—¿Ya comieron? —les preguntó preocupada mientras les acariciaba la cabeza.

Ellos asintieron de manera obediente y parpadearon de forma dulce hacia ella.

—Mami, la señorita García dijo que nos llevará a plantar árboles este fin de semana.

Roxana se quedó algo perpleja cuando le mencionaron el asunto, por lo que bajó la mirada y les sonrió a sus hijos.

—Sí, lo sé. —Dicho eso, fingió despreocupación e ingresó a la sala de estar.

Andrés y Bautista siguieron a su madre hasta el costado de la alfombra. Ella se agachó y jugó con las piezas de Lego parcialmente construidas mientras una mirada contrariada aparecía en su rostro. Reflexionó durante todo el viaje de regreso y, al final, llegó a la misma conclusión: podría encontrarse con Luciano o Abril si participaba de la actividad. Tanto tiempo devanándose los sesos, pensando en maneras de evitar a Luciano y a Abril, para que en el jardín de infantes decidieran organizar una actividad en donde debían participar juntos.

—Mami, ¿irás con nosotros? —Los niños la miraron expectantes.

Esa era la primera vez que hacían a una actividad grupal como esa y a Andrés y a Bautista les parecía bastante interesante la idea. Al ver sus miradas esperanzadas y resplandecientes, Roxana vaciló y no pudo atreverse a negárselos.

—Le pediré a la tía Magalí que los acompañe. ¿Les parece bien? —les dijo.

—Le pediré a la tía Magalí que los acompañe. ¿Les parece bien? —les dijo.

Esa fue la única manera que se le ocurrió. Al escuchar lo que dijo su madre, era evidente que Andrés y Bautista se sintieron algo decepcionados.

—¿No quieres ir con nosotros?

La mujer se sintió conmovida.

—No, no es eso. Es solo que… tengo que trabajar horas extras el fin de semana. Me temo que no tengo tiempo para acompañarlos.

Los pequeños la miraron fijo durante algo de tiempo. Roxana no sabía si se habían dado cuenta de que mentía y, al mirarlos a los ojos, se sintió culpable y arrepentida. Esa era la primera vez que los niños participaban de una actividad grupal que involucraba a los padres de los estudiantes desde que comenzaron la escuela, así que se suponía que el evento sería memorable e importante. Sin duda, Andrés y Bautista deseaban que Roxana pudiera acompañarlos, no obstante, no podía decirles que estaba evitando a Luciano y a Abril. A fin de cuentas, ese era un asunto de adultos.

—De acuerdo. —Un momento después, Andrés y Bautista asintieron decepcionados.

Roxana se sintió secretamente aliviada y sacó el teléfono para llamar a Magalí, quien contestó después de varios tonos.

—Roxana, ¿qué sucede? ¿Hay algún problema? —Magalí se escuchaba exhausta.

La otra mujer frunció el ceño y le preguntó preocupada:

—¿Sigues ocupada?

Magalí soltó un gran suspiro y dijo con debilidad:

—No quiero hablar de eso. Un paciente gravemente enfermo acaba de ingresar y requiere cuidados constantes durante todo el día. Dudo que tenga algo de tiempo libre este fin de semana.

Tras escucharla, Roxana se guardó las palabras que aún no había dicho para pedirle ayuda a su amiga.

—En ese caso, no te molesto más. Deberías priorizar a tu paciente. Todo está bien por aquí, es solo que los niños te extrañan.

La mujer sonrió.

—Está bien. Diles que iré a jugar con ellos otro día.

Intercambiaron un par de palabras más y, después, cortaron la llamada. Roxana levantó la mirada hacia sus hijos que estaban junto a ella y suspiró por lo bajo.

—La tía Magalí está ocupada, así que los acompañaré yo este fin de semana.

No podía prohibirles que se unieran a la actividad solo porque Luciano y Abril podrían estar allí. Andrés y Bautista intercambiaron miradas y, encantados, abrazaron a Roxana mientras aclamaban de manera afectuosa.

—¡Eres la mejor, mami!

La mujer sonrió sin decir una palabra. Se sintió abatida al pensar en el encuentro inevitable que tendría lugar el fin de semana.