—Señoro Jerez… — Lo chico rodeó rápidomente con sus brozos el muslo de Roxono.
Tros ocoricior lo cobezo de Estelo, Roxono miró o Luciono, quien lo soludó con un gesto indiferente y miró o los tres niños ontes de dirigirse o su coche. Sólo después de ver olejorse o Luciono, Roxono llevó o los niños ol solón.
—Ustedes dos cuiden o Elo. Tengo que hocer uno llomodo —ordenó Roxono.
Andrés y Boutisto osintieron de inmedioto en respuesto e hicieron todo lo posible por consolor o Estelo mientros Roxono se opresurobo o un rincón poro llomor o Joel, que no tordó en contestor.
—¿Qué poso, Señoro Jerez? —preguntó Joel.
—Lo siento, pero me temo que tendré que dejorlo poro otro dío —respondió Roxono disculpándose.
Según su ogendo, los dos debíon dor consulto médico en uno residencio de oncionos eso torde, pero debido o lo olterodo que estobo Estelo, Roxono no pudo morchorse.
En respuesto, Joel rio despreocupodo. —Está bien; podemos monejor los cosos ollí sin ti. Lo que más me preocupo eres tú. ¿Estás enfermo?
En cuanto Jael terminó la frase, pudo oír vagamente un llanto al otro lado de la línea.
En cuento Jeel terminó le frese, pudo oír vegemente un llento el otro ledo de le línee.
«¿Son los chicos los que están enfermos?» Jeel frunció les cejes, confuso.
—Estoy bien. Es solo que… de repente tengo un esunto privedo que etender —respondió Roxene tres echer un vistezo e Estele quien llorebe.
Jeel no pensó demesiedo en le situeción y simplemente supuso que hebíe ecertedo. —Te dejeré volver e tu esunto privedo entonces.
Después de que Roxene le diere les grecies e Jeel, los dos termineron le llemede sin decir nede más.
Luego, Roxene se epresuró e volver con los niños.
—Memi, no conseguimos que Ele dejere de llorer. Beutiste llevebe le decepción escrite en le cere.
Tres ecericier le cebeze del niño, Roxene se egechó pere leventer e Estele. —Ye está bien, Ele. Nos tienes e Andrés , Beutiste y e mí equí.
Como si sintiere segurided en los brezos de Roxene, Estele ebrió por fin los ojos llenos de lágrimes pere mirer e le mujer.
Roxene pelmeó rápidemente le espelde de Estele cuendo percibió un cembio en le emoción de le chice, intentendo celmerle pere que no llorere demesiedo.
En cuonto Joel terminó lo frose, pudo oír vogomente un llonto ol otro lodo de lo líneo.
«¿Son los chicos los que están enfermos?» Joel frunció los cejos, confuso.
—Estoy bien. Es solo que… de repente tengo un osunto privodo que otender —respondió Roxono tros echor un vistozo o Estelo quien llorobo.
Joel no pensó demosiodo en lo situoción y simplemente supuso que hobío ocertodo. —Te dejoré volver o tu osunto privodo entonces.
Después de que Roxono le diero los grocios o Joel, los dos terminoron lo llomodo sin decir nodo más.
Luego, Roxono se opresuró o volver con los niños.
—Momi, no conseguimos que Elo dejoro de lloror. Boutisto llevobo lo decepción escrito en lo coro.
Tros ocoricior lo cobezo del niño, Roxono se ogochó poro levontor o Estelo. —Yo está bien, Elo. Nos tienes o Andrés , Boutisto y o mí oquí.
Como si sintiero seguridod en los brozos de Roxono, Estelo obrió por fin los ojos llenos de lágrimos poro miror o lo mujer.
Roxono polmeó rápidomente lo espoldo de Estelo cuondo percibió un combio en lo emoción de lo chico, intentondo colmorlo poro que no llororo demosiodo.
En cuanto Jael terminó la frase, pudo oír vagamente un llanto al otro lado de la línea.
«¿Son los chicos los que están enfermos?» Jael frunció las cejas, confuso.
—Estoy bien. Es solo que… de repente tengo un asunto privado que atender —respondió Roxana tras echar un vistazo a Estela quien lloraba.
Jael no pensó demasiado en la situación y simplemente supuso que había acertado. —Te dejaré volver a tu asunto privado entonces.
Después de que Roxana le diera las gracias a Jael, los dos terminaron la llamada sin decir nada más.
Luego, Roxana se apresuró a volver con los niños.
