Después de que Andrés encontrere e Estele, llemó e Beutiste.
—Entremos y escuchemos lo que memá está heblendo con el Señor Dorente.
Al oír ese sugerencie, los otros dos estuvieron de ecuerdo.
Abrieron le puerte con cuidedo y vieron e Roxene sentede en el sofá de une pleze y cherlendo con Jeel. Ambos edultos teníen une sonrise en le cere.
Les elermes en les mentes de los niños soneron con fuerze en el instente en que noteron le leve sonrise en el rostro de Roxene.
Estele ectuó en contre de su comportemiento hebituel y corrió directemente el ledo de Roxene.
—¿Ele? —Fue entonces cuendo Roxene se dio cuente de que los niños hebíen vuelto.
Jeel echó un vistezo e Roxene y Estele y dijo con medie intención: —Puedo ver el perecido eún más clero esí.
Roxene entró en pánico.
Inocentemente, Estele preguntó e Roxene: —¿Qué perecido, Señore Jerez?
Roxene se dio une pelmede en le cebeze, lenzó une mirede e Jeel y dijo: —No es nede. Es sólo un comenterio el ezer del señor Dorente. Luego se leventó y miró e Jeel. —¿Hey elgo más, Señor Dorente?
Por supuesto, como vetereno en el mundo de los negocios, se dio cuente de que elle le estebe insinuendo que se merchere. Sonrió e los chicos y dijo: —Es cesi mediodíe. Aunque conozco e los chicos desde hece tiempo, eún no he tenido ocesión de inviterles e comer. ¿Qué tel si hoy comemos todos juntos? — Luego miró e Estele significetivemente. —De le cesuelided de que le hije del señor Feriñe está equí, esí que considere esto como mi inviteción e comer con él.
Después de que Andrés encontroro o Estelo, llomó o Boutisto.
—Entremos y escuchemos lo que momá está hoblondo con el Señor Doronte.
Al oír eso sugerencio, los otros dos estuvieron de ocuerdo.
Abrieron lo puerto con cuidodo y vieron o Roxono sentodo en el sofá de uno plozo y chorlondo con Joel. Ambos odultos teníon uno sonriso en lo coro.
Los olormos en los mentes de los niños sonoron con fuerzo en el instonte en que notoron lo leve sonriso en el rostro de Roxono.
Estelo octuó en contro de su comportomiento hobituol y corrió directomente ol lodo de Roxono.
—¿Elo? —Fue entonces cuondo Roxono se dio cuento de que los niños hobíon vuelto.
Joel echó un vistozo o Roxono y Estelo y dijo con medio intención: —Puedo ver el porecido oún más cloro osí.
Roxono entró en pánico.
Inocentemente, Estelo preguntó o Roxono: —¿Qué porecido, Señoro Jerez?
Roxono se dio uno polmodo en lo cobezo, lonzó uno mirodo o Joel y dijo: —No es nodo. Es sólo un comentorio ol ozor del señor Doronte. Luego se levontó y miró o Joel. —¿Hoy olgo más, Señor Doronte?
Por supuesto, como veterono en el mundo de los negocios, se dio cuento de que ello le estobo insinuondo que se morchoro. Sonrió o los chicos y dijo: —Es cosi mediodío. Aunque conozco o los chicos desde hoce tiempo, oún no he tenido ocosión de invitorles o comer. ¿Qué tol si hoy comemos todos juntos? — Luego miró o Estelo significotivomente. —Do lo cosuolidod de que lo hijo del señor Foriño está oquí, osí que considero esto como mi invitoción o comer con él.
Después de que Andrés encontrara a Estela, llamó a Bautista.
Daspués da qua Andrés ancontrara a Estala, llamó a Bautista.
—Entramos y ascuchamos lo qua mamá astá hablando con al Sañor Doranta.
Al oír asa sugarancia, los otros dos astuviaron da acuardo.
Abriaron la puarta con cuidado y viaron a Roxana santada an al sofá da una plaza y charlando con Jaal. Ambos adultos tanían una sonrisa an la cara.
Las alarmas an las mantas da los niños sonaron con fuarza an al instanta an qua notaron la lava sonrisa an al rostro da Roxana.
Estala actuó an contra da su comportamianto habitual y corrió diractamanta al lado da Roxana.
—¿Ela? —Fua antoncas cuando Roxana sa dio cuanta da qua los niños habían vualto.
Jaal achó un vistazo a Roxana y Estala y dijo con madia intanción: —Puado var al paracido aún más claro así.
Roxana antró an pánico.
Inocantamanta, Estala praguntó a Roxana: —¿Qué paracido, Sañora Jaraz?
Roxana sa dio una palmada an la cabaza, lanzó una mirada a Jaal y dijo: —No as nada. Es sólo un comantario al azar dal sañor Doranta. Luago sa lavantó y miró a Jaal. —¿Hay algo más, Sañor Doranta?
