Capítulo 107
“No puedo aceptar esto, ¡no puedo!“, Reyna la miraba fijamente con los ojos llameantes. “¡Tus palabras suenan mejor que una canción bieCapítulo 106
Aitor se estrelló contra Poncho con toda su fuerza. El impacto fue tan fuerte que Poncho se contorsionó el rostro de dolor, se dobló y cayó de rodillas al suelo, tardando un buen rato en levantarse.
A pesar de que Aitor no chocó contra una columna, retrocedió varios pasos, mareado y desorientado, hasta que finalmente cayó al suelo y se desmayó, la vida en prisión durante tantos años había deteriorado su condición física.
“¡Papá!“, Zulema corrió hacia él. “Papá, por favor, despierta, no me asustes, ¡no puedo perderte!“.
Aitor abrió los ojos lentamente, sus labios temblaban intentando decir algo, pero al final no pudo emitir ningún sonido, ella estaba aterrorizada viéndolo.
“Señora, no, no, no se preocupe“. Poncho se levantó con dificultad: “El señor Velasco está bien, probablemente es solo una conmoción leve. Con descansar un par de días estará como nuevo“.
Fue entonces cuando Zulema pudo respirar aliviada: “Poncho, gracias, muchas gracias“. No sabía cómo expresarle su gratitud. Después de todo, él también le había salvado la vida a su padre.
“No hay de qué, señora. Lo importante es que él esté bien“.
Zulema se secó las lágrimas, dándose cuenta de que ya había llorado mucho sin sentirlo. Levantó la vista y vio a Roque, que desde el principio había estado de pie al lado, como un espectador, viendo todo el drama desplegarse. Él era elegante y distinguido, estando frente a él, ella se sentía como una payasa.
“Lleva a mi papá de vuelta“, le dijo ella. “Te lo prometo, iré a pedirle perdón a Reyna hasta que me perdone“.
Roque miró a Poncho: “¿Escuchaste? Hazlo“.
“Sí, Sr. Malavé“. Varios guardias levantaron a Aitor y lo llevaron de vuelta a la prisión. Mientras veía cómo el auto desaparecía de su vista, el corazón de Zulema se apretaba y no podía calmarse.
“Siempre tienes que sufrir antes de inclinar la cabeza, chocar contra la pared hasta sangrar“, dijo Roque con indiferencia. “¿Por qué te haces esto, Zulema?“.
Ella giró su cabeza para mirarlo y le respondió: “¿Por qué? ¿Acaso una persona bajo opresión nunca debe rebelarse, vivir como un títere, soportando todo sin protestar? Tal vez la resistencia no tenga resultado, pero sin resistencia, ¡definitivamente no habrá resultado! ¡Uno tiene que luchar por sí mismo!“.
Roque esbozó una sonrisa sarcástica: “Después de tantas veces, ¿qué has conseguido realmente? ¿Eh?“.
Ella mordió su labio con fuerza.
“Solo has conseguido más sufrimiento“, le dijo Roque. “Zulema, en verdad no estás mal“. Se dio vuelta y caminó hacia el Ferrari que estaba estacionado en el jardín: “Ahora sube al auto“.
En el Hospital.
En cuanto Reyna escuchó los pasos familiares fuera de la puerta, cambió su expresión de relajada a una de desorden y debilidad.
Pronto, Roque entró.
“Sr. Malavé“, Reyna se levantó lentamente de la cama, y al ver a Zulema detrás de él, se emocionó. “¿Por qué ella está aquí?“.
Esta última no dijo nada, pero Reyna apuntó hacia ella: “Sal de aquí, no quiero verte. ¡Zulema, tú eres la asesina de mi hijo, vas a recibir tu castigo! ¡Fuera!“.
Roque frunció ligeramente el ceño.
“St. Malavé, ahora tengo pesadillas todas las noches. Sueño con nuestro hijo, llorando y preguntándome por que no lo protegí. Cada vez que despierto, la almohada está empapada en lágrimas. Y cuando pienso que et hijo de Zulema está seguro en su vientre, me siento indignada, me siento tratada de manera injusta“. El llanto
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de Reyna llenó la habitación.
