Al día siguiente, cuando Roxana se despertó, se dio cuenta de que eran casi las siete y media, así que se levantó de la cama, se aseó y, como no tenía tiempo para desayunar, se apresuró a llevar a los niños al jardín de infantes. Como Lisa solo se encargaba de ir a buscarlos, la tarea de Roxana era llevarlos de camino al trabajo.
Para evitar a Luciano, los últimos días había salido de su casa muy temprano; sin embargo, ese día no pudo despertarse antes porque había trabajado hasta tarde la noche anterior, por lo que pasó todo el viaje rezando para no encontrarse con él. No obstante, nada salió como ella quería, dado que, cuando bajó del auto, un Bentley con una matrícula que le resultaba familiar se detuvo detrás de ella. Un segundo después, Luciano bajó a Estela del vehículo.
Roxana no pudo evitar caminar rápido, quería llevar a los niños al interior del jardín de infantes lo antes posible y pasar desapercibida.
—¡Buenos días, señorita Jerez! —la saludó Pilar de forma amable.
Al oírla, Roxana se sorprendió y se detuvo en seco.
Mientras tanto, en cuanto Luciano bajó del auto, reconoció el Mercedes-Benz que estaba delante de él. Cuando miró en dirección al establecimiento, vio la figura de una mujer que llevaba a dos niños; era evidente que los tres tenían prisa. Por eso, era poco creíble que Roxana dijera que no trataba de evitarlo.
Mientras Estela permanecía de pie de la mano de su padre, tenía una expresión triste y miraba al suelo. «Parece que hoy tampoco veré a la señorita Jerez». Sin embargo, cuando escuchó las palabras de la maestra, se sorprendió y miró hacia la entrada del lugar.
—¡Señorita Jerez!
Ese día, a Luciano se le había ocurrido todo tipo de temas para sacarle conversación, pero bastó una mirada a Roxana para que Estela gritara de emoción. Mientras levantaba las cejas con curiosidad, el hombre soltó la mano de la niña y la dejó correr hacia la mujer, quien se quedó paralizada al oír la voz de Estela y se dio la vuelta. De repente, la niña inclinó la cabeza para mirarla y se abrazó a su muslo mientras que en sus ojos se veía reflejada su emoción.
—Hola, Ela. —Roxana se sintió conmovida al ver el rostro de la niña. Entonces, se agachó para acariciarle la cabeza.
Estela asintió con una sonrisa antes de preguntar:
—Señorita Jerez, ¿por qué no vino a buscar a Andrés y a Bautista al jardín? —Tras preguntar eso, levantó cuatro dedos y añadió de forma adorable—: Cuatro días. La extrañé.
Al oír eso, la mirada de Roxana pareció suavizarse mientras se esforzaba por encontrar una respuesta. Aunque ella sabía que Estela se pondría ansiosa si no la veía, también necesitaba evitar a Luciano, por lo tanto, no tuvo más remedio que hacerlo. No obstante, en cuanto vio lo disgustada que estaba la niña, se sintió culpable. Tras guardar silencio un momento, inventó una excusa.
—Yo también te extrañé. Últimamente estoy muy ocupada con el trabajo, así que no tengo tiempo de venir a buscarlos. No te preocupes. Pronto me verás todos los días cuando termine con mi proyecto. —Después de decir eso, desvió la mirada en señal de culpabilidad.
Sin embargo, Estela había tomado en serio su palabra y asintió con obediencia.
—¡La esperaré!
Roxana forzó una sonrisa.
—Buena niña. Vas a llegar tarde, así que deberías entrar con Andrés y Bautista. —Luego, no pudo evitar aconsejar a sus dos hijos—: Recuerden cuidarla bien.
Al ver la actitud de su madre hacia Estela, ambos niños se sintieron confundidos, por lo que dudaron un momento antes de asentir. En cuanto Roxana los vio entrar en el lugar, se levantó y saludó con la cabeza a Luciano, que estaba detrás de ella, a continuación, se dio la vuelta y se dispuso a marcharse, sin embargo, una gran mano la agarró de la muñeca luego de dar dos pasos.