Mientras eso pasaba, Sergio también le había informado a Sonia que Luciano se encontraba mal; aunque había tenido una discusión previa con su hijo, aun así, decidió revisarlo de manera personal, después de enterarse de su condición.

―Señora Fariña.

Cuando Catalina miró a Sonia caminando a través de la puerta, no logró evitar pensar en cómo el dúo de madre e hijo había peleado la última vez, por lo que dudó y se preguntó si debía dejarla subir las escaleras o no; fue evidente que Sonia no le prestó atención a su indecisión.

―¿Está Luciano en su habitación? ―preguntó y la otra asintió con la cabeza.

―No se siente bien y está descansando. ¿Qué tal si…? ―indagó, pero antes de poder terminar, Sonia interrumpió con poca paciencia.

―Mi hijo está enfermo; como su madre, por supuesto que quiero verlo.

Acto seguido, subió las escaleras y sin atreverse a detenerla, Catalina solo logró seguirla por detrás, con incomodidad; por otro lado, en la habitación, Luciano creó que Catalina había ido a revisarlo de nuevo, cuando escuchó que tocaron a su puerta.

―Pase ―respondió en voz baja y de pronto, se abrió la puerta y se pudo escuchar resonar la voz de su madre.

―Escuché del doctor Estévez que estás enfermo. ¿Cómo te sientes? ―interrogó, provocando que el hombre arrugara las cejas, al mismo tiempo que volteaba a verla; para ese entonces, Sonia ya había caminado hasta su cama, tomó una silla y se sentó con el cejo fruncido.

―El doctor Estévez piensa que es porque trabajaste de más; también mencionó que algo te molesta. ¿Es por Roxana? ¿Qué la hace merecedora de tu preocupación? En aquel entonces, esa mujer se fue sin decir una palabra, por seis años. ¿Siquiera tomó en cuenta tus sentimientos? ―cuestionó Sonia, mirándolo por completo desconcertada; Luciano, por su parte, no se molestó en discutir con su madre, por lo que emitió una respuesta simple.

―Estás analizando las cosas de más. Me siento un poco cansado, quiero tomar una siesta ―comentó y luego de decir eso, la ignoró y cerró los ojos, dejándole en claro a Sonia que estaba intentando evadir el tema y provocando así que el coraje brotara dentro de ella.

―No es que no me importe tu salud, ¡es solo que la causa de tu enfermedad es por completo inaceptable para mí! ―exclamó, así que Luciano volvió a abrir sus ojos para verla.

―Si tanto te importo, déjame descansar ―pidió. Sonia sintió la necesidad de desahogarse, pero suprimió la urgencia de hacerlo al ver lo enfermo que se miraba; después, ella lo miró fijo por unos segundos y se levantó sin denotar expresión alguna.

―Le diré a Abril que venga y te cuide, así que será mejor que no te deshagas de ella ―advirtió y acto seguido, se fue.

Carolina sintió una sensación de tensión e impotencia en el aire que compartía el dúo; no obstante, cuando miró que Sonia bajó las escaleras, todavía tenía que correr para alcanzarla y acompañarla a fuera y con respeto. Luego de ver que Sonia se había ido, se dio la vuelta para regresar y subir las escaleras; pensó en decir que, como Luciano no se sentía bien y Sonia había ido con el propósito de visitarlo, así el dúo tendría la oportunidad de reconciliarse; sin embargo, se tragó sus palabras al recordar que Sonia quería separar a Roxana y Luciano. Para cuando regresó de la habitación, Luciano ya estaba de pie, recargado contra la cabecera y trabajando, por lo que el corazón de Catalina se hundió.

―Señor Fariña, debería descansar por un rato ―aconsejó, a lo que el hombre levantó su mirada para verla.

―No es necesario; ya dormí por mucho tiempo y fue suficiente ―explicó. Al saber que no era capaz de hacerlo cambiar de opinión, Catalina se quedó en silencio; luego de un rato, ella recordó algo y habló de forma indecisa.

―La señora Fariña mencionó que le pediría a la señorita Pedrosa que viniera, cuando lo haga….

«¿Debería dejarla entrar o pedirle que se vaya?», pensó y Luciano sabía que la mujer estaba pensando, así que frunció el cejo por varios segundos y luego contestó.

―Deja que se quede.

«Está claro que a mi madre le molesta mi actitud; si no hago lo que quiere por un momento, me temo que irá a provocarle problemas a Roxana». Después de obtener una respuesta clara, Catalina suspiró de alivio y salió de la habitación.