La determinación de Theo no flaqueó. Wesley había sido una espina en su costado últimamente, y conquistar a Elena, el objeto de su afecto, parecía la represalia perfecta.

Karen había estado hablando de Elena sin parar, y no era solo Wesley quien la admiraba. Su abuelo también parecía estar extrañamente enamorado de ella. Ese viejo testarudo había excluido a su familia de su casa durante años, pero mostraba una peculiar preferencia por Elena.

Al principio, el interés de Theo por Elena había menguado tras su anterior rechazo, pero el encuentro casual de hoy reavivó su determinación. Conquistar a Elena podría tener múltiples propósitos: no solo irritaría a Wesley, sino que también podría cautivar a su abuelo lo suficiente como para recuperar su favor y darle la bienvenida de vuelta a casa. Era una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar.

Theo insistió en un acercamiento cordial, con un tono ligero y esperanzado. "¿Qué te apetece hacer? Podemos ir a otro sitio".

Al ver que no captaba la sutileza, Elena decidió ir directo al grano. "No perdamos tiempo. No me gustas, Theo".

Su respuesta fue un silencio atónito; sus palabras cortaron el aire con una agudeza innegable. Ya lo había frustrado antes, y esta vez no era diferente: lo irritó al instante.

La mandíbula de Theo se tensó, en una visible lucha por contener una dura respuesta mientras su frustración aumentaba.

A medida que la noche cubría la ciudad, las calles de Klathe se cubrieron de hojas secas, lo que anunciaba la llegada del otoño.

Elena llegó a casa y encontró a Jolie ocupada trasladando las flores del jardín a la seguridad de un invernadero.

Elena, curiosa, preguntó: "Mamá, ¿qué es todo esto?"

Jolie, sacudiéndose la tierra de las manos, se giró con una sonrisa. "¡Ah, has vuelto! Hemos tenido tormentas frecuentes, y estas delicadas flores no sobrevivirán al diluvio. Así que las voy a trasladar al invernadero donde estarán a salvo".

Elena lanzó una mirada hacia el cielo oscurecido, donde la luna estaba oculta tras un espeso velo de nubes, y ninguna estrella se atrevía a brillar.

La oscuridad opresiva parecía presionar, pesada con la amenaza de una tormenta inminente.

Volviéndose hacia Jolie, Elena preguntó: "¿Papá todavía está trabajando?"

Elena se había obligado a vomitar el vino que había bebido antes, dejándole la garganta reseca y enrojecida. El agua tibia que bebió le proporcionó un ligero y reconfortante alivio.

La respuesta de Jolie fue rápida y contundente: «Está encerrado en el estudio con Jeffry, enfrascado en una conversación».

Elena, reconociendo la información con un simple asentimiento, decidió no profundizar más.

Dentro del estudio, Alexander frunció el ceño severamente. Su tono coincidía con su mirada al abordar el tema en cuestión. "Últimamente hemos visto un estancamiento en varios proyectos. ¿Podría Keith estar detrás de este bloqueo?"

"Parece muy probable", respondió Jeffry, con el rostro ensombrecido y una chispa gélida en la mirada. "Graham Martin ni siquiera ha ascendido en la jerarquía, y su hijo ya está haciendo alarde de su influencia como si fuera el dueño del lugar".

Como líder experimentado del Grupo Harper, Alexander se había topado con todo tipo de personajes: algunos ávidos de riqueza, otros de influencia. Su voz transmitía el peso de la experiencia al plantear la pregunta crucial: "¿Puedes gestionar esta situación?".

Sin dudarlo, Jeffry respondió con un gesto de la cabeza: "Por supuesto".

"Bien", dijo Alexander con firmeza. "Tienes dos días para resolver esto".

Su intercambio siempre era directo, un rasgo que se transmitía en la familia.

Con la influencia de Graham alcanzando la cima, las cosas podrían complicarse. Este problema, aunque irritante, no era insalvable.