Abril había comenzado a conspirar contra ella, pero Roxana no lo sabía ya que estaba demasiado ocupada con la investigación que tenía que hacer. Su ansiedad no era solo una excusa para enviar a Estela a casa. Si los niños no hubieran insistido en que se no fuera a trabajar un día debido a su muñeca lesionada, no se habría tomado un descanso de su trabajo de investigación.

A la mañana siguiente, Roxana se despertó temprano por una llamada de su compañera de equipo. Tras una breve conversación, se apresuró a ir al centro de investigación sin siquiera tener tiempo de desayunar.

Las fases inicial y final de un proyecto de investigación suelen ser las más duras. Al principio del proyecto, Roxana le había dedicado tanto tiempo que se pasaba días enteros en el centro de investigación. Como entonces se encontraban en la fase final del proyecto, volvía a estar atareada.

Conrado, quien continuaba ayudando a Roxana en el proyecto, se alarmó cuando vio la herida en la muñeca mientras realizaban un experimento.

—Doctora Jerez… Tu mano…

Roxana estaba tan absorta en su trabajo que se había olvidado de la herida; no fue hasta que miró en la misma dirección de Conrado que lo recordó y esbozó una sonrisa.

—No es nada grave; es solo un rasguño por una actividad en el jardín de infantes de mis hijos.

Conrado se alivió al oír que no era grave, pero, aun así, hizo la mayoría de las partes del experimento que pensaba que serían demasiado exigentes físicamente para Roxana mientras ella se mantenía al margen y le daba instrucciones verbales. Su dinámica de equipo era buena y continuaron realizando experimentos durante casi una semana hasta que por fin obtuvieron los resultados que deseaban.

Todo el grupo en el laboratorio estaba alterado y Roxana se alegró mucho de que obtuvieran los resultados que pretendían. Aunque ya ejercía por su cuenta cuando estaba en el extranjero, la mayoría de los proyectos en los que participaba estaban a cargo de su profesor. La mayor parte del tiempo no era más que una investigadora independiente más, pero, esa vez, la situación era distinta porque era la primera investigación que dirigía por su cuenta.

—¿Estás libre esta noche, doctora Jerez? —preguntó Conrado mientras sonreía de oreja a oreja y caminaba hacia ella en el centro de investigación.

La vacilación y la cautela que expresó Roxana al oír la pregunta provocaron que Conrado se riera a carcajadas.

—¿Por qué me miras así? Seguro que has olvidado que nos prometiste a todos a una comida de celebración si el experimento era exitoso. Todo el mundo está esperando que cumplas esa promesa —dijo en tono burlesco.

—Ah, está bien —contestó sonriendo—. Lo siento; lo había olvidado. Diles a todos que se reúnan en El Muelle esta noche a las ocho.

Conrado asintió y volvió a entrar al centro de investigación. No mucho después de que él ingresara, todos estaban muy alegres y emocionados. Para ellos, aquel era un día digno de celebración porque solo sucedieron cosas buenas. En primer lugar, habían logrado un gran avance al completar un proyecto tan formidable; segundo, Roxana había accedido a invitar a todos a un banquete para celebrar.

Cuando Roxana regresó a su oficina, le pidió a su ayudante que hiciera una reserva para una sala privada en El Muelle; luego, llamó a Magalí para pedirle que cuidara a Andrés y a Bautista esa noche.

La noche anterior, la mujer les había prometido a los dos niños que iría a buscarlos cuando terminara el proyecto; estaban eufóricos e incluso mencionaron a Estela al enterarse de la noticia. De repente, Roxana sintió culpa en cuanto se acordó de la niña ya que estaba segura de que sus hijos debían haberle informado a Estela de su regreso aquella noche. «Se le romperá el corazón ya que no iré a casa hoy».

—Por cierto, Maga, ayúdame a pedirle perdón a Estela si la ves esta noche. Dile que todavía tengo trabajo por hacer aquí —añadió Roxana cuando pensó en la niña.

Magalí no comprendía por qué Roxana quería disculparse, pero solo asintió sonriente y no indagó más sobre el tema.