Félix se preguntó cuánto tiempo más pasaría antes de que Elena reconociera los verdaderos sentimientos de Wesley y hiciera oficial su relación.

Más tarde esa noche, Wesley le extendió una invitación a Elena para que lo acompañara a cenar.

La cena tuvo lugar en la casa privada de Wesley.

Cenaron a la luz de las velas en un ambiente sereno. Wesley cortó el filete con movimientos precisos y pausados ​​y luego le presentó el plato a Elena, colocando cada pieza con esmero.

Elena observó sus finos y hábiles dedos mientras servía el vino. Incluso este simple gesto resultaba hipnótico cuando lo realizaba él.

Levantando su copa, con la mirada profunda y tranquila, sugirió: "Celebremos".

Elena lo miró a los ojos, perpleja. "¿Celebrar qué?"

Con una sonrisa, Wesley respondió: "El escape de todos esos problemas".

De hecho, valía la pena celebrarlo. Elena golpeó suavemente su copa contra la de él.

Un silencio reconfortante los envolvió. Mientras Elena comenzaba a comer, Wesley la observó una vez más. Al notar un toque de salsa en la comisura de su boca, se inclinó y la besó.

Fue un beso fugaz.

Sorprendida, Elena se detuvo un momento antes de levantar la vista. Wesley ya se había recostado en su silla, con aire despreocupado mientras observaba su reacción.

Al perder la voz, Elena no pudo hacer nada más que mirarlo en un silencio desconcertado.

Con su típico estado de calma, Wesley explicó: "Había algo en tus labios".

Elena respondió: «Podrías haberlo mencionado». Se preguntó por qué había elegido un beso en lugar de una simple frase.

Wesley sonrió aún más, disfrutando tranquilamente de su vino. "No es para tanto. No le demos vueltas a esto".

La intensidad de su mirada provocó que un cálido rubor recorriera las mejillas de Elena. Sus ojos brillaban con un misterio juguetón que la dejó aturdida.

Mientras bajaba tímidamente la mirada y tomaba su copa, sólo al probarla reconoció que el vino era tinto.

Tal vez fue la velada encantadora, pero Wesley parecía irrestiblemente encantador esa noche; su mirada parecía atravesarla, amenazando con capturar su esencia.

Una suave melodía llenó la amplia habitación.

Wesley se acercó a ella, se inclinó levemente y le ofreció la mano con gracia. "Señorita Harper, ¿me concede este baile?"

Un brillo iluminó sus ojos habitualmente reservados, y su sonrisa insinuó una calidez poco común.

Su traje, confeccionado de manera impecable, dejaba ver sus fuertes hombros y su esbelta cintura, con el botón superior desabrochado, transmitiendo un aire de gran confianza.

Cuando Elena extendió su mano, Wesley la estrechó con seguridad.