—No se preocupe, Señor Antonio. Alí está bien. Alguien está velando por él. ¿Están esos dos cabr*nes todavía en el pueblo? Iré a matarlos ahora mismo —gruñó furioso Jaime.
—Cálmate, Jaime. Francis ya se ha ido, dejando a Betel solo en la aldea. ¿Puedes derrotarlo con tus capacidades actuales?
A Antonio le preocupaba que aquel hombre no fuera rival para Betel aunque hubiera regresado.
Cuando Jaime se enteró de que Francis se había marchado y Betel era el único que estaba allí, se sintió aún más confiado.
—No se preocupe, Señor Antonio. Haré pasar a Betel por un infierno delante de todos. ¿Dónde está ahora? ¡lléveme a él! —declaró con confianza.
Ante su confianza, Antonio hizo un gesto con la cabeza y condujo a Jaime hacia él.
En ese momento, Betel estaba comiendo, bebiendo y meneando la cabeza en calma.
—¡No hay más vino, viejo feo! ¡Date prisa y tráeme más!
Betel le gritó a Antonio que le llevara vino.
Apenas sonaron sus palabras, una figura se abalanzó sobre él y le disparó una palma.
Sobrio de inmediato, Betel se puso furioso.
—¡Maldita sea! ¡Cómo te atreves a acercarte en silencio a mí, humilde campesino!
Sacó su espada. En un santiamén, la luz brilló e impregnó toda la habitación.
Mientras innumerables rayos de luz destrozaban la habitación, Betel saltó antes de aterrizar a un lado.
En el momento en que distinguió a la persona que se le acercaba en silencio, se quedó atónito.
—¡Ah, eres tú, chico! ¡Por fin has vuelto!
El regocijo apareció en su rostro cuando supo que era Jaime quien había regresado.
Sin embargo, Jaime no dijo ni una palabra. La violencia que emanaba de él invadió todo el cielo de la Villa Roca.
Tras esto, el regocijo en el rostro de Betel se desvaneció. Frunciendo el ceño, preguntó:
—¿Qué clase de capacidades tienes, muchacho? ¿Cómo se han desarrollado tan rápido en tan sólo unos días? ¿O es que las tenías escondidas?
Sólo por el aura del hombre, Betel podía decir que sus capacidades habían mejorado bastante.
«Sólo han pasado un par de días. ¿Cómo pueden dispararse con tanta rapidez las capacidades de una persona? Si el aumento no se produjo en los últimos días, ¡debe haber mantenido sus capacidades en secreto en el pasado!».
—¡Hoy voy a vengar a los aldeanos de la Villa Roca y te voy a partir en mil pedazos! —enunció Jaime.
—¡Hmph! ¿Tú? Aunque hubieras ocultado tus capacidades, sigues siendo un humilde campesino. ¿Podrías enfrentarte a mí, un discípulo oficial de la Secta del Caldero Esmeralda? Hoy, ¡te mostraré el abismo que hay entre tú, un don nadie y un discípulo de una secta de renombre!
Cuando Betel terminó de decir eso, la espada que llevaba en la mano brilló con un fulgor deslumbrante mientras cargaba hacia el hombre.
Se movió tan rápido como un rayo, la energía desordenada de la espada salió disparada directo a la garganta de Jaime.
Jaime retrocedió rápido. Sin previo aviso, se detuvo y salió volando hacia atrás de la Villa Roca para aterrizar en el bosque de las afueras.
—¡Ya que has ido, nunca te permitiré escapar!
Suponiendo por error que el hombre quería largarse, Betel lo persiguió con una mueca de desprecio.
Por desgracia, Jaime no intentaba huir. Tampoco tenía planes de hacerlo. Tan solo no quería batallar en la Villa Roca, ya que todo el lugar se arruinaría cuando personas de su nivel de cultivo se batieran en duelo.
Todos en la Villa Roca observaban nerviosos, sintiendo aprensión por Jaime.
Ante Betel, que lo perseguía, Jaime golpeó un árbol que había a su lado.
El árbol se agitó y miles de hojas se desprendieron de sus ramas. Con un empujón de las palmas de las manos, las hojas silbaron hacia Betel como armas afiladas.
—¡Hmph! ¡Qué aficionado!
Betel resopló antes de blandir la espada en su mano y derribar las hojas, una tras otra.