Capítulo 10
Eran más de las diez de la noche, cuando Maria volvió a casa y encontró a Rodrigo sentado en el sofá del living. Le echó un vistazo rápido y, antes de que la empleada que iba a hablarle dijera algo, le guiño el ojo y comenzó a subir sigilosamente las escaleras
“¡Ven aca“. Dijo el hombre, apoyándose en el respaldo del sofá y sosteniendo un libro en la mano.
María se dio cuenta de que no tenía escapatoria, así que camino hacia él con indiferencia. “Tío, tú todavía no te has dormido?“.
Rodrigo la miró y le dijo: “No es de extrañar que estuvieras tan ansiosa por encontrar a un tutor, resulta que quieres salir y tener citas, ¿tienes novio?“.
“¡No!“, Maria negó con la cabeza rápidamente. “Solo fui de compras con mis amigos“.
“¿Tus amigos o tu novio?“, dijo Rodrigo en tono afirmativo.
Maria sabia que no podia seguir engañando a su astuto tio, así que se sentó en frente de él y confesó: “Si, tengo novio. Sé que nuestra familia es algo especial, pero ¿podrías no investigarlo y no vigilarnos? Solo quiero tener una relación normal. No te preocupes, él es muy bueno y nunca le he contado sobre nuestra situación familiar“. Rodrigo dejó el libro en la mesa, tomó un sorbo de té y luego dijo lentamente: “Tener una relación cuando estás en tercer año es normal. Puedo evitar investigar, pero debes ser consciente de tus limites. Tus padres no están en casa, así que tengo que cuidarte“.
María sonrió con alegría: “Gracias tio! ¡Eres el mejor!“.
“Deja de adularme y ve a dormir“. Rodrigo sonrió levemente, después de que Maria se fue, añadió: “Por cierto, Vicente ha aceptado a tu amiga. Dile que continúe viniendo la próxima semana“.
“¿De verdad?“, la sonrisa en el rostro de Maria se agrandó aún más. Sacó su teléfono celular mientras se dirigia hacia las escaleras. “Le diré de inmediato!“- Rodrigo escuchó a Maria llamar en el centro de las escaleras: “¿Cecilia, estás despierta?”
María le dijo a su amiga por teléfono: “Mi tio dice que eres una gran profesora y que está de acuerdo en que seas la tutora de Vicente. ¿Te gustaria darle clases los sábados y domingos por la mañana?“.
Sin darse cuenta frunció el ceño. ¿Cuándo había dicho que Cecilia era buena?
Maria ya se habia ido, su voz se desvanecía. Rodrigo decidió no discutir con una niña y siguió leyendo el libro en sus manos.
El lunes por la tarde, Cecilia y Brissa Badia fueron juntas a la clase. Cuando pasaron por el edificio de idiomas, un grupo de personas corrió hacia ellas. El chico en la delantera era alto y guapo, y sus ojos estaban fijos en Cecilia.
“Es Johan!“. Brissa estaba emocionada y tiró de la manga de Cecilia.
Cecilia miró las rosas en la mano de Johan y frunció el ceño inconscientemente. Quiso irse, pero Tiana y sus amigas la bloquearon, todas con caras poco amigables. Tiana estaba enamorada de Johan, y Johan estaba enamorado de Cecilia. Era un tema sabido en la Universidad de la Orilla.
En un instante, Johan llegó frente a ellas, su voz suave y atenta. “Cecilia, me gustas, ¿quieres ser mi novia?“.
Brissa estaba mucho más emocionada que Cecilia, instándole y haciendo señas para que aceptara.
Johan era guapo, venía de una familia adinerada y era presidente del consejo estudiantil. Era un chico sobresaliente que había estado enamorado de Cecilia firmemente. ¿Qué más queria ella?
La gente a su alrededor comenzó a animar, gritando. “¡Júntense! ¡Juntense!“.
Entre el bullicio, un hombre caminando por el pasillo del edificio de la oficina no pudo evitar echar un vistazo al ver la conmoción en el primer piso. Reconoció una figura familiar en medio de la multitud y disminuyó su velocidad.
Cecilia tomó una profunda respiración. Solia bloquear al mundo exterior, pero había trabajado duro en los últimos años para templarse y adaptarse. Sin embargo, el alboroto la estaba volviendo inquieta. Miró a Johan y le dijo seriamente: “No me gustas!”
