: era una llamada de Lydia. Contestó sin dudarlo. Lydia y Jeffry ya se habían enfrentado a sus propios asesinos, pero ahora estaban fuera de peligro inmediato.

Después de garantizar la seguridad de cada uno, finalizaron la llamada.

Esta vez, sonó el teléfono de Wesley. Malcolm había llegado, trayendo refuerzos.

Como una de las familias más poderosas de Klathe, la familia Johnson esperaba que Malcolm interviniera cada vez que surgiera algún problema en su territorio.

Kason, aprovechando su experiencia militar, se asoció con Malcolm para enfrentarse a los asesinos encubiertos de Avalor.

En otro lugar, Lydia encontró consuelo en los brazos de Jeffry, con la cabeza escondida bajo la chaqueta de su traje, ambos ocultos tras un contenedor. Afuera, los asesinos no representaban una amenaza para ella, pero esta vez decidió no enfrentarse a ellos.

Al oírse el sonido de los disparos, Jeffry la atrajo hacia sí, envolviéndola con su chaqueta y su perfume de colonia. Le susurró tranquilizadoramente: «Escóndete, no te preocupes».

Sus palabras tranquilizadoras derritieron el corazón de Lydia, infundiendo calidez en todo su ser. Acostumbrada al peligro constante que acompañaba a los disparos, esta era su primera experiencia de ser protegida por alguien. Naturalmente, se acurrucó más cerca del abrazo protector de Jeffry.

Estos momentos con él parecían un sueño surrealista. Cuanto más tiempo pasaba con Jeffry, más cariño le tenía.

Ella respondió suavemente: «No tengo miedo». Su voz era un suave eco de obediencia.

Jeffry parecía satisfecho con la gentileza de Lydia. Le acarició la nuca y le preguntó en voz baja: "¿Te molesta la herida?".

Con una sonrisa tímida, Lydia negó con la cabeza y respondió suavemente: "No, está curado".

Su resiliencia era notable. Normalmente se recuperaba de las lesiones en cuestión de días.

Recientemente, el tiempo a solas había hecho evolucionar naturalmente su relación, especialmente después de su primer encuentro íntimo, lo que hacía difícil contener su recién descubierta pasión.

En la intimidad de su habitación, la ternura de Jeffry a menudo daba paso a una pasión más ferviente e intensa. Cada encuentro la dejaba sin aliento, profundamente satisfecha en su abrazo.

Justo anoche, Lydia había tomado la iniciativa, guiando a Jeffry apasionadamente en el sofá. Esta posición le permitió profundizar en la intimidad.

Repetidas veces, intensas olas de placer la habían abrumado, con Jeffry siguiendo de cerca su ejemplo.

En esos momentos finales, Lydia había mirado a Jeffry (su habitual indiferencia fría reemplazada por un deseo ferviente, su mandíbula apretada, ojos intensos, venas pronunciadas en su cuello) y lo encontró irrestiblemente guapo y atractivo.

Al sucumbir a las intensas sensaciones, su corazón se derritió en la calidez de su abrazo. Instintivamente, se inclinó para besarlo. La acción tensó su herida.