Ellis regresó a su apartamento y se dirigió directamente al baño. Bajó la cabeza mientras el agua helada corría por su cuerpo, lavando el sudor que aún se le pegaba a la piel. Al quitarse las gafas, dejó al descubierto un pecho y una espalda marcados por moretones y rasguños.
Actuó como si no los hubiera notado: se secó, se puso el pijama y salió del baño.
Su rostro permaneció tan sereno como siempre, con la misma compostura que siempre tenía. Sin embargo, las zapatillas en el pie equivocado lo delataban: una sutil prueba de que algo no andaba bien bajo la superficie.
Ellis cerró los ojos, pero los gemidos de Charlette aún lo atormentaban en la memoria. Los acontecimientos del día lo habían desorientado por completo. Aun así, no era de los que se arrepienten de algo.
Exactamente a las tres de la mañana, volvió a abrir los ojos, completamente despierto y con la mente despierta. Cogió su teléfono y llamó a Jeffry.
El timbre despertó a Jeffry de un profundo sueño. Por un instante, entrecerró los ojos al mirar la hora, pensando que se la había imaginado. Ellis era famoso por su estricto horario, siempre dormido antes de la medianoche sin excepción. Era la primera vez que recibía una llamada nocturna de Ellis. Debía ser algo importante.
Jeffry se incorporó de un salto y respondió al llamado de inmediato. "¿Qué pasa?"
Ellis respondió en un tono firme y sereno: "Jeffry, he decidido que quiero casarme. No puedo alejarme del laboratorio ahora mismo, así que necesito que me ayudes a organizar la propuesta".
"¿Qué?" Jeffry frunció el ceño, inseguro de haber oído bien. ¿Era realmente Ellis al teléfono, o Louis se había hecho con el suyo? Últimamente, Louis prácticamente se había mudado a la finca Johnson. Si Kiera no fuera demasiado joven, probablemente ya le habría propuesto matrimonio. ¿Pero Ellis? Era de los que se dedican a la investigación, apegados a su deber, con la lealtad a su país por encima de todo.
A Jeffry nunca se le había pasado por la cabeza que Ellis hablara de matrimonio. "¿De verdad estás seguro?", preguntó Jeffry con cautela.
Ellis no dudó. «Sí». Aunque sus palabras eran suaves, la convicción que las sostenía era innegable.
Como no fue una decisión improvisada, Jeffry no vio motivo para cuestionarla. "De acuerdo. Yo me encargo de todo".
"Te lo agradezco, Jeffry."
Justo cuando Ellis estaba a punto de terminar la llamada, la voz de Jeffry lo detuvo. "Ellis".
Ellis volvió a levantar el teléfono hasta su oído.
Jeffry bajó la mirada con expresión ilegible mientras preguntaba: "¿La amas?"
Siguió un largo silencio por parte de Ellis. ¿Era «amor» la palabra adecuada para describir lo que sentía por Charlette? No encontraba las palabras para explicarlo, pero lo sabía con certeza: ella era única. No importaba dónde estuviera —fuera del laboratorio, en la cafetería o simplemente al pasar junto a desconocidos—, sus ojos siempre se dirigían primero a ella.
Para Jeffry, ese silencio decía todo lo que no quería oír. Su voz adquirió un tono más serio. «No hagas nada de lo que te arrepientas».
Sin dudarlo, Ellis respondió: "No me arrepentiré".
Charlette no sabía que Ellis ya había decidido casarse con ella. En ese momento, estaba sentada en un bar, y un hombre se le acercó con interés. "Hola, guapa, ¿te invito a una copa?", preguntó con una sonrisa descarada.
Una chispa brilló en los ojos de Charlette mientras esbozaba una sonrisa burlona y relajada. "¿Por qué no?"
Ese simple gesto lo cautivó. Pero justo cuando se inclinó para ponerle la mano en la cintura, ella lo apartó con fuerza.
Cogido por sorpresa, el hombre se tambaleó hacia atrás, aturdido.
La sonrisa de Charlette no flaqueó, pero la luz de sus ojos se tornó gélida. "Vine aquí a beber, no a entretener a bichos raros. ¿Entiendes?"