La sonrisa en el rostro de Johan se volvió rigida, pero todavia no estaba dispuesto a renunciar. Pronto se graduaría y se estaba quedando sin tiempo.
Se arrodillo y le suplicó con determinación: “Cecilia, deja de bromear. ¡Sé que me quieres!“.
Creía que la única razón por la que Cecilia no había aceptado todavía era porque queria mantenerlo a raya.
“No te estoy bromeando, realmente no me gustas“, respondió Cecilia con indiferencia.
Johan la miró con insistencia, y el grupo de personas a su alrededor se quedó en silencio, sumiendo a todos en una situación incómoda.
Johan se puso de pie, decepcionado y enojado. Era su primer intento de confesarse en público, y no esperaba que Cecilia lo rechazara tan rápidamente. Intent calmarse y propuso: “Cecilia, si no te gusta tanta gente mirándote, podemos ir a un lugar más tranquilo para hablar“.
“Ya te lo dije claramente“. Cecilia no se dejó convencer, pensaba que, si no le gustaba alguien, deberia rechazarlo directamente; la indecisión y la ambigüedad sólo traerian problemas.
El rostro de Johan se fue oscureciendo poco a poco: “¿De verdad no te gusto?“.
“No me gustas!“. No había ninguna vacilación en el tono de su voz.
Las rosas que Johan tenía en la mano cayeron al suelo. Su rostro se volvió cada vez más pálido mientras miraba fijamente a Cecilia. De repente, se giró hacia Tiana:
Quieres estar conmigo?“.
Tiana, sorprendida, apretó los dientes y caminó rápidamente hacia él. Levantó la cabeza y preguntó a Johan: “¿A qué viene eso?“.
Johan siguió mirando a Cecilia mientras abrazaba a Tiana por los hombros y la besaba apasionadamente.
Hubo murmullos por todas partes.
Cecilia se aburrió y se fue sin decir palabra. Brissa la siguió al instante después de recuperarse de la conmoción.
“Cecilia!“. Johan gritó con todas sus fuerzas.
Cecilia se detuvo, pero no se dio la vuelta.
“Si das un paso más, te juro que te arrepentirás!“. Johan tenia los ojos rojos y miraba a Cecilia con furia.
Cecilia no se detuvo y siguió caminando sin mirar atrás.
Tiana, con el rostro pálido, empujó a Johan y gritó con la cabeza en alto: “¿Qué crees que soy?“.
Después de decir esto, lanzó una furiosa mirada a Cecilia y salió corriendo.
En el tercer piso Rodrigo observaba todo con las manos en los bolsillos y sin expresión alguna.
“Rodrigo El director González se acercó y sonrió
“Qué haces aqui parado? Vamos adentro, te prepararé una buena taza de café“.
Rodrigo miró a la chica que se marchaba y sonrió con elegancia: “Estaba un poco aburrido adentro, necesitaba tomar aire“.
“Te hice esperar porque tuve un asunto pendiente. Vamos a mi oficina a hablar“. El director González invitó cortesmente a Rodrigo a entrar en su oficina.
Johan se fue con rabia y tristeza, y los demás se dispersaron rápidamente.
Brissa miró con pesar la espalda de Johan y no pudo evitar reprochar a Cecilia: “¿En qué estabas pensando? Si no te fijas en Johan, ¿en quién te vas a fijar? Si el termina junto a Tiana, ¡te arrepentirás!”
Cecilia se mostró resignada: ‘De verdad no me gusta, tengo que aceptarlo aunque no me guste?“.
“¿Entonces quién te gusta?”
Cecilia dudo por un momento: Nadie!”
Brissa la miró de reojo. “Pensé que dirías que me quieres a mi“.
Cecilia la miró sorprendida. ¿Acaso cuando saliste de casa olvidaste algo?“.
Brissa arqueó una ceja, “¿Qué cosa?“.
“¡Tu cerebro!“.
Brissa reaccionó y trató de pellizcar el brazo de Cecilia: “Eso te pasa por burlarte de mi
Cecilia se rio y salió corriendo: “¡Deja de hacer drama! ¡Hoy tenemos clase con tu interès amoroso y ya casi llegamos tarde!“.