Capítulo 59

Minerva mostró uma sonrisa avergonzada y dijo, “Antes, cuando tenia problemas, siempre recibia consejos de tu abuela, así que, esta vez también quería preguntarla su opinión“.

Vicente dijo indiferentemente, “Entonces, ¿también vas a preguntar a mi abuela cuando te cases?”

Minerva se sonrojó y echó un vistazo a Rodrigo. “¡Por supuesto!”

Vicente suspiro, Te vas a arrepentir, mi abuela adora al vagabundo que vive cerca de nuestra casa. Probablemente te presentará a él.

Minerva, ‘

Cecilia contuvo la risa y tomó un bocado de ensalada.

Una sonrisa pasó por los ojos de Rodrigo, fingió estar enojado, “No hagas bromas así“.

Todos tenian diferentes expresiones en sus caras, pero la de Minerva era la más incómoda.

Después de un rato de silencio, Minerva volvió a hablar, esta vez sólo con Rodrigo. “Rodri, tengo un amigo que abrió un club nocturno, ya lo vi y está bastante bueno ¿Qué tal si vamos esta noche?*

Rodrigo comió sin levantar la vista, luego dijo despreocupado. “Ayer me acosté tarde, así que quiero descansar temprano hoy“.

Minerva preocupada preguntó, ¿Tuviste una reunión anoche?”

Rodrigo respondió como siempre, “No, fue otra cosa“.

Minerva entendió, “¿Viste un partido de fútbol, verdad?”

Rodrigo miró a Cecilia de reojo y respondió sin darle importancia, “Ahh, sí“.

1

Minerva le aconsejó con afán, “No te acuestes muy tarde, cuida de tu salud“.

Después de cenar, Cecilia siguió dando clases a Vicente.

Minerva, bajo el pretexto de visitar a los padres de la familia Navarrete, se quedó a cenar, pero como ya no tenía más razones para quedarse después de la comida, se fue a regañadientes.

Después de terminar las clases, Vicente le pidió a Cecilia que le enseñara a disparar, y jugaron un poco en el césped del patio.

-Rodrigo estaba sentado en el balcón del tercer piso, con el sol cayendo sobre él, haciéndolo sentir cómodo. No había dormido bien anoche y ahora estaba adormilado, apoyado en un sofá.

Escuchó risas en el patio y miró, viendo a Cecilia enseñándole a Vicente a disparar. Ella llevaba una sudadera y pantalones largos, con el viento despeinándole el cabello, pero su cuerpo se mantenía erguido.

Rodrigo la observó, pensativo.

Nunca pensó que tendría una pareja sexual.

Físicamente, rara vez sentía impulsos.

Cuando se casó con la familia Ortega, rechazó la idea desde lo más profundo de su corazón y nunca consideró tener una esposa a su lado.

Hasta esa noche, no creía que él y Cecilia tuvieran algo en común, después de todo, había una gran diferencia en edad y experiencia entre ellos.

Pero después de esa noche, todo parecía más natural.

No recopilaba muy bien las intenciones de Cecilia, y tampoco le importaba. Parecían pasajeros que tomaron el tren equivocado y eventualmente bajarían en la última parada y se separarían,

loy desapareciendo en sus respectivos mundos.

Cerró un rato los ojos, al volver a abrirlos ya había recuperado su calma habitual, sin volver a mirar a Cecilia disparando, se levantó y caminó hacia el estudio.