Zulema habló sin emoción: “Si, eres inocente, estás herida, y he venido a disculparme“.
Reyna se sorprendió. ¿Ah, en ese momento estaba dispuesta a disculparse? Al principio, ¡Zulema se negaba a arrodillarse! ¿Qué había cambiado? Se recuperó rápidamente de su sorpresa. Ah, ¿creia que ella aceptaría una disculpa tan fácilmente? ¡Imposible!
“No acepto tu disculpa“, le dijo Reyna. “Vete, Zulema, no quiero verte. ¡Llévate a tu bastardo y sal de aqui!“. Empezó a agarrar cualquier cosa a su alcance y se las lanzó. Todo empezó con almohadas y ropa, cosas de poca importancia, pero miró a su alrededor y agarró un vaso de vidrio de la mesita de noche.
“¡Zulema, deberías desaparecer, nunca quiero volver a verte!“. Lanzó el vaso con todas sus fuerzas.
Esta se hizo a un lado rápidamente, el vaso silbó al pasar junto a ella y se estrelló contra la pared, rompiéndose en mil pedazos. Cuando el vaso se hizo añicos, pequeños fragmentos volaron por el aire, cortando su mejilla, y una delgada línea de sangre comenzó a surgir lentamente, se tocó la cara y masculló, sintiendo un ligero dolor.
Pero Reyna no se detuvo, continuó lanzando cosas: “¡Devuélveme a mi hijo, te odio, te detesto!“. Qué mujer tan descontrolada.
Zulema no tenía ganas de discutir y se refugió detrás de Roque. Que siguiera lanzando y rompiendo cosas. Con la estatura de él, que superaba el metro ochenta, ella estaba completamente resguardada.
“¡Aaaah!“, Reyna gritaba furiosa al ver esa escena.
“Ya basta, acabas de perder tu bebé, necesitas cuidar de tu salud“, le dijo Roque. “Zulema sabe que se equivocó, ha venido a disculparse“.
“¿Disculparse? Mi padre la presionó y ni siquiera se dignó a arrodillarse. ¿Por qué de repente ha cambiado?“.
Zulema asomó la cabeza por detrás de Roque: “Porque tu hijo se ha ido y el mío sigue aquí. En consideración a Teso, no me cuesta pedir disculpas“.
“¡Tú, tú!“.
“Lo siento“, dijo Zulema. “Cuando me caí, tú quisiste ayudarme, y terminamos rodando por las escaleras juntas. Todo fue culpa mía, tú eres bondadosa, pura, inocente y siempre dispuesta a ayudar, no merecías sufrir así“.
“Eso no suena a una disculpa, ¡no hay un ápice de sinceridad!“.
“He explicado con detalle lo que pasó y donde estuvo mi error, ¿no es suficiente?“, le preguntó Zulema. “Cuando me caí, no pude controlar mi fuerza, ¿cómo iba a saber que intentarías ayudarme? Fue cuestión de segundos“.
Reyna apretó los dientes: “¡No tienes ni el más mínimo interés en disculparte!“.
“Estoy aquí frente a ti, ¿y eso no te parece sincero?“.
“¡Yo no lo siento así!“.
Zulema aclaró su garganta: “Lo siento, lo siento, Reyna, he fallado, en última instancia todo es mi culpa, tú eres inocente. Tú y Roque son tan jóvenes, una vez que te recuperes, podrán tener tres o cinco hijos más sin problema. Si quieres tener diez o incluso más, también está bien, muchos hijos, muchas bendiciones. En realidad, ahora no es el mejor momento para que estés embarazada, después de todo, aún no te has casado en la familia Malavé, sin un título oficial, y los rumores no son buenos. En fin, aún hay tiempo por delante, el lugar de Sra. Malavé tarde o temprano será tuyo. La gente grande no guarda rencor por ofensas pequeñas, así que no te rebajes a mi nivel“.
