Chapter 680:

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“Buen chico. Cuando seas grande, podrĂĄs jugar con Ă©l. Pero ahora es demasiado peligroso para ti,” dijo Emily mientras acariciaba el cabello de Adrian, sonriĂ©ndole con ternura.

Adrian hizo un puchero, se arreglĂł el cabello y se quedĂł en silencio.

Adrian acababa de descubrir que, sin importar quién fuera, incluso a Baby le gustaba desordenarse el cabello.

“TĂ­a, voy a hacer una llamada telefĂłnica,” dijo de repente Adrian, recordando a Baby. “No sĂ© quĂ© estarĂĄ haciendo ahora.”

Emily asintió, permitiéndole ir.

Adrian corriĂł rĂĄpidamente a su habitaciĂłn.

“¿QuĂ© haces, chico?” preguntĂł Adrian cuando Baby levantĂł el telĂ©fono.

“Estoy en mi habitación,” respondió Baby, con una nota de irritación en su voz.

“¿Por quĂ© no saliste a jugar?” Adrian recordĂł de repente al padre de Baby. No podĂ­a creer que despuĂ©s de todo, Baby fuera regañado por algo tan trivial.

“Bueno, saldrĂ© mĂĄs tarde,” dijo Baby. La familia Brook era muy diferente de la familia Kingston, y la relaciĂłn entre ambas familias era algo complicada. A Baby no le agradaban sus propios familiares, y menos durante el Año Nuevo, cuando todos se reunĂ­an.

Aunque la familia Brook había vivido en el extranjero durante mucho tiempo, los mayores de la familia insistieron en que todos regresaran para celebrar el Año Nuevo juntos.

“¿Estás bien?” preguntó Adrian, preocupado.

“Estoy bien. Te llamarĂ© mĂĄs tarde,” respondiĂł Baby, antes de escuchar un golpe en la puerta y colgar rĂĄpidamente el telĂ©fono.

Adrian no tuvo tiempo de decir nada mĂĄs. No pensĂł mucho en lo que habĂ­a pasado; conocĂ­a el carĂĄcter de Baby y sabĂ­a que nadie podrĂ­a provocarlo fĂĄcilmente.

MirĂł hacia afuera y vio los fuegos artificiales iluminando el cielo. Inmediatamente olvidĂł la llamada y corriĂł escaleras abajo.




“Es tan hermoso,” dijo Stella, apoyándose en los brazos de RK mientras miraba los fuegos artificiales por la ventana. Un suspiro natural escapó de sus labios.

“Mientras estĂ©s aquĂ­, todo se verĂĄ perfecto,” respondiĂł RK, sonriendo mientras abrazaba a Stella aĂșn mĂĄs fuerte.

“¿Quieres quedarte en la cama un rato?” RK le preguntó preocupado, ya que Stella se veía algo apática. No quería llevarla al hospital para un chequeo en ese momento, así que solo esperaba que se sintiera mejor al día siguiente.

“Estoy bien,” dijo Stella, negando con la cabeza. Si se quedaba dormida en ese momento, tendría dificultades para despertarse más tarde. Quería hacer la cuenta regresiva con RK.

“PensĂ© que esto serĂ­a solo una cena familiar. No esperaba que fuera tan animado,” dijo Stella, sonriendo mientras pensaba en lo que habĂ­a ocurrido hace un rato.

“Este año ha sido el mĂĄs ajetreado,” dijo RK, aunque no le gustaba el bullicio, ese dĂ­a sentĂ­a que era diferente.

“Hay tantos indios viviendo por aquí, y la animación continuará hasta la medianoche,” comentó RK. La mayoría de las personas que vivían cerca de ellos eran indios, y RK los conocía a casi todos.

“¿Por quĂ© hay tantos?” Stella preguntĂł, intrigada. Siempre habĂ­a sentido que no debĂ­a haber tantas personas de su naciĂłn aquĂ­.

“SĂ­, la familia Brook tambiĂ©n vive cerca. Toda su familia
”

“Se han mudado aquí,” RK continuó, dándose cuenta de que Stella solo sabía un poco sobre la familia Brook y decidió explicarle más sobre ellos.

“Sí,” recordó Stella, mencionando a Baby. Cada vez que hablaba, Baby usaba su idioma natal con mucha pasión.

RK no estaba seguro de por qué tantas familias de su generación anterior se habían mudado a ese lugar, y sinceramente, no le interesaba demasiado.

Stella mirĂł hacia abajo, donde Adrian jugaba alegremente con Ruben, y una sonrisa se dibujĂł en su rostro. La felicidad de Adrian era la mayor satisfacciĂłn para ella.

“¿Quieres bajar?” RK preguntó con una sonrisa. Pensó que si Stella no se quedaba dormida, tal vez se sentiría mejor si bajaba y se unía a todos.

RK ayudĂł a Stella a ponerse un abrigo y la llevĂł escaleras abajo.

“Cariño, papĂĄ, tĂș tambiĂ©n bajaste a jugar.” Adrian fue el primero en verlos, y corriĂł hacia ellos con entusiasmo.

“SĂ­,” Stella asintiĂł, acariciando la cabeza de Adrian con cariño.

Emily, que estaba sentada en el columpio, los observĂł con una sonrisa cĂĄlida. Cuando vio que Stella bajaba, le saludĂł con la mano.

Stella caminĂł hacia Emily, se sentĂł junto a ella en el columpio y la saludĂł.

“Estela,” Emily extendió la mano, tomando la de Stella y apoyando su cabeza en su hombro.

“En el futuro, tendrĂ© que llamarte cuñada. Te has aprovechado de mĂ­,” bromeĂł Stella, mirĂĄndola con una sonrisa.

“¿QuĂ© quieres decir con ‘aprovecharse’? ÂĄEres mĂĄs joven que yo! Es culpa de tu familia que RenĂ© no naciera primero,” respondiĂł Emily, levantando la cabeza y pellizcando suavemente la mejilla de Stella.

“Si RenĂ© y RubĂ©n salieran juntos, la gente seguramente pensarĂ­a que RenĂ© es el hermano mayor,” comentĂł Stella, mirando a RK con una mirada llena de amor.

“Eso es porque RubĂ©n es infantil, pero no puedes cambiar tu edad,” dijo Emily, riendo. Al principio, no creĂ­a que RubĂ©n fuera el hermano mayor de RenĂ©, pero pronto se dio cuenta de que RK era mucho mĂĄs maduro que RubĂ©n.

“SĂ­,” Stella no refutĂł las palabras de Emily. En realidad, no pensaba que RubĂ©n fuera tan ingenuo.

“¿Crees que tendrĂĄs un bebĂ© aquĂ­?” Emily preguntĂł, colocando su mano sobre el vientre de Stella mientras la observaba con curiosidad.

“¿QuiĂ©n sabe? Lo sabremos cuando vayamos a hacernos un chequeo mañana,” respondiĂł Stella, negando con la cabeza. “Si tuviera otro hijo, podrĂ­a acompañar a Adrian. Pero si no lo tuviera, tampoco estarĂ­a mal.”

El señor y la señora Kingston bajaron juntos.

Stella y Emily se levantaron del columpio y caminaron hacia ellos.

“Un minuto para el Año Nuevo,” dijo la señora Kingston, suspirando mientras pensaba en cĂłmo habĂ­an crecido RK y RubĂ©n.

“Cinco, cuatro, tres, dos, uno
 ÂĄFeliz Año Nuevo!” Toda la familia contĂł junta.

A medianoche, Rubén encendió los fuegos artificiales.

“¡Feliz Año Nuevo!”

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