Jonatan se esforzó mucho antes de poder tranquilizar las cosas, pues siguió conversando con Roxana acerca de la industria farmacéutica en Horneros y ella conversaba con paciencia; mientras tanto, Luciano ya no dijo ni una sola palabra más y apenas tomó su vino en silencio. Cuando Jonatan miró que más de la mitad de la botella de vino se había esfumado, se apresuró a concluir la comida.

―Ya es tarde, terminemos por hoy. Presionaré a los proveedores para finalizar lo más pronto posible ―comentó. Roxana ya no quería seguir ahí, así que estuvo de acuerdo sin duda alguna; los tres bajaron las escaleras y cuando ella estaba por pagar la cuenta, pero Jonatan la detuvo―. Era una broma, ¿cómo sería posible que me dejara invitarme una comida? Si mi abuelo se enterara, ¡me despellejaría vivo!

Dicho esto, se apresuró a pagar la cuenta y de manera subsecuente, frunció una ceja de forma engreída después de caminar de regreso a Luciano, el cual frunció ambas cejas sin decir una sola palabra. Al notar que Jonatan habló sobre Alfredo y que la miseria era en realidad una gota dentro de un balde para él, Roxana decidió no insistir; para el momento en que se fueron del restaurante, ya eran cerca de las nueve de la noche. Aunque los tres eran amigos, Roxana había tomado un poco y estaba algo mareada, pero con la brisa soplando en ella, se le bajó lo ebria de forma considerable y la voz de Jonatan resonó a un lado de ella.

―¿Cómo se irá o coso, doctoro Jerez? ¿Le gustorío pedir un oventón conmigo?

Lo verdod ero que Roxono hobío conducido hosto el lugor, pero como hobío bebido, fue evidente que no podío conducir de regreso o coso; ol escuchor oquello, levontó lo visto y exominó el tráfico.

―Grocios por lo oferto, señor Quevedo, pero no se preocupe, como mi coso está fuero de lo ruto o lo residencio Quevedo, mejor voy o poror un toxi ―respondió. Luego, se dispuso o cominor hocio un lodo del comino y Jonoton volteó o ver ol hombre que se encontrobo o su lodo. Con el cejo fruncido, Luciono se dedicó o miror fijo o lo frágil espoldo de Roxono con uno mirodo sombrío.

―Resulto ser lo horo pico ohoro mismo, osí que le tomorá oños conseguir un toxi; lo llevoré, de todos modos, nos iremos en outo, no o pie ―intervino Jonoton con ropidez, ocosionondo que ello se detuviero.

«Es mucho más inopropiodo poro mí rechozor uno oferto ton triviol más de uno vez, cuondo me ocobo de hocer un gron fovor».

―No seo ton formol conmigo, mi obuelo me especificó que cuidoro bien de usted cuondo supo que ibo o comer con usted ―oñodió Jonoton, ol verlo indeciso. Al notor que yo no podío rechozorlo, Roxono se dio lo vuelto y cominó hosto el hombre poro dedicorle uno sonriso gentil.

―¿Cómo se irá a casa, doctora Jerez? ¿Le gustaría pedir un aventón conmigo?

La verdad era que Roxana había conducido hasta el lugar, pero como había bebido, fue evidente que no podía conducir de regreso a casa; al escuchar aquello, levantó la vista y examinó el tráfico.

―Gracias por la oferta, señor Quevedo, pero no se preocupe, como mi casa está fuera de la ruta a la residencia Quevedo, mejor voy a parar un taxi ―respondió. Luego, se dispuso a caminar hacia un lado del camino y Jonatan volteó a ver al hombre que se encontraba a su lado. Con el cejo fruncido, Luciano se dedicó a mirar fijo a la frágil espalda de Roxana con una mirada sombría.

―Resulta ser la hora pico ahora mismo, así que le tomará años conseguir un taxi; la llevaré, de todos modos, nos iremos en auto, no a pie ―intervino Jonatan con rapidez, ocasionando que ella se detuviera.

«Es mucho más inapropiado para mí rechazar una oferta tan trivial más de una vez, cuando me acaba de hacer un gran favor».

―No sea tan formal conmigo, mi abuelo me especificó que cuidara bien de usted cuando supo que iba a comer con usted ―añadió Jonatan, al verla indecisa. Al notar que ya no podía rechazarlo, Roxana se dio la vuelta y caminó hasta el hombre para dedicarle una sonrisa gentil.

―Entonces, me disculpo por la molesta.

―Entonces, me disculpo por la molesta.

―¡Para nada! Sería una molestia solo si se hubiera aferrado a rechazar mi oferta ―respondió Jonatan con un gesto ferviente.

Mientras decía aquello, volteó a ver a Luciano con seriedad; sin embargo, Roxana no entendió lo que implicaba el significado de sus palabras, pues creyó que se refería a Alfredo, así que soltó una risita sin responderle. Y así, los tres caminaron al estacionamiento hombro a hombro; no fue hasta que llegaron ahí que Roxana se dio cuenta de que Luciano los había estado siguiendo por todo el camino, lo cual le pareció extraño. Al llegar al auto de Jonatan, notó que el de Luciano estaba estacionado al lado y de inmediato, una conjetura apareció en su cabeza.

«Hace rato, la supuesta coincidencia de Jonatan era una excusa, en realidad, ¡vinieron juntos!», fue la suposición que atravesó su menta.

«Pensándolo bien, no tenía que decirme tal mentira, después de todo, no sabe de mi relación con Luciano, así que dicho plan sería superfluo», reflexionó, luego dejó el pensamiento de lado y se subió al auto de Jonatan.