Cuando Roxana regresó a casa después de haber estado en la residencia de los Quevedo, Andrés y Bautista ya la estaban esperando. Esa noche, los niños no le dieron la bienvenida en la puerta como era de costumbre. En lugar de eso, estaban sentados en el sofá y parecían estar desanimados. Nadie sabía lo que pasaba por sus mentes. Roxana le lanzó una mirada de confusión a Lisa, pero ella solo se encogió de hombros como respuesta.
―Han estado así desde que fui por ellos esta noche.
Andrés y Bautista habían estado jugando felizmente con Estela. No obstante, los tres, de pronto, se pusieron tristes cuando vieron a Lisa caminando hacia ellos. En el trayecto de regreso, era evidente que Andrés y Bautista estaban afligidos. Desde entonces, no había mejorado su ánimo. Al principio, Roxana estaba muy feliz y esperaba con ansias la consulta médica por la familia Dorante. Sin embargo, cuando miró los rostros desanimados de sus hijos, la anticipación en su corazón rápidamente se vio remplazada por preocupación.
―¿Qué pasó hoy? ¿Tuvieron una pelea con sus amigos?―preguntó con gentileza mientras tomaba asiento a lado de ellos.
Solo cuando escucharon el sonido de su voz, los niños la miraron. La decepción estaba escrita por todo su pequeño rostro. El corazón de Roxana comenzó a dolerle.
―¿Qué pasó? ¿Les gustaría decírmelo?
En ese momento, Bautista comenzó a hablar suavemente.
―Mami, ¿Por qué no fuiste por nosotros esta noche?
Por otro lado, Andrés, solo la miró con los labios fruncidos. Roxana estaba sorprendida.
―Yo…tuve que hacer algo esta noche. Alguien me ayudó a resolver el problema con el instituto de investigación. Tuve que visitarlos y agradecerles.
Después de eso, preguntó vacilante.
―¿Están tristes porque no fui por ustedes?
Los dos niños asintieron como respuesta. Roxana rara vez los llevaba al jardín de infantes. Cuando lo hizo esta mañana, los niños pensaron que también pasaría por ellos.
Estela también había pensado lo mismo. Es por eso que ella había estado muy emocionada durante todo el día. Para su desgracia, Roxana no fue la que vino por ellos. Cuando Estela miró a Lisa, sus ojos se pusieron rojos de la decepción. Andrés y Bautista se disgustaron cuando vieron la expresión en su rostro. Ellos sabían que Estela quería a Roxana, y últimamente su mamá la había estado evitando. Aunque Estela siguió jugando con Andrés y Bautista en el jardín de infantes, podían ver que claramente estaba triste.
Estela se puso muy feliz cuando por fin puedo ver a Roxana. Su poca disposición al no querer separarse de ella esa mañana no pasó desapercibida por los hermanos. Por lo tanto, se sintieron igual de decepcionados que Estela cuando su mamá no vino por ellos. Roxana no tenía idea de porque Andrés y Bautista estaban tristes. Antes, Lisa y Magalí se encargaron de llevar e ir por los niños al jardín de infantes, porque había estado ocupada, y los niños nunca antes se habían puesto tristes.
―Mami, ahora que el problema en el instituto de investigación se solucionó, ¿eso significa que nos iremos pronto? ―preguntó Bautista.
Aún recordaba cuando Roxana les dijo que dejarían el país, tan pronto terminara su trabajo en Chepa. Después, no serían capaz de ver a Estela nunca más y Estela tampoco sería capaz de ver a Roxana. Al pensar en ello, los niños bajaron las cabezas tristes. Al escuchar a sus hijos mencionar el asunto de dejar el país, Roxana comenzó a entender por qué se sentían así. Les acarició sus cabezas con gentileza, y les dedicó una sonrisa para consolarlos.
―Aún no. Puede que nos quedemos un poco más de tiempo.
Los ojos de los niños se iluminaron.
―¿En serio? ¿Por qué?
La sonrisa de Roxana se amplió.
―Hay algo que tengo que hacer, así que nos quedaremos en Chepa. Ustedes tienen que cuidar de Ela en el jardín de infantes.
De inmediato, los niños asintieron con entusiasmo. La tristeza desapareció de sus caras al instante. Mientras siguieran en Chepa, Estela aún tendría la oportunidad de ver a Roxana.