Wesley dio un paso al frente con cautela, con la voz fría como el hielo. "¿Siempre traigo mala suerte?"

A Theo se le revolvió el estómago de remordimiento. ¿Por qué siempre tenía tan mala suerte? Hacía mucho que no visitaba la casa de Gerald, y la única vez que apareció, se topó con Wesley y lo pillaron hablando mal de él.

Theo apretó los labios. Su desprecio por Wesley no era ningún secreto. Su plan para conquistar a la mujer que le interesaba era una retorcida venganza, pero nunca tuvo intención de llevarlo a cabo delante de Wesley. El aire estaba cargado de tensión. ¿Quién sabía cómo reaccionaría Wesley?

El pánico se apoderó de los pensamientos de Theo mientras tartamudeaba: «Yo... tú... Escúchame. ¡No es eso! Déjame explicarte...».

A Theo le faltaron las palabras y no se le ocurrió ninguna excusa plausible. Enderezó el cuello, preparándose para la inminente explosión de Wesley. Después de todo, Wesley tenía un detonante bien conocido: cualquier mención de su madre sin duda encendería su furia.

De niño, Theo se había burlado cruelmente de Wesley por no tener madre, y Wesley había respondido con tanta violencia que casi terminó en tragedia. Por eso, Wesley había llevado las cicatrices de la ira de su padre ese día.

Desde entonces, aunque Theo continuó presionando a Wesley, se mantuvo alejado de cualquier mención de la madre de Wesley.

A medida que el silencio se prolongaba, el esperado arrebato de Wesley no se produjo. Esto fue inusual, incluso inquietante.

La mirada de Theo se posó en Wesley, asombrado. El rostro de Wesley era indescifrable, su serenidad intacta, sin rastro alguno de la tormenta que Theo anticipaba.

Esto desconcertó a Theo; no tenía sentido. ¿Wesley no estaba enojado?

Wesley le dirigió a Theo una mirada fría, una orden silenciosa para que desapareciera.

Clavado en el sitio, Theo se quedó estupefacto. ¿De verdad Wesley iba a dejar pasar esto?

Wesley frunció el ceño, con la paciencia agotada. "¿Sigues sin irte? ¿Qué esperas?"

Theo volvió bruscamente a la realidad y, sin dudarlo, salió corriendo de la habitación.

Con Theo desaparecido, sólo Elena y Wesley quedaron atrás en el absoluto silencio de la sala de estar.

Elena, con un asentimiento apenas perceptible, reconoció la presencia de Wesley. Estaba a punto de irse cuando la voz de Wesley la detuvo en seco. "¿Por qué me defendiste hace un momento?"

Elena había estado distante y fría últimamente, lo que llevó a Wesley a suponer que le tenía cierta antipatía. Sin embargo, inesperadamente, lo defendió en presencia de Theo.

La tensión que se había acumulado en Wesley durante los últimos días se disipó. Observó a Elena con una mirada serena e inquisitiva, como si intentara descifrar sus pensamientos.

El rostro de Elena era una máscara indescifrable. «Simplemente no soporto a la gente que se aprovecha de las vulnerabilidades de los demás», declaró rotundamente.

Sus palabras transmitían un mensaje subyacente: su defensa era una postura general contra la injusticia, no un acto de apoyo personal a Wesley.

Una sombra cubrió el rostro de Wesley al desvanecerse su fugaz sonrisa; la chispa de esperanza en su corazón se extinguió tan rápido como se había encendido. Así que, al final, ella no lo defendió.

Theo, convencido de haber evitado cualquier consecuencia, sintió una falsa sensación de seguridad.

Sin embargo, su alivio duró poco. En la reunión del día siguiente, Wesley, inesperadamente, lo puso en el centro de atención.

Theo, a pesar de ser parte de la influyente familia Spencer, se encontró marginado de la empresa, relegado a proyectos intrascendentes.