El rostro de Reyna se tornaba cada vez más sombrío, incluso Roque se contuvo al escucharla. Era una disculpa, si, ella había ido con toda la intención de disculparse. Pero no era una disculpa, algo en sus palabras sonaba extraño, incómodo, pero tampoco hubo nada concreto que criticar.
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n entonada!“.
Zulema ya se había lanzado a la aventura. Roque la chantajeaba con su padre, y ella no tenía otro remedio que ceder.
“¿Y qué quieres que haga?“, le preguntó Zulema, extendiendo los brazos en señal de exasperación. “¿Arrodillarme?“. Pues se arrodillaría, en esos momentos, la dignidad era lo de menos.
Una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro de Reyna: “Arrodillarse era la exigencia de antes, ahora, ¡ya no es tan simple!“.
Zulema frunció el ceño y la escuchó decir: “Una vida por otra vida. Zulema, solo si pierdes a tu niño, yo te perdonaré. ¡De otra manera, ni lo sueñes!“.
Esta, por instinto, se cubrió el vientre. ¡Eso era absolutamente imposible!
Sin embargo, la voz de Roque sonó ligera y distante: “Tiene sentido“.
¡Las alarmas sonaron en la mente de Zulema! Viendo que Roque estaba de su lado, Reyna se llenó de confianza: “Sr. Malavé, usted también piensa igual, ¿verdad? Nuestro niño no puede haberse ido en vano, y el que lleva Zulema es un bastardo. ¡Haz que aborte rápido para que acompañe a nuestro hijo!“, no podía contener su anticipación, deseando presenciar ese momento.
¡El Sr. Malavé nunca sabría que estaba matando a su propio hijo!
Zulema negó con la cabeza con firmeza: “No pueden hacerme esto, Reyna, tu niño fue un aborto espontáneo, ¿y ahora me pides que termine intencionalmente con el mío? ¡Eso es asesinato!“.
“¡Tu mataste a mi hijo!“.
“Fue un accidente. ¡Yo también caí por las escaleras!“.
Reyna bufó: “¡Fue antes de caer cuando intencionadamente me tomaste de la mano, arrastrándome contigo!“.
Zulema temblaba de ira. Esa mujer despreciable siempre tergiversaba la verdad, siempre buscando culpar a otros, de inmediato comenzó a retroceder hacia la puerta: “Reyna, jamás aceptaré tu forma de pedir disculpas“.
“Zulema, ese bastardo nunca debió existir“, la mirada de Roque se posó en su vientre. “Aprovecha esta oportunidad para deshacerte de él“.
Hacía tiempo que no lo soportaba, ese bastardo le recordaba constantemente que había otro hombre en el corazón de Zulema. ¡Por ese hombre, ella estaba dispuesta a tener hijos, a darlo todo! Estaba tan celoso que quería volverse loco.
Reyna inmediatamente estuvo de acuerdo: “¡Exacto, exacto!“.
“¡Imposible!“. La actitud de Zulema era inquebrantable.
El ambiente se tensó, listo para estallar, pero el melodioso sonido del teléfono rompió la tensa atmósfera.
Roque contestó: “¿Sí?”
“Sr. Malavé, el Departamento de Joyería tiene una reunión y no hemos podido contactar a la señora…“, la voz de Saúl se oía al otro lado. “¿Está con la señora?“.
“Si“.
“Se va a lanzar una nueva colección y la señora es la diseñadora principal, no puede faltar“.
Zulema se aferró a esa oportunidad como a un salvavidas: “¡Tengo que ir a la empresa! Joyería Malavillamor apenas está comenzando, ¡tengo mucho trabajo que hacer!“. Se dio la vuelta y salió corriendo.
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“¡Zulema, tú…!“, Reyna intentó salir de la cama para detenerla, pero recordó que supuestamente estaba en “reposo” y tuvo que volver a acostarse.
“Sr. Malavé“, ella comenzó a quejarse con voz dulce y lastimera. “Zulema no vino a disculparse, ¡solo vino a molestarme!“.
“Voy a resolver esto“, dijo Roque mientras se dirigía hacia la puerta, sin darle una segunda mirada.
“Sr. Malavé…
“Descansa bien“. Con eso, Roque ya había desaparecido.
