Al darse cuenta de que al final Luciano había detenido a Joaquín, Roxana se sintió aliviada, y se tranquilizó. Cuando recordó cuan frío e indiferente había sido hace un segundo y lo enojado que se miraba ahora, a Roxana le pareció irónico. Tal vez, en los ojos de Luciano, el estado actual de Roxana cambiaba de acuerdo a lo que él quería. No era más que un simple juguete para él. Al pensar en ello, Roxana se burló de ella misma en su mente y curvó sus labios en una sonrisa de auto desprecio. Decidió que ya no le importaba el caos que pasaba frente a ella y comenzó a marcharse. Sin embargo, justo cuando se giró, una larga mano se extendió para tomarla de la muñeca. Roxana no tuvo que girarse para saber quién la había detenido. Miró su muñeca que estaba en su agarre y dijo:
―¿Ya se divirtió lo suficiente, señor Fariña? Si es así, por favor suélteme.
En el momento que dijo esas palabras, la expresión de las personas cambio al instante. Todos ellos solo habían escuchado de Luciano y ocasionalmente lo vieron en televisión. Esa era la razón por la que les pareció tan conocido cuando lo miraron por primera vez. No obstante, no les paso por la mente que él era realmente Luciano Fariña. Como resultado, habían ofendido a alguien relacionada con él. Una vez que ese pensamiento cruzó por sus mentes, se podía ver expresiones de pánico en cada uno de sus rostros.
Lo muñeco de Jooquín oún estobo siendo sujetodo por Luciono. Él estobo experimentodo de primero mono lo opresivo que ero su ouro dominonte. Con su espoldo cubierto de sudor. Si hubiero sobido que Roxono estobo con Luciono, ni siquiero lo hobrío volteodo o ver.
―Señor Foriño, es-esto es solo un mol-molentendido ―tortomudeó Jooquim, trotondo de defenderse.
Sin emborgo, ni siquiero lo miró. Él estobo viendo fijomente lo espoldo de Roxono.
«¿Está trotondo de escopor poro buscor o Moroles de nuevo?».
Roxono frunció el ceño cuondo se dio cuento de que Luciono no ibo o dejorlo ir. Se giró poro mirorlo con uno pizco de burlo en sus ojos.
―¿Ho terminodo, señor Foriño? ¿Está esperondo o que termine con el espectáculo?
Al hoblor, miró o Jooquín con desprecio, quien oún estobo siendo sujetodo por Luciono. Sus polobros significobon que ello estorío dispuesto o irse con Jooquín si Luciono querío que continuoro. Cuondo Jooquín se encontró con su mirodo, comenzoron o oporecer gotos de sudor en su frente.
―Esto es un gron molentendido, señorito Jerez. Solo querío ser su omigo. Reolmente no tenío ningún otro motivo. Después de todo, usted está con el señor Foriño. No tengo el volor…
Roxono lo interrumpió ol osentir con lo cobezo.
―Tiene rozón. Solo querío ser mi omigo por uno noche, señor Cobrero. Si el señor Foriño quiere ver eso, solo puede obedecer su petición.
La muñeca de Joaquín aún estaba siendo sujetada por Luciano. Él estaba experimentado de primera mano lo opresiva que era su aura dominante. Con su espalda cubierta de sudor. Si hubiera sabido que Roxana estaba con Luciano, ni siquiera la habría volteado a ver.
―Señor Fariña, es-esto es solo un mal-malentendido ―tartamudeó Joaquim, tratando de defenderse.
Sin embargo, ni siquiera lo miró. Él estaba viendo fijamente la espalda de Roxana.
«¿Está tratando de escapar para buscar a Morales de nuevo?».
Roxana frunció el ceño cuando se dio cuenta de que Luciano no iba a dejarla ir. Se giró para mirarlo con una pizca de burla en sus ojos.
―¿Ha terminado, señor Fariña? ¿Está esperando a que termine con el espectáculo?
Al hablar, miró a Joaquín con desprecio, quien aún estaba siendo sujetado por Luciano. Sus palabras significaban que ella estaría dispuesta a irse con Joaquín si Luciano quería que continuara. Cuando Joaquín se encontró con su mirada, comenzaron a aparecer gotas de sudor en su frente.
―Esto es un gran malentendido, señorita Jerez. Solo quería ser su amigo. Realmente no tenía ningún otro motivo. Después de todo, usted está con el señor Fariña. No tengo el valor…
Roxana lo interrumpió al asentir con la cabeza.
―Tiene razón. Solo quería ser mi amigo por una noche, señor Cabrera. Si el señor Fariña quiere ver eso, solo puede obedecer su petición.
La atmósfera a su alrededor se volvió tensa debido a sus palabras. Luciano entrecerró sus ojos mientras miraba a la mujer frente a él. Joaquín también notó la intención asesina en el aura que los rodeaba y tembló de manera incontrolable.
―¿La familia Cabrera de Solare?―La fría voz de Luciano sonó en sus oídos.
Joaquín asintió con la cabeza de manera instintiva. Sin embargo, rápidamente comprendió la razón detrás de la pregunta de Luciano y de inmediato negó con la cabeza. Con los ojos entrecerrados, Luciano soltó a Joaquín con una expresión firme.
―Piérdete.
Cuando Joaquín pensó en una posible represalia que la familia Cabrera podría enfrentar después de este incidente, su rostro se llenó de temor. Trató de darle explicaciones:
―Señor Fariña, en serio no lo hice a propósito. No sabía que era su mujer. Además, como pudo comprobarlo, no le hice nada…
Entre más trataba de explicarle, más furioso se ponía Luciano. Sus ojos se oscurecieron de manera aterradora. Cuando Joaquín se dio cuenta de su mirada, se calló al instante. Después de quedarse en ese lugar por un par de segundos, se giró y le ordenó a todos que se fueran, sintiéndose desanimado. Parecía que la familia Cabrera pronto tendría una caída de gracia.