Los demás, como Webster, asumieron que estaba fanfarroneando. Veteranos en el desarrollo de armas, comprendían la enorme complejidad de su afirmación. Nadie creía realmente que pudiera lograrlo.

"Esto no tiene sentido. Nadie puede construir algo tan avanzado en tres días".

"Ella está tratando esto como una especie de demostración científica escolar".

"Ese tipo de programa, si funciona, podría cambiar el poder militar global y convertir a Houis en una fuerza dominante".

Algunas personas se levantaron de sus asientos, listas para irse.

Elena permaneció imperturbable, su silencio más agudo que cualquier palabra. Sin dudarlo, abrió su portátil. Se sentó al escritorio, moviendo los dedos con una fluidez que no dejaba lugar a la pausa, como un borrón sobre el teclado.

Los que habían empezado a marcharse se detuvieron en seco, paralizados por lo que veían. La velocidad era casi sobrenatural. Entonces, sus ojos se posaron en la pantalla: una cascada de código, cada línea un laberinto de lógica compleja que pasaba velozmente.

El ceño fruncido de Webster se hizo más profundo, pero la duda todavía persistía en él.

Ellis no podía apartar la vista de la pantalla, atónito. Elena no solo estaba desarrollando el programa de reconocimiento y contrarrastreo automatizado. Estaba superando los límites de lo imaginable.

Ellis se ajustó las gafas y se inclinó; su sorpresa se intensificaba con cada segundo que pasaba.

A su alrededor, las mentes más brillantes del instituto lo observaban en un silencio atónito. ¿Quién era ella? ¿Cómo podía alguien poseer tal brillantez?

Elena completó el comando presionando firmemente Enter. La pantalla parpadeó y el programa cobró vida.

Se escuchó un grito ahogado en la habitación. "¡Funciona!"

"¡El problema que nos ha tenido desconcertados durante años, resuelto en una sola sesión!"

"Es difícil creer que estemos presenciando un avance que podría transformar la defensa moderna".

"¿Quién es ella? ¡Qué genio!"

Mientras el programa funcionaba sin problemas, Webster se quedó paralizado en el sitio, con expresión tormentosa y rígida.

Elena lo había logrado. ¿Cómo podía ser real?

Una vez que el programa completó su ejecución inicial, alguien rápidamente se dio cuenta de un detalle inesperado.

"¡Espera, este no es el sistema automatizado de reconocimiento y contra-seguimiento!"

Para ser más precisos, no era simplemente un sistema de reconocimiento y contra-rastreo: era algo mucho más avanzado, en un nivel completamente diferente.

Uno de los investigadores miró a Elena, su rostro se iluminó con admiración, sus ojos brillaban como si acabara de presenciar un milagro.

Hace apenas unos segundos, Webster se sentía abrumado por la derrota, pero al oír el comentario, volvió a concentrarse. ¿Acaso no era un sistema de reconocimiento y contraseguimiento? ¡Eso significaba que Elena no había escrito lo que le habían asignado!

Un destello de desafío regresó a los ojos de Webster. "Elena, ¿de verdad esperas que caiga en este desastre que has improvisado? ¡Este no es el sistema automatizado de reconocimiento y contrarrastreo! ¡Has fracasado estrepitosamente! ¡Tú eres quien debería renunciar!"