Nunca antes Zulema había querido tanto volver a la compañía. El Departamento de Joyería la necesitaba, “Malavillamor” la necesitaba, ella era una mujer valiosa de la nueva era, ¡no como Reyna ni otras mujeres de su tipo!
Reuniones, discusiones de proyectos, el ajetreo impedía que Zulema pensara en esos problemas que là atormentaban. Cuando ella finalmente se detuvo para descansar del trabajo, ya era de noche, su estómago rugía de hambre.
Sania se acercó con una fiambrera en la mano: “Aquí tienes, sabía que habías dejado sin comer a mi ahijado
otra vez“.
“Sania, qué haría yo sin ti“, Zulema recibió la comida con alegría y comenzó a comer.
“¿Roque no te ha dado problemas? Si es así, tienes que decírmelo“.
“No, no, todo ha estado bastante tranquilo“.
Sania la observaba con atención: “Con la relación que tenemos, no deberías tener reparos en hablar, ¿eh?“.
“Ya, ya lo sé“. Aunque dijo eso, en realidad, no se atrevía a involucrar a Sania. Las amigas siempre pensaban la una en la otra. Sania quería ayudarla, pero ella también quería mantenerla al margen, para evitarle problemas. “¡Eh, están aquí!“. Eloy regresó a la joyería y al verlas, dijo con una cara misteriosa: “Vengan a mi oficina, tengo algo increíble para mostrarles, lo acabo de recibir“.
“¿Qué es?“, le preguntó Sania.
“Ya lo verás“.
En la oficina, Eloy abrió su maletín y sacó una caja de terciopelo rojo. Mientras la abría, les dijo: “Abran bien los ojos y no parpadeen, esto les va a deslumbrar“. Después de desenvolverlo cuidadosamente, finalmente, en el momento de la revelación, dijo con satisfacción: “¿Qué les parece? ¿Brilla o no brilla?“.
Sania estaba muda.
Zulema tampoco habló.
¡Eso era el anillo de compromiso de Reyna!
“Yo diseñé ese modelo“, carraspeó Zulema. “Pensé que era algo más“.
Sania frunció el ceño: “Ah, ya terminaron el anillo. Honestamente, es un poco ostentoso, todo brillante y lujoso, pero definitivamente es llamativo y reluciente, tiene esa onda de nuevo rico, se nota que hay dinero detrás“. Un anillo hecho con pilas de dinero, en su centro un diamante engastado, rodeado de un círculo de piedras preciosas rojas raras, incluso el soporte era de oro. No era lo suficientemente lujoso para resistir una mirada cercana, pero brillaba lo suficiente, eso era exactamente lo que Reyna quería.
“Acaba de llegar del extranjero“. Eloy respondió: “Como estaba cerca del aeropuerto, fui a recogerlo. Después tengo que dárselo a Rocky, es el anillo de compromiso que él va a darle a ya saben quién“. Sabía que Sania no soportaba a Reyna, por eso ni siquiera mencionó su nombre.
Sania hizo un gesto de desdén: “Cuando me case, no querré un anillo de este estilo. ¡Qué vulgar!“.
Zulema sonrio, tomó el anillo y lo examino detenidamente, era un anillo grande y llamativo, con un diamante central que relucia vivamente, de al menos diez quilates. Estaba hecho con gran detalle, dada su considerable
valor.
Al ver que esta seguía mirando el anillo, Sania le dio un codazo a Eloy: “Es tu culpa, ¿para que sacas eso para
presumir?“.
‘Solo pensé en compartirlo con ustedes lo antes posible“. Eloy, después de todo, era un hombre y no tenia la sensibilidad de una mujer.
De repente, Zulema preguntó: “¿Cuándo le vas a dar el anillo à Roque?“.
“Mañana, supongo. Hoy ya es tarde, ya se fue a casa“, respondió Eloy.
“¿Y cuando se lo dará él a Reyna?“.
‘Eso ni idea“.
Zulema lo mìró: “Sr. Baylon, ¿podria prestarme el anillo por un par de días?“.