Elle tembