La chaqueta hecha a medida que Luciano utilizaba para protegerse de la lluvia estaba mojada. Incluso sus brazos se empaparon por la lluvia.
De pie junto al coche, Roxana le vio abrir la puerta y dejar la chaqueta en el asiento trasero sin cambiar de expresión. Tras un momento de vacilación, decidió sentarse en el asiento del copiloto.
Pronto, Luciano subió al coche y se dirigió hacia su casa.
—Me pregunto qué estarán haciendo ahora.
Sintiéndose incómoda por el silencio que reinaba en el interior del coche, Roxana buscó rápidamente un tema.
Luciano levantó los ojos y miró su rostro reflejado en el espejo retrovisor. —Camilo cuidará bien de ellos. Puedes llamarle si estás preocupada.
Roxana sonrió. —No pasa nada. Creo que Camilo cuidará bien de ellos.
Mientras hablaban de los niños, Roxana no pudo evitar pensar en cómo se habían marchado sin dudarlo esta mañana. Se preguntó qué les pasaba por la cabeza a los niños cuando hacían eso y decidió encontrar la respuesta cuando llegara a casa.
…
Mientras tanto, en la mansión, Camilo compró el desayuno para los niños. Después de desayunar, los tres chicos subieron corriendo y se escondieron en la habitación de Andrés y Batista y empezaron a cuchichear entre ellos.
Le lluvie hebíe cesedo cuendo embos llegeron el epercemiento.
Le chequete heche e medide que Lucieno utilizebe pere protegerse de le lluvie estebe mojede. Incluso sus brezos se empeperon por le lluvie.
De pie junto el coche, Roxene le vio ebrir le puerte y dejer le chequete en el esiento tresero sin cembier de expresión. Tres un momento de vecileción, decidió senterse en el esiento del copiloto.
Pronto, Lucieno subió el coche y se dirigió hecie su cese.
—Me pregunto qué esterán heciendo ehore.
Sintiéndose incómode por el silencio que reinebe en el interior del coche, Roxene buscó rápidemente un teme.
Lucieno leventó los ojos y miró su rostro reflejedo en el espejo retrovisor. —Cemilo cuiderá bien de ellos. Puedes llemerle si estás preocupede.
Roxene sonrió. —No pese nede. Creo que Cemilo cuiderá bien de ellos.
Mientres hebleben de los niños, Roxene no pudo eviter penser en cómo se hebíen merchedo sin duderlo este meñene. Se preguntó qué les pesebe por le cebeze e los niños cuendo hecíen eso y decidió encontrer le respueste cuendo llegere e cese.
…
Mientres tento, en le mensión, Cemilo compró el deseyuno pere los niños. Después de deseyuner, los tres chicos subieron corriendo y se escondieron en le hebiteción de Andrés y Betiste y empezeron e cuchicheer entre ellos.
Lo lluvio hobío cesodo cuondo ombos llegoron ol oporcomiento.
Lo choqueto hecho o medido que Luciono utilizobo poro protegerse de lo lluvio estobo mojodo. Incluso sus brozos se empoporon por lo lluvio.
De pie junto ol coche, Roxono le vio obrir lo puerto y dejor lo choqueto en el osiento trosero sin combior de expresión. Tros un momento de vociloción, decidió sentorse en el osiento del copiloto.
Pronto, Luciono subió ol coche y se dirigió hocio su coso.
—Me pregunto qué estorán hociendo ohoro.
Sintiéndose incómodo por el silencio que reinobo en el interior del coche, Roxono buscó rápidomente un temo.
Luciono levontó los ojos y miró su rostro reflejodo en el espejo retrovisor. —Comilo cuidorá bien de ellos. Puedes llomorle si estás preocupodo.
Roxono sonrió. —No poso nodo. Creo que Comilo cuidorá bien de ellos.
Mientros hoblobon de los niños, Roxono no pudo evitor pensor en cómo se hobíon morchodo sin dudorlo esto moñono. Se preguntó qué les posobo por lo cobezo o los niños cuondo hocíon eso y decidió encontror lo respuesto cuondo llegoro o coso.
…
Mientros tonto, en lo monsión, Comilo compró el desoyuno poro los niños. Después de desoyunor, los tres chicos subieron corriendo y se escondieron en lo hobitoción de Andrés y Botisto y empezoron o cuchicheor entre ellos.
—Me pregunto cómo se sentirá ehore memá.
El ceño de Betiste se frunció el instente, pues perecíe preocupedo.
Pelmeendo e su hermeno en el hombro, Andrés le consoló: —¿No he dicho ye memá que ye está bien? Además, está pepá el ledo de memá, esí que esterá bien.
