Los niños habían sido mimados desde pequeños y nunca se habían sentido amenazados de aquella manera. Se asustaron mucho cuando Roxana los empujó al suelo sin razón y pareció que pensaba seguir dándoles una lección.

—S-Sí. Nos disculparemos… Una chica habló primero, como si estuviera a punto de llorar.

Inmediatamente después, el sonido de los niños disculpándose llenó el aire. Sólo entonces Roxana suspiró impotente y volvió a tomar a Estela en brazos. Nunca esperó Roxana semejante rencor de un grupo de niños, y mucho menos verlos confabularse para intimidar a los débiles.

Mientras tanto, Pamela, que acababa de consolar al niño que lloraba, se puso en pie, sólo para encontrar el otro lado sumido en un caos total.

—¿Qué ocurre? Señorita, ¿quién eres? Los padres no pueden entrar durante la clase —Pamela se acercó molesta y se interpuso entre Roxana y los niños.

En cuanto Pamela se dio cuenta de que Estela estaba en brazos de Roxana, se le encogió el corazón.

Después de todo, Estela era como una princesa de la clase a la que nunca se podía intimidar. Sin embargo, en ese momento la llevaba en brazos un desconocido.

«No puedo soportar las consecuencias si ocurre algo».

—Por favor, baja al niño. Soy la profesora de esta clase. Puedes hablar conmigo si te pasa algo —Pamela lanzó una mirada cautelosa a Roxana.

Roxana frunció el ceño, sintiéndose un poco disgustada con Pamela.

«Estela sufrió un acoso terrible, pero esta profesora no se dio cuenta de nada. Ahora sólo está aquí para mostrar su preocupación».

Al percibir la insatisfacción y el extraordinario temperamento de Roxana, Pamela sintió como si hubiera ofendido accidentalmente a un ser poderoso. Dijo con cuidado: —Eh… ¿Eres pariente de Ela?

Al oír aquello, Roxana se quedó helada y miró a Estela, que estaba en sus brazos. Estela estaba conmocionada por la ferocidad de Roxana de antes y no se había recuperado de ella. Se abrazó al brazo de Roxana y no dijo nada. Al ver aquello, Roxana volvió a desviar la mirada hacia los niños que tenía delante. Antes había confirmado tácitamente que era la madre de Estela. Era inapropiado que lo negara ahora.

Ante aquel pensamiento, Roxana decidió continuar con el acto. —Soy la madre de Ela.

Una mirada suspicaz apareció en el rostro de Pamela al oír aquellas palabras. Aun así, Roxana no dio a Pamela la oportunidad de expresar sus dudas delante de los niños. Dijo: —Me gustaría hablar contigo sobre lo que acaba de ocurrir. Hablemos fuera.

Pamela dudó unos segundos, pero aun así aceptó y pidió a la ayudante que vigilara a los niños antes de salir del aula con Roxana.

—Ela no tiene madre, así que ¿quién eres exactamente? —Pamela sabía que Roxana mentía. Estaba en alerta máxima. —La señora Pedrosa siempre ha sido la que ha dejado a Ela, y es la futura madrastra de Ela. ¿Quién demonios eres tú?

Roxana no esperaba que Pamela supiera tanto, así que no supo qué responder. Su silencio sólo hizo que Pamela sospechara más. Pamela miró inconscientemente a Estela, que estaba en brazos de Roxana, sólo para descubrir que la chica estaba pálida y al borde de las lágrimas por la conmoción que había experimentado antes.

No atreviéndose a demorar más la situación, Pamela advirtió: —Voy a llamar a la policía si no te explicas.

Sacó el teléfono, a punto de hacer la llamada.

Roxana frunció las cejas y se armó de valor para decir: —Soy la tía de Ela.

Pamela dejó inmediatamente lo que estaba haciendo y escrutó a Roxana.