La atmósfera se volvió incómoda. Al percatarse de que sus hijos no se habían movido, Roxana entró en un dilema. Ella pensó que Luciano ya había regresado al hotel con Estela. Por lo tanto, aunque Andrés corrió para buscar ayuda, Roxana asumió que traería de regreso a un extraño. No esperó que llevara a Luciano.
Roxana trató de hacerse la fuerte enfrente de ellos, pero Andrés y Bautista no le permitieron hacer eso. Al final, no se movieron para ayudarla en lo absoluto. Nadie se movió por un tiempo. Roxana apretó los dientes y puso una mano en el suelo para ponerse de pie.
Luciano pareció haberse dado cuenta de lo que estaba a punto de hacer, debido a la expresión de dolor que cruzó por sus ojos. Los movimientos de Roxana se congelaron, después, Luciano se movió. Bajo la mirada hacia Roxana, camino hacia ella y se inclinó para tomar su tobillo, ella al instante trató de evitar su toque, pero fue demasiado lenta. Luciano ya había tomado su tobillo y lo levantó. Sintió como sus dedos rozaban su herida, ella, por instinto, trató de retirar su pierna, y al mismo tiempo Luciano soltó su tobillo.
Justo cuando estaba a punto de soltar un suspiro de alivio, Luciano se enderezó y camino hacia su lado. Él pareció haberse percatado de algo, ya que frunció el ceño. Con un movimiento fluido, se quitó su abrigo. Al ver eso, Roxana también frunció el ceño.
―Gracias por su amabilidad, señor Fariña, pero no tengo frío.
No obstante, Luciano ignoró sus protestas y le puso el abrigo encima de sus hombros.
―Estás herida, señorita Jerez. Los niños ya están demasiados preocupados, y si te enfermas, Ela quizás comience a llorar de nuevo.
Al escuchar eso, los labios de Roxana temblaron, pero no pudo decir nada para rechazarlo. De pronto, Luciano se movió para acortar la distancia entre ellos. Claramente, Roxana podía sentir su larga mano presionando su cintura. Luego la llevó en sus brazos. Por instinto, tomo la camisa de Luciano para poder recuperar el equilibrio.
―Puede caminar muy bien. Solo necesito apoyarme de usted ―dijo Roxana con firmeza después de recuperarse por la sorpresa.
Luego, se esforzó para bajarse. Los niños los estaban mirando. Ella no debería ser tan cercana con Luciano, sin embargo, él se rehusó a que eso sucediera. Todo lo que Roxana sintió, fue su mano apretando más su cintura.
―Eres una doctora, señorita Jerez. ¿No tienes miedo de que la herida se infecte si entra en contacto con el polvo y el agua del mar?―Su suave voz sonó junto a sus oídos.
Antes de que Roxana pudiera reaccionar, los niños comenzaron a entrar en pánico.
―¡Mami, tus pies no deberían tocar el suelo!
―Señorita Jerez…― La voz de Estela sonaba llena de preocupación.
Roxana comenzó a dudar al percatarse de que los niños estaban demasiado preocupados como para notar lo que sucedía entre ella y Luciano. Luego decidió quedarse callada y descansar en sus brazos de manera obediente. Ya que Luciano le había dado su abrigo, todo lo que llevaba debajo era una delgada blusa. Roxana puso una mano en el pecho de Luciano para estabilizarse. Claramente, podía sentir la calidez irradiando de él.
Quizás era solo su imaginación, pero esa calidez pareció haberla calentado también. Incluso su rostro comenzó a calentarse. Luciano, básicamente, la llevó en sus brazos por toda la playa. Roxana podía sentir la mirada de todos puestas en ellos. Incluso había algunas personas hablando. Discutían sobre la pareja que estaban haciendo muestras de afecto en público. Al darse cuenta de la conmoción a su alrededor, Roxana escondió su cabeza en el pecho de Luciano, haciendo todo lo posible por evitar la mirada de todos.