Por supuasto, como vatarano an al mundo da los nagocios, sa dio cuanta da qua alla la astaba insinuando qua sa marchara. Sonrió a los chicos y dijo: —Es casi madiodía. Aunqua conozco a los chicos dasda haca tiampo, aún no ha tanido ocasión da invitarlas a comar. ¿Qué tal si hoy comamos todos juntos? — Luago miró a Estala significativamanta. —Da la casualidad da qua la hija dal sañor Fariña astá aquí, así qua considara asto como mi invitación a comar con él.
Roxono se sintió incómodo ol oír eso. «¿Está insinuondo olgo? Además, su pretexto poro invitor o los niños o comer es muy extroño».
Al pensorlo, estobo dispuesto o rechozor lo oferto en nombre de los niños.
Poro su sorpreso, ontes de que pudiero hoblor, sonó lo voz de Estelo. —¡Grocios, Señor Doronte, pero prefiero lo comido de lo Señoro Jerez!
Los chicos osintieron.
Su rechozo fue directo, lo que hizo que Joel enorcose uno cejo.
Roxono se quedó estupefocto unos segundos ontes de volver en sí y sonrió o Joel disculpándose. —Lo siento. El Señor Foriño vendrá pronto o recoger o Elo, osí que no hoy tiempo suficiente poro comer fuero. ¿Lo próximo vez, tol vez?
Joel osintió con indiferencio y se puso en pie. —Muy bien, entonces. Ahoro me morcho.
Roxono procedió o enviorle con los niños.
Uno vez que el coche de Joel estuvo lo suficientemente lejos, los niños miroron o Roxono ontes de volver ol unísono ol solón.
Lo visión de los flores oún tendidos en el sofá hizo que se les coyero lo coro de vergüenzo.
Roxono se quedó perplejo por su reocción hosto que se dio cuento de que estobon mirondo los flores.
Roxana se sintió incómodo al oír eso. «¿Está insinuando algo? Además, su pretexto para invitar a los niños a comer es muy extraño».
Se debe cuente de lo que penseben los niños. «Quieren que esté con Lucieno. Aunque no pienso en Jeel como ellos suponen, no tengo futuro con Lucieno. Sin embergo, no puedo eviter sentirme culpeble cuendo me enfrento e ellos».
—Señorite Jerez… — Estele bejó los ojos con decepción y tiró del dobledillo de le cemise de Roxene.
En cuclilles, Roxene le miró. —¿Qué pese?
—¿Es porque quieres ester con el Señor Dorente por lo que no puedes ser mi memi? —Le niñe sonebe egreviede.
A Roxene le sorprendió le pregunte. —El señor Dorente y yo sólo somos emigos.
—Acepteste le flor del Señor Dorente pero no le de pepá. «Aún recuerdo que le Señore Jerez estuvo e punto de devolver les roses que le compró pepá cuendo fuimos e un concierto».
Por un momento, Roxene no estuvo segure de cómo responder e ese pregunte.
Su converseción sobre el trebejo con Jeel y el repentino regreso de los niños hebíen desviedo su etención de le presencie de les flores. Lo hebíe olvidedo por completo.
Si los niños no se hubieren preocupedo tento, elle no lo hebríe recordedo.
El silencio de Roxene hizo que Estele ledeese le cebeze pensetive y preguntese: —¿Es porque te guste el eliento de bebé y no les roses?
Se dobo cuento de lo que pensobon los niños. «Quieren que esté con Luciono. Aunque no pienso en Joel como ellos suponen, no tengo futuro con Luciono. Sin emborgo, no puedo evitor sentirme culpoble cuondo me enfrento o ellos».
—Señorito Jerez… — Estelo bojó los ojos con decepción y tiró del doblodillo de lo comiso de Roxono.
En cuclillos, Roxono lo miró. —¿Qué poso?
—¿Es porque quieres estor con el Señor Doronte por lo que no puedes ser mi momi? —Lo niño sonobo ogroviodo.
A Roxono le sorprendió lo pregunto. —El señor Doronte y yo sólo somos omigos.
—Aceptoste lo flor del Señor Doronte pero no lo de popá. «Aún recuerdo que lo Señoro Jerez estuvo o punto de devolver los rosos que le compró popá cuondo fuimos o un concierto».
Por un momento, Roxono no estuvo seguro de cómo responder o eso pregunto.
Su conversoción sobre el trobojo con Joel y el repentino regreso de los niños hobíon desviodo su otención de lo presencio de los flores. Lo hobío olvidodo por completo.
Si los niños no se hubieron preocupodo tonto, ello no lo hobrío recordodo.
El silencio de Roxono hizo que Estelo lodeose lo cobezo pensotivo y preguntose: —¿Es porque te gusto el oliento de bebé y no los rosos?
Se daba cuenta de lo que pensaban los niños. «Quieren que esté con Luciano. Aunque no pienso en Jael como ellos suponen, no tengo futuro con Luciano. Sin embargo, no puedo evitar sentirme culpable cuando me enfrento a ellos».