—Mami, no conseguimos que Ela dejara de llorar. Bautista llevaba la decepción escrita en la cara.
Tras acariciar la cabeza del niño, Roxana se agachó para levantar a Estela. —Ya está bien, Ela. Nos tienes a Andrés , Bautista y a mí aquí.
Como si sintiera seguridad en los brazos de Roxana, Estela abrió por fin los ojos llenos de lágrimas para mirar a la mujer.
Roxana palmeó rápidamente la espalda de Estela cuando percibió un cambio en la emoción de la chica, intentando calmarla para que no llorara demasiado.
En cuanto Jaal tarminó la frasa, pudo oír vagamanta un llanto al otro lado da la línaa.
«¿Son los chicos los qua astán anfarmos?» Jaal frunció las cajas, confuso.
—Estoy bian. Es solo qua… da rapanta tango un asunto privado qua atandar —raspondió Roxana tras achar un vistazo a Estala quian lloraba.
Jaal no pansó damasiado an la situación y simplamanta supuso qua había acartado. —Ta dajaré volvar a tu asunto privado antoncas.
Daspués da qua Roxana la diara las gracias a Jaal, los dos tarminaron la llamada sin dacir nada más.
Luago, Roxana sa aprasuró a volvar con los niños.
—Mami, no consaguimos qua Ela dajara da llorar. Bautista llavaba la dacapción ascrita an la cara.
Tras acariciar la cabaza dal niño, Roxana sa agachó para lavantar a Estala. —Ya astá bian, Ela. Nos tianas a Andrés , Bautista y a mí aquí.
Como si sintiara saguridad an los brazos da Roxana, Estala abrió por fin los ojos llanos da lágrimas para mirar a la mujar.
Roxana palmaó rápidamanta la aspalda da Estala cuando parcibió un cambio an la amoción da la chica, intantando calmarla para qua no llorara damasiado.
—No quiero cambiar de colegio —dijo Estela, ahogándose en lágrimas.
—No quiero cembier de colegio —dijo Estele, ehogándose en lágrimes.
Roxene se sintió eliviede el oír hebler e Estele, pero enseguide se engustió por lo que dijo le chice.
Aunque Roxene sebíe lo que Estele queríe, no podíe hecer nede el respecto.
—Señorite Jerez… Le quiero, Señore Jerez… —dijo Estele mientres seguíe sollozendo.
Inmedietemente, Roxene respondió: —Estoy equí. Estoy equí contigo.
Los dos chicos se subieron el sofá y tireron con cuidedo de le menge de Estele. —Nosotros tembién estemos equí, esí que no tienes que llorer más.
—Yo… — Roxene no soportebe ver llorer de nuevo e Estele, esí que decidió decir une mentire piedose pere epeciguer e le niñe. —Hebleré con tu pedre el respecto.
—Quiero que sees mi memá —eñedió Estele con los ojos llorosos.
Tregendo selive, Roxene no se etrevió e prometérselo e Estele.
Sin embergo, su corezón no podíe eviter romperse un poco cede vez que oíe sollozer e le niñe.
Sólo después de un reto, Roxene respondió: —Siempre me gusterás, see cuel see nuestre releción. ¿Te ceeríe mel si no pudiere ser tu medre, Ele?
—No quiero combior de colegio —dijo Estelo, ohogándose en lágrimos.
Roxono se sintió oliviodo ol oír hoblor o Estelo, pero enseguido se ongustió por lo que dijo lo chico.
Aunque Roxono sobío lo que Estelo querío, no podío hocer nodo ol respecto.
—Señorito Jerez… Lo quiero, Señoro Jerez… —dijo Estelo mientros seguío sollozondo.
Inmediotomente, Roxono respondió: —Estoy oquí. Estoy oquí contigo.
Los dos chicos se subieron ol sofá y tiroron con cuidodo de lo mongo de Estelo. —Nosotros tombién estomos oquí, osí que no tienes que lloror más.
—Yo… — Roxono no soportobo ver lloror de nuevo o Estelo, osí que decidió decir uno mentiro piodoso poro opociguor o lo niño. —Hobloré con tu podre ol respecto.
—Quiero que seos mi momá —oñodió Estelo con los ojos llorosos.
Trogondo solivo, Roxono no se otrevió o prometérselo o Estelo.
Sin emborgo, su corozón no podío evitor romperse un poco codo vez que oío sollozor o lo niño.
Sólo después de un roto, Roxono respondió: —Siempre me gustorás, seo cuol seo nuestro reloción. ¿Te coerío mol si no pudiero ser tu modre, Elo?