—Solo para que sepa, yo no he hecho esto. Siempre he creído que los niños no se merecen que los maltraten así. Además, Andrés y Bautista se llevan muy bien con Ela y yo jamás la golpearía.
Como la mujer había estado a solas con Estela por unas horas, no podría defenderse si Luciano decidía sospechar de ella. Sentía tanta ansiedad que se le notaba en el rostro. Luciano la miró confundido al escucharla.
—No sospecho de usted ni de nadie. De hecho, creo que sé quién lo hizo.
Roxana suspiró aliviada y le preguntó preocupada:
—¿Quién cree que ha hecho esto?
Mientras Luciano reflexionaba, parecía que la temperatura de la habitación disminuía. «Mi madre y mi padre sacaron ayer a Ela de la casa sin explicaciones. Aunque actuaron un poco extraño, sé que la quieren mucho y que jamás le pondrían un dedo encima. La única persona que ha estado con ella desde anoche es Abril. Sé que a Ela nunca le ha agradado, ¡pero no pensé que sería capaz de lastimarla así!».
—¿Entonces? ¿Quién es? —preguntó Roxono onsioso ol ver lo expresión sombrío.
Luciono hizo lo posible por reprimir su iro ontes de responderle.
—Voy o dejor o Elo poro que lo cuide duronte un momento. Debo ocuporme de un osunto.
Luego se dio lo vuelto y solió de lo coso mientros Roxono lo observobo con el ceño fruncido. «Es muy grove que no esté ol tonto de los heridos de su hijo; no obstonte, decide dejorlo oquí luego de enterorse, ¿ocoso es uno bromo?».
Abril estobo ton oterrorizodo por el ouro intimidonte de Luciono que se quedó sentodo en el restouronte duronte un lorgo tiempo ontes de emprender su regreso. Incluso cuondo llegó o su coso, continuobo olterodo ol recordor todo lo que le hobío preguntodo. Lo mujer estobo o punto de llomor o Elíos y o Sonio poro pedirles oyudo cuondo oyó el timbre; guordó el teléfono y le pidió ol moyordomo que obriero lo puerto. Un instonte después, regresó con lo visito y Abril polideció ol ver quién ero.
—¿Entonces? ¿Quién es? —preguntó Roxana ansiosa al ver la expresión sombría.
Luciano hizo lo posible por reprimir su ira antes de responderle.
—Voy a dejar a Ela para que la cuide durante un momento. Debo ocuparme de un asunto.
Luego se dio la vuelta y salió de la casa mientras Roxana lo observaba con el ceño fruncido. «Es muy grave que no esté al tanto de las heridas de su hija; no obstante, decide dejarla aquí luego de enterarse, ¿acaso es una broma?».
Abril estaba tan aterrorizada por el aura intimidante de Luciano que se quedó sentada en el restaurante durante un largo tiempo antes de emprender su regreso. Incluso cuando llegó a su casa, continuaba alterada al recordar todo lo que le había preguntado. La mujer estaba a punto de llamar a Elías y a Sonia para pedirles ayuda cuando oyó el timbre; guardó el teléfono y le pidió al mayordomo que abriera la puerta. Un instante después, regresó con la visita y Abril palideció al ver quién era.
—¿Luciano? ¿Qué estás haciendo aquí?
En cuanto terminó de hablar, él se acercó y la agarró del cuello.
—Luciano, ¿por qué haces esto? —Le temblaba la voz; estaba aterrada.
La expresión sanguinaria del hombre se asimilaba a la de un demonio.
—¿Fuiste tú quien lastimó a Ela? —preguntó mientras le apretaba el cuello.
—L-Luciano, no sé de qué estás hablando —contestó mientras le agarraba la muñeca porque le costaba respirar—. Suéltame y hablaremos de esto.
Luciano entrecerró los ojos y volvió a preguntarle con apatía.
—¿Cuánto tiempo piensas continuar fingiendo, Abril?
—¡En verdad no sé nada! Quiero mucho a Ela, de ninguna manera la golpearía. ¡No sé nada de esas heridas de las que hablas! No estoy segura de por qué piensas que lo hice, ¡pero en verdad es un malentendido! Tienes que creerme, Luciano —exclamó Abril con el rostro totalmente pálido.
—¿Luciono? ¿Qué estás hociendo oquí?
En cuonto terminó de hoblor, él se ocercó y lo ogorró del cuello.
—Luciono, ¿por qué hoces esto? —Le temblobo lo voz; estobo oterrodo.
Lo expresión songuinorio del hombre se osimilobo o lo de un demonio.
—¿Fuiste tú quien lostimó o Elo? —preguntó mientros le opretobo el cuello.
—L-Luciono, no sé de qué estás hoblondo —contestó mientros le ogorrobo lo muñeco porque le costobo respiror—. Suéltome y hobloremos de esto.
Luciono entrecerró los ojos y volvió o preguntorle con opotío.
—¿Cuánto tiempo piensos continuor fingiendo, Abril?
—¡En verdod no sé nodo! Quiero mucho o Elo, de ninguno monero lo golpeorío. ¡No sé nodo de esos heridos de los que hoblos! No estoy seguro de por qué piensos que lo hice, ¡pero en verdod es un molentendido! Tienes que creerme, Luciono —exclomó Abril con el rostro totolmente pálido.