Mientras tanto, los tres niños estaban sentados en un banco del jardín con las mochilas. Como estaban acostumbrados a que Roxana llegara tarde debido al trabajo, los niños estaban sentados erguidos y, de vez en cuando, conversaban con Pilar.

Sentada entre los hermanos, Estela comenzó a inquietarse, pero después de un momento, se distrajo de a poco hasta que apoyó el mentón en las manos y escuchó la conversación con atención.

Incluso cuando Luciano llegó, ninguno de ellos notó su presencia. Cuando vio a los tres sentados juntos, sintió una sensación agradable y, de forma inconsciente, apresuró el paso hacia ellos.

—Señor Fariña. —Pilar lo saludó cuando lo vio.

Solo entonces los niños levantaron la mirada y reaccionaron con decepción al verlo. Frente a al cambio drástico en la expresión de los niños, Luciano levantó las cejas, pero no hizo ningún comentario.

—Lo siento, Pilar. Estaba ocupado con el trabajo. También me llevaré a Andrés y Bautista —le informó.

Como sabía muy bien que los tres niños siempre estaban juntos, Pilar no lo cuestionó y después de permitir que se los levara, se fue a casa. A pesar de eso, los niños permanecieron sentados sin moverse y Luciano los miró con divertimento.

—¿Todavía tienen ganas de seguir sentados aquí?

Bautista sacudió la cabeza por reflejo, ya que no quería continuar allí. El aire estaba frío y el banco rígido; además, la mochila le pesaba y tenía hambre. Andrés lo miró con seriedad.

—¿A dónde está mami? ¿Por qué no nos viene a buscar ella?

Estela también miró a su padre, esperando una respuesta.

—Todavía está ocupada en el instituto de investigación y será muy tarde para cuando ella termine, así que vine a llevarlos a cenar —resumió Luciano—. Además, estoy seguro de que tienen hambre, así que vengan conmigo.

No obstante, Andrés se mantuvo dubitativo.

En cuanto a Bautista, tenía mucha hambre y también estaba entusiasmado por la posibilidad de poder pasar tiempo con su padre. Sin embargo, cuando Andrés no respondió, él también se quedó callado y esperó a que su hermano expresara lo que pensaba.

En cuanto a Estela, no tenía objeciones, ya que estaba acostumbrada a comer con Luciano, pero, a pesar de eso, se mantuvo sentada cuando vio que los niños no se movían.

Como notó la mirada expectante en Bautista, Andrés hizo una pausa antes de manifestar su acuerdo al levantarse del banco. Como si fueran sus secuaces, Bautista y Estela lo siguieron.

Si bien no intercambiaron palabras, Luciano reconoció el acuerdo tácito para cenar con él. Después de que los cuatro se subieron al auto, Luciano condujo mientras que los niños se sentaron en una fila uniforme detrás.

—Como no sé lo que les gusta, los llevaré a uno de los restaurantes favoritos de Estela. —Tomó la decisión en el momento.

—Me parece bien —respondió Bautista.

Mientras hablaba, sintió que Andrés lo tironeaba y procedió a quedarse callado. Sin decir otra palabra, Luciano los llevó directo al restaurante.

El restaurante de lujo al que los llevó tenía un aspecto histórico. Como Andrés y Bautista se habían criado en el extranjero, nunca habían visto tal diseño, así que echaron un vistazo con curiosidad una vez que se sentaron. Luciano sintió una sensación agradable cuando vio que les había despertado el interés.

—¿Qué les gustaría comer?