Capítulo 11
El profesor de francés era un francés, apuesto y refinado. A Brissa le gustaba hablar de él a menudo. En sus ojos, el profesor de francés era el principe azul perfecto, su amor platónico
Ambos fueron a clase y, al entrar al aula, varias personas miraron a Cecilia. Probablemente hayan visto o escuchado de lo que había sucedido en la planta baja del edificio de idiomas extranjeros hace un rato. Las miradas de la gente eran diferentes; algunos admiraban a Cecilia, mientras que otros la criticaban por ser altanera y no haber reconocido la buena oportunidad.
Cecilia tenia la cara como siempre. Ella y la otra chica encontraron un asiento, sacaron sus libros y lápices y se prepararon para la clase.
Una vez terminada la clase, Brissa se acercó al profesor con la excusa de hacer una pregunta. Cecilia se quedó en su asiento esperandola.
Después de diez minutos, Brissa seguía sin terminar de hablar, asi que Cecilia se levantó para ir al baño.
Mientras salia del baño para regresar al aula, Tiana y algunas chicas se dirigían hacia ella.
Con el rostro sombrio, Tiana miraba fijamente a Cecilia. Cuando Cecilia se acercó, Tiana bloqueo su camino y advirtió a Cecilia de una manera autoritaria: “¡Alejate de Johan!“.
Cecilia respondió con indiferencia: “Diselo a Johan, no a mi.
El rostro de Tiana cambió al instante: “Asi que tienes valor, ¿eh?“.
Habituada a comportarse de forma arrogante, Tiana aprovechó la situación para vengarse. Levantó su mano para dar una bofetada a Cecilia delante de todos, con la intención de recuperar la dignidad y orgullo de Johan.
Antes de que la mano de Tiana tocara a Cecilia, ella levantó su pie y lo empujó contra la pierna izquierda de Tiana.
¡La pierna de Tiana parecía haberse roto!
La cara perfecta y refinada de Cecilia siempre daba la impresión de que era fácil de acosar. Sin embargo, la forma en que ella resolvia los problemas también era directa y sin rodeos, nunca hablaba demasiado.
Una hora después, Cecilia estaba en la oficina del director. Tiana ya había sido llevada al hospital, y ahora Román Pérez, el padre de Tiana, estaba discutiendo acaloradamente con el director.
El asesor protegia a Cecilia y discutía con Román. Aunque había sido Tiana quien inició la pelea, la defensa de Cecilia fue legitima..
Con ira, Román señaló al asesor: “¿Por qué proteges a esa mocosa? Ella sedujo al novio de Tiana; claramente no es una buena persona, japuesto a que ustedes dos tienen algo que esconder!“.
La furia hizo que la cara del asesor se pusiera pálida: “¡No invente calumnias!“.
El director también frunció el ceño: “Sr. Pérez, esto no es de su incumbencia. Podemos denunciarlo por difamación“.
Aún más avergonzado y enfurecido, Román le dijo al director: “No me importan sus asuntos personales, pero le deben una explicación a Tiana. Si no expulsan a esta niña ¡quiero que me devuelvan los 10 millones de dólares que doné a la escuela!“.
La familia Pérez era adinerada. El año anterior, cuando la Universidad de la Orilla construyó la nueva biblioteca, Román había donado 10 millones de dólares.
“Le dejé 10 millones a la Universidad de la Orilla, y ahora me tratan asi por una estudiante pobre“, dijo Román con arrogancia.
“Nos gustaría pedirle al Sr. Pérez que nos conceda una prórroga“, dijo el director. Aunque el director era una persona educada, también tenia su propio orgullo.
“¡De ninguna manera! ¡Paguenme ahora!“, se mantuvo firme Román.
“Lo pagare“, dijo una voz grave y magnética desde detrás del sofá. Entonces, una figura alta y recta se levantó y dio un paso adelante.
El rostro desencajado y deforme de Román Pérez se congeló y miró al hombre estupefacto: “¿Sr. Navarrete?“.
Cecilia, que estaba parada detrás de ellos, de repente levantó la mirada.
Cuando estaban discutiendo, había una persona sentada en el sofá con la espalda hacia ellos, y nadie pudo ver su rostro.
Cecilia, que hasta ese momento había mantenido la calma, comenzó a sentirse insegura. No esperaba encontrarse con Rodrigo de nuevo en esta situación.
Y sus palabras, las había escuchado, todas.
Sin embargo, el rostro de Román ya no mostraba su fuerza de voluntad. Aunque en los últimos años, sus negocios habían ido viento en popa y su patrimonio ya valia más de mil millones, comparado con la familia Navarrete, él no era nada.
El director González avanzó y dijo en voz baja: “Rodrigo, no te metas en esto. Es un asunto entre la escuela y los padres de los estudiantes“.
El director tenia una relación con el padre de Rodrigo y lo había invitado a participar en las celebraciones del aniversario, por lo que no quería involucrarlo en estos
asuntos.
Román no se imaginaba que el director González y Rodrigo se conocian, así que cambio de actitud y con una sonrisa falsa dijo: “No sabia que el Sr. Navarrete estaba aquí, olvidese de lo dicho, era solo una broma“.
A Rodrigo no le importó lo que dijo, sacó su teléfono y llamó a su asistente para que transfiriera veinte millones a la escuela. Después de colgar, le dijo al director González “Devuelvele el dinero, con intereses incluidos“.
Román se puso pálido porque había ofendido a Rodrigo antes de tener la oportunidad de congraciarse con él.
El director González no insistió, el dinero llegó pronto y se lo transfirió a Román, quien se fue avergonzado y tratando de pensar cómo recuperar su reputación con Rodrigo El director y el consejero salieron juntos para despedir a Román, dejando a Cecilia y Rodrigo solos en la oficina.
Cecilia se sentia avergonzada, ella era la tutora de la familia Navarrete y la amiga de María, pero ahora, por pelearse, estaba alli y Rodrigo había tenido que pagar para solucionar el problema.
Queriendo hablar para disculparse, levantó la mirada hacia él y antes de que pudiera decir algo, Rodrigo la interrumpió: “No me tienes que dar las gracias, yo no lo hice por
Cecilia se sintió frustrada y molesta, ella ya habia experimentado la mordacidad de Rodrigo a pesar de que aún le afectaba.
Ella replicó friamente: “No iba a darte las gracias“.
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Rodrigo, más alto que ella, la preguntó mirándola desde arriba: “Por cómo pateaste a Tiana, ¿has practicado algún tipo de arte marcial?“.
Rodrigo vio el video de seguridad del pasillo y percibió que cuando Tiana atacó con movimientos rápidos y brutales, Cecilia no vaciló y pateó la pierna de Tiana, causandole una fractura
Cecilia respondió con calma: “Aprendi defensa personal cuando era pequeña“.
Rodrigo asintió. “No te preocupes, yo sé distinguir las cosas, no te despediré por esto“.