Roxana se tensó cuando sus ojos se cruzaron. Luego, desvió la mirada e intentó actuar como si estaba mirando otra cosa en su dirección.
—Apresúrense y coman. La comida se está enfriando —dijo Lisa con una sonrisa.
Roxana recobró los sentidos y asintió con distracción antes de comenzar a llenar de comida los platos de los niños. Estela solo observó su comida y se rehusó a comerla.
—¿Qué sucede, Ela? ¿No te agrada la comida? —preguntó Roxana con confusión.
«No recuerdo que sea exigente con la comida…»
Estela miró a hacia la sala con cautela antes de decir con una voz tierna:
—Mi papi…
La expresión de Roxana se congeló, pues sabía lo que Estela iba a decir.
—Mi papi tampoco ha comido. ¿Puede unirse a nosotros? —preguntó Estela con una mirada expectante.
Roxana soltó un suspiro de impotencia al escuchar eso.
«Me imaginé que Luciano tampoco había comido cuando escuché que Estela había venido justo después de salir de la escuela. Ya que él estaba aquí, pensé en invitarlo a la mesa para mostrarle una hospitalidad básica. Pero él solo preguntó si podía dejar que Estela comiera con nosotros, así que no me atreví a invitarlo a él. Además, tampoco parecía querer unirse a nosotros…»
—¿Señorita Jerez? —dijo Estela, tirando de su manga.
Roxana suspiró en silencio y acarició la cabeza de Estela antes de decir:
—Lo siento, no lo sabía. Iré a invitar a tu papi.
Luego, Roxana se giró hacia Lisa y dijo:
—Lisa, tráenos otro juego de utensilios.
Lisa asintió y fue por los utensilios en la cocina mientras que Roxana se dirigía a la sala. Luciano estaba en su teléfono cuando Roxana se acercó a él. No estaba segura de si él no había notado su presencia o la estaba esperando apropósito, así que dijo:
—Estela me dijo que no has comido.
Luciano levantó la mirada y respondió con frialdad:
—Sí.
«¿Qué demonios le pasa con esa actitud? ¡Es obvio que estaba esperando mi invitación apropósito!» pensó Roxana con el ceño fruncido, frustrada.
Ya que ella había iniciado la conversación, no tuvo opción más que seguir con ello y preguntó de forma reacia:
—Si no te importa, ¿te parece acompañarnos en la cena?
Con lo frío que era su tono, cualquiera podría darse cuenta de que solo estaba siendo amable y rechazaría su invitación. Sin embargo, Luciano alzó una ceja mientras la miraba y dijo:
—No me importa en lo absoluto, pero no estoy seguro si a usted sí, señorita Jerez.
Roxana le lanzó una mirada intensa mientras forzaba las palabras de su boca.
—No, no me importa…
Luciano guardó su teléfono y se levantó del sofá para decir:
—En ese caso, aceptaré su invitación con gusto.
Roxana asintió y regresó al comedor. Luciano estaba sonriendo con alegría mientras caminaba detrás de ella, como si su plan hubiera funcionado a la perfección. Aunque Roxana no se había percatado de su expresión, Andrés y Bautista lo vieron claramente desde la mesa e intercambiaron miradas de sorpresa en respuesta.
«¿Quién hubiera pensado que nuestro papi era un hombre tan astuto?»