«¿Qué pasa conmigo? Sabía que Luciano me usaba como su herramienta para competir contra Jael en los negocios. Su conquista previa fue pura conversación, pero, ¿por qué mi corazón se siente pesado cuando lo veo con otra mujer…?».

Roxana no tenía ni idea de cómo enfrentar esta versión de sí misma y, de repente, su teléfono comenzó a sonar, sacándola así de sus pensamientos y luego se fijó en la pantalla para descubrir que se trataba de Jael.

«Me pregunto por qué me llama tan tarde».

―Señor Dorante, ¿qué pasa? ―contestó y por el otro lado de la línea, sonó la voz gentil del hombre.

―¿Interrumpí su descanso?

―No, acabo de llegar a casa ―respondió, mordiéndose el labio, haciendo sentir a Jael aliviado y este cambió el tema.

―Escuché del doctor Galarza que las hierbas medicinales del Grupo Herbolaria también se quemaron en el incendio del instituto de investigación ―comentó, dejando a Roxana asombrada, pues no esperaba que Conrado le contara a Jael al respecto; sin esperar una respuesta, Jael continuó―. Hallé una manera de obtener más, así que se las enviaré mañana.

―Ya que se quemaron en nuestro instituto, nosotros encontraremos la forma de obtener más ―objetó ella de modo instintivo y frunciendo el cejo.

Al fin y al cabo, ese lote de hierbas medicinales iba a ser usado para un proyecto; por su parte, Jael encontró la manera de obtener el lote previo, pero terminó hecho cenizas, así que, por lógica, ellos deberían ser quienes se encarguen de pensar en la forma de obtener más hierbas en esta ocasión. Sin embargo, Jael no le tomó importancia y siguió hablando.

―Siempre y cuando el proyecto puede llevarse a cabo con éxito, no es nada más que un lote de hierbas medicinales; no se lo tome personal.

―Pero… ―insistió Roxana, sintiéndose culpable, pues Jael ya había gastado mucho dinero en el Grupo Herbolaria, por lo que era inapropiado para el Grupo Dorante que continuara haciendo eso. En el otro lado de la llamada, Jael podía escuchar la indecisión de Roxana y una sonrisa apareció en su cara.

―Desde el inicio, el Grupo Dorante dirigió este proyecto y ustedes solo son los investigadores, así que, lo correcto es que nuestro grupo se encargue de los costos; si se siente culpable al respecto, ¿qué le parece si me invita a comer?

Como el hombre había deletreado las cosas con mucha claridad, Roxana no tuvo razón para rechazarlo, hayan sido las hierbas medicinales que el Grupo Dorante proveerá de nuevo o la sugerencia de invitarle la comida a Jael.

―¿Cuándo está libre, señor Dorante? ―preguntó ella con franqueza, dejándolo sorprendido al no esperar que ella aceptara tan rápido, por lo que se quedó en silencio unos segundos antes de volver a sonreír.

―Estoy libre a cualquier hora ―dijo y ella asintió la cabeza para reflexionarlo.

―Ya que enviará las hierbas medicinales al instituto, ¿qué tal mañana? ―sugirió y Jael aceptó, sin dudarlo ni un segundo.

Ambos platicaron por un rato antes de terminar la llamada, después, se estaba haciendo tarde y Roxana recordó que tenía que trabajar al día siguiente, por lo que se calmó y salió de su estudio; en cuanto abrió la puerta, miró a Andrés y Bautista parados afuera, con las caras llenas de preocupación.