Justo cuando Jaime y Yoel estaban a punto de irse, Perla salió con la cafetera.

—Señor Casas, por favor, tómese un café antes de irse. Siento lo que ha pasado hoy. No debería haberle tratado así —se disculpó Perla con expresión avergonzada.

Su disculpa confundió a Jaime. Aun así, sonrió despreocupadamente y la tranquilizó:

—No pasa nada. No me tomé el asunto a pecho.

—Señor Casas, ¿qué pasó? ¿Lo ha ofendido Perla? —Gaetano preguntó rápido.

—¡Oh, no! Todo está bien. —Jaime negó de inmediato con la cabeza.

Gaetano conocía bien el temperamento de Perla y estaba seguro de que debía de haberle hecho pasar un mal rato a Jaime. Por lo tanto, ordenó:

—¡Perla, sírvele al Señor Casas una taza de café!

Perla asintió e hizo lo que le decían. Acercándose a Jaime, le ofreció la taza.

—Señor Casas, no debería haberle menospreciado. Siento mi mala actitud de antes…

Perla parecía muy sincera, así que Jaime no tuvo más remedio que aceptar el café y tomárselo de un trago.

Después, Gaetano y sus superiores empezaron a tomar café y a charlar.

Muy pronto, la cafetera se acabó y Jaime se fue con Yoel.

Mirando la cafetera vacía, Perla no sabía si sentirse nerviosa o excitada.

—Perla, no deambules durante la Feria Alquimista de mañana. Quédate cerca de mí y aprende todo lo que puedas. En el futuro, cuando sea mayor, te cederé mi puesto de juez —le ordenó Gaetano.

—¡Entiendo! —Perla asintió.

Mientras tanto, Jaime y Yoel no se habían alejado demasiado cuando de repente sintió el caos en su campo de conciencia.

«Señor Casas, hay algo que daña su campo de conciencia…».

Justo entonces, sonó la voz de Frey.

Como Frey residía ahoracOM cai Foncirdada Jaimeren elmoorsantorenique el carnpo de conciencia dé este alaimo fuerà atacado; Frey sería el primero en detectarlo. primeiro em

Jaime frunció el ceão Vorn s0ri49( Pu YaLpara uvanensu Camppe derconciencia. Lo único que veía era una niebla gris a Jaime le cogtaba concentcar enargí mental. Conteúdo atualizadó primeiro

Todavía estaba intentando averiguar qué era aquello cuando un rayo dorado atravesó su campo de conciencia.

En un instante, la niebla gris se disipó y su campo de conciencia volvió a ser tan claro como el día.

Sólo después de comprobar que su campo de conciencia estaba bien, Jaime se sintió aliviado.

—Señor Casas, ¿qué ha pasado? —preguntó Yoel al ver la extraña expresión de Jaime.

Sacudiendo la cabeza, Jaime respondió:

—Oh, no es nada. Tal vez esté agotado por los últimos acontecimientos.

—Señor Casas, si no podemos encontrar una manera de desintoxicar el veneno, que así sea. Aceptaré mi destino. Por favor, no se preocupe demasiado.

Yoel se sintió muy culpable al pensar que Jaime estaba preocupado por el veneno que tenía en el cuerpo.

—Está bien. Definitivamente encontraré una cura para ti.

Jaime sonrió despreocupadamente antes de que ambos continuaran su camino.

Un momento después, sus rostros se llenaron de expresiones de asombro.

Podían sentir un aura aterradora que se acercaba a ellos, tan fuerte que los paralizaba.

Jaime frunció el ceño y su rostro se tornó sombrío. Unas llamas se encendieron en las palmas de sus manos.

A juzgar por el aura persert TRXCoM P80o16d la capacidad actual de Jaime; había forma de que pudiera mianearaf regién Ilegado.

Por eso, Jaime sacó el fuego demoníaco con antelación. En el momento en que las cosas se torcieran, haría su movimiento y huiría.

Justo entonces, un hombre de mediana edad que llevaba una capa y lucía un par de alas apareció frente a Jaime y Yoel.

—¿Halcón del Trueno?

La mirada de Yoel cambió cuando vio de quién se trataba.