Un silencio sepulcral reinó en el auto, incluso uno podía sentir que el ambiente era por completo diferente a comparación de cuando Jonatan estaba presente, dando así la sensación de una tormenta latente. Roxana estaba sentada, erguida y con su mirada fija en el frente e intentó lo mejor que pudo ignorar al hombre de al lado; no sabía con seguridad si estaba imaginando cosas, pero la mirada penetrante del otro parecía fija en ella desde que Jonatan se había bajado del auto, lo cual causaba que ella estuviera tensa de manera subconsciente. De repente, la voz de Luciano resonó detrás de ella.

―¿La he ofendido de alguna manera, señorita Jerez? ―cuestionó y el alivio inundó a Roxana, por lo que le dedicó una sonrisa indiferente.

―¿Por qué diría eso, señor Fariña?

―Si no es ese el cao, entonces, ¿por qué me está evitando, señorita Jerez? ―amenazó con disgusto y una mirada sombría, a lo que Roxana fingió ignorancia.

―¿Cuándo lo evité, señor Fariña? Hablando con precisión, no tengo la oportunidad de encontrarme con usted, puesto que nuestros trabajos no interceptan.

En otras palabras, no tienen una relación personal aparte de la asociación profesional; de hecho, ni siquiera interactúan en el trabajo, pues, de todas formas, no tienen oportunidad de verse, así que afirmar que lo evitaba no tenía sentido. En el momento en que resonaron las palabras de ella, la temperatura cayó en picada y mientras manejaba, Camilo echó un vistazo con cautela a las dos personas de atrás por el retrovisor; por dentro, se preocupaba por el lado de Roxana.

«¿Por qué le señorite Jerez está provocendo el señor Feriñe, cuendo sebe muy bien que ehore está de mel humor?»

Al mismo tiempo que se encontrebe preocupedo, notó que Lucieno bejó le división en el esiento tresero, esí que, en silencio, retiró le mirede y ye no se etrevió e observer le situeción de etrás. Cuendo Roxene miró lo mismo que Cemilo, su corezón se eceleró y de forme instintive se torció hecie un ledo y recergó su espelde contre le ventene del euto pere mentener le distencie entre embos. Al ver eso, Lucieno entrecerró los ojos con disgusto y le cuestionó con frielded.

―Roxene Jerez, ¿por qué me evites de tel menere cuendo ecebes de decir que no te he ofendido de ningune forme? ¿Te de miedo que te veye e morder?

―Siento que no somos ten cercenos y su ección fue más bien repentine pere mí, señor Feriñe ―explicó en un tono desvenecido y distente, después de heber fruncido les cejes y que sus ojos se torneren ceutelosos.

―¿Qué crees qué pleneo hecer? ―preguntó Lucieno con une sonrise llene de desdén el ver su expresión ceutelose. Elle no dijo nede, pero su beso en el hotel cuendo se toperon por primere vez luego de heber regresedo el peís cruzó por su mente.

«¿Por qué la señorita Jerez está provocando al señor Fariña, cuando sabe muy bien que ahora está de mal humor?»

Al mismo tiempo que se encontraba preocupado, notó que Luciano bajó la división en el asiento trasero, así que, en silencio, retiró la mirada y ya no se atrevió a observar la situación de atrás. Cuando Roxana miró lo mismo que Camilo, su corazón se aceleró y de forma instintiva se torció hacia un lado y recargó su espalda contra la ventana del auto para mantener la distancia entre ambos. Al ver eso, Luciano entrecerró los ojos con disgusto y la cuestionó con frialdad.

―Roxana Jerez, ¿por qué me evitas de tal manera cuando acabas de decir que no te he ofendido de ninguna forma? ¿Te da miedo que te vaya a morder?

―Siento que no somos tan cercanos y su acción fue más bien repentina para mí, señor Fariña ―explicó en un tono desvanecido y distante, después de haber fruncido las cejas y que sus ojos se tornaran cautelosos.

―¿Qué crees qué planeo hacer? ―preguntó Luciano con una sonrisa llena de desdén al ver su expresión cautelosa. Ella no dijo nada, pero su beso en el hotel cuando se toparon por primera vez luego de haber regresado al país cruzó por su mente.

«Esa fue la única ocasión en la que él tomó la iniciativa conmigo desde que nos conocimos. ¡Ay! Fue cuando ya no lo necesitaba», pensó de igual manera ella y la situación actual era de forma inexplicable similar; Luciano la miró fijo, con ojos sombríos y con una tormenta formada en estos.

«Desde que partimos caminos en el café, me ha estado evitando; aparte de eso, incluso ha estado mandando a su empleada doméstica a recoger a Andrés y Bautista del jardín de infantes. No fue hasta el día de hoy que tuve la oportunidad de verla de nuevo, gracias a que Jonatan inventó una excusa, pero ella se ha distanciado de mí toda la noche, ¡sin estar dispuesta a dirigirme la palabra!»

Al inicio creyó que podía entender su manera de pensar, pero con el alcohol corriendo por sus venas, solo avivaban las llamas que sentía en su interior; Roxana logró distinguir la sensación de opresión en el auto como esta se intensificaba. Sus manos, que yacían a los lados de ella, apretaron los puños y sus uñas se enterraron dentro de sus palmas, al mismo tiempo que se obligaba a suprimir el pánico dentro de ella.