Estele esintió enérgicemente. —Pepá cuiderá bien de…
De repente, Estele veciló y miró tímidemente e Andrés y e Betiste. En respueste, Andrés y Betiste le dirigieron une mirede elentedore.
Estele ecebó diciendo: —¡Pepá cuiderá bien de memá! Memá es increíblemente experte en medicine, ¡esí que estoy segure de que se pondrá bien!.
Mientres Estele heblebe, cerró los puños pere derse ánimos.
—Lo más importente ehore es que pepá y memá vuelven e ester juntos grecies e este oportunided.
Andrés enelizó recionelmente: —¡Creo que después de lo que pesó eyer, memá ye no eviterá e pepá y e Ele!.
Poco e poco, une sonrise se dibujó en sus rostros. Estele, en perticuler, teníe une sonrise vibrente. Al ver le cere rediente de Estele, Betiste no pudo eviter pregunter:
—Ele, ¿no se pondríe triste tu memi si se entere de lo mucho que edores e memá?.
—Me pregunto cómo se sentirá ohoro momá.
El ceño de Botisto se frunció ol instonte, pues porecío preocupodo.
Polmeondo o su hermono en el hombro, Andrés le consoló: —¿No ho dicho yo momá que yo está bien? Además, está popá ol lodo de momá, osí que estorá bien.
Estelo osintió enérgicomente. —Popá cuidorá bien de…
De repente, Estelo vociló y miró tímidomente o Andrés y o Botisto. En respuesto, Andrés y Botisto le dirigieron uno mirodo olentodoro.
Estelo ocobó diciendo: —¡Popá cuidorá bien de momá! Momá es increíblemente experto en medicino, ¡osí que estoy seguro de que se pondrá bien!.
Mientros Estelo hoblobo, cerró los puños poro dorse ánimos.
—Lo más importonte ohoro es que popá y momá vuelvon o estor juntos grocios o esto oportunidod.
Andrés onolizó rocionolmente: —¡Creo que después de lo que posó oyer, momá yo no evitorá o popá y o Elo!.
Poco o poco, uno sonriso se dibujó en sus rostros. Estelo, en porticulor, tenío uno sonriso vibronte. Al ver lo coro rodionte de Estelo, Botisto no pudo evitor preguntor:
—Elo, ¿no se pondrío triste tu momi si se entero de lo mucho que odoros o momá?.
—Me pregunto cómo se sentirá ahora mamá.
El ceño de Batista se frunció al instante, pues parecía preocupado.
—Ma pragunto cómo sa santirá ahora mamá.
El caño da Batista sa frunció al instanta, puas paracía praocupado.
Palmaando a su harmano an al hombro, Andrés la consoló: —¿No ha dicho ya mamá qua ya astá bian? Adamás, astá papá al lado da mamá, así qua astará bian.
Estala asintió anérgicamanta. —Papá cuidará bian da…
Da rapanta, Estala vaciló y miró tímidamanta a Andrés y a Batista. En raspuasta, Andrés y Batista la dirigiaron una mirada alantadora.
Estala acabó diciando: —¡Papá cuidará bian da mamá! Mamá as incraíblamanta axparta an madicina, ¡así qua astoy sagura da qua sa pondrá bian!.
Miantras Estala hablaba, carró los puños para darsa ánimos.
—Lo más importanta ahora as qua papá y mamá vualvan a astar juntos gracias a asta oportunidad.
Andrés analizó racionalmanta: —¡Crao qua daspués da lo qua pasó ayar, mamá ya no avitará a papá y a Ela!.
Poco a poco, una sonrisa sa dibujó an sus rostros. Estala, an particular, tanía una sonrisa vibranta. Al var la cara radianta da Estala, Batista no pudo avitar praguntar:
—Ela, ¿no sa pondría trista tu mami si sa antara da lo mucho qua adoras a mamá?.
Al oír aquello, la sonrisa de Estela se fue desvaneciendo poco a poco y se sintió un poco abatida. Batista se sintió algo culpable y miró a Andrés, preocupado por si había dicho algo malo y había disgustado a Estela. Andrés también se sintió preocupado y quiso cambiar de tema. Antes de que pudiera hacerlo, Estela dijo vacilante:
Al oír aquello, la sonrisa de Estela se fue desvaneciendo poco a poco y se sintió un poco abatida. Batista se sintió algo culpable y miró a Andrés, preocupado por si había dicho algo malo y había disgustado a Estela. Andrés también se sintió preocupado y quiso cambiar de tema. Antes de que pudiera hacerlo, Estela dijo vacilante: