Alexander decidió quedarse en casa para cuidar a Jolie.
Elena se preparó para salir a buscar una invitación. Anteriormente, alguien le había ofrecido una, pero la había rechazado. Sin invitación, entrar sería imposible.
Justo cuando Elena salió, apareció Wesley. Ella arqueó una ceja: "¿Qué haces aquí?"
Wesley bajó la ventanilla del coche y le entregó un sobre. «Pensé que podrías necesitar esto. Considéralo un favor».
Elena se quedó en silencio asombrada. ¿Cómo se enteró Wesley de sus planes de asistir a ese banquete?
Con una sonrisa cómplice, Wesley dijo: «El negocio de la familia Harper no permanece oculto por mucho tiempo. Para confrontar a Keith eficazmente, este evento es su mejor oportunidad».
Elena no pudo evitar reconocer la aguda perspicacia de Wesley. Wesley añadió con seguridad: «Te recogeré mañana por la noche».
Elena miró la invitación que sostenía y respondió suavemente: "Está bien".
Era medianoche en una finca apartada.
Esta finca, definida por su sobria elegancia, se encontraba en un espacio privado. Sus amplios terrenos contaban con un campo de golf, un viñedo y establos para caballos.
Entrar a la propiedad fue como entrar en otro mundo. En el interior, una majestuosa lámpara de araña adornada con cientos de diamantes proyectaba una luz brillante sobre el salón de banquetes.
La sala estaba llena de magnates empresariales, habitualmente reservados, que ahora se codeaban animadamente. Varias figuras públicas, conocidas de la televisión, también estaban presentes.
Un elegante Maybach negro se deslizó hacia el frente.
La puerta del coche se abrió de golpe y apareció Wesley, vestido con un traje negro a medida. Se quedó de pie junto a la puerta, metiendo la mano.
Una mano delicada y grácil se encontró con la suya.
Elena, vestida con un elegante vestido negro, apareció junto a Wesley; su presencia evocaba el aura de la pareja estrella de una película taquillera. Uno irradiaba encanto y aplomo, el otro, sofisticación y dignidad.
Juntos se acercaron a la entrada, presentando su invitación a la seguridad.
Los guardias se tomaron un momento para admirarlos, impresionados por su distinguida apariencia. Su notable apariencia los hacía imposibles de ignorar.
El guardia hizo una pequeña reverencia. "Por favor, pase."
Cuando Wesley y Elena entraron, instantáneamente se convirtieron en objeto de murmullos y miradas discretas.
El banquete atrajo a magnates empresariales y a sus familias, quienes aprovecharon estas reuniones para forjar y reforzar alianzas estratégicas.
Entre los asistentes había numerosas mujeres jóvenes, todas ellas navegando por el intrincado panorama social.
Entre los asistentes destacó especialmente Stella Russell, hija del alcalde Liam Russell.
Los ojos de Stella se iluminaron tan pronto como vio a Wesley, pero su expresión rápidamente cambió a una de tristeza cuando notó que estaba acompañado por una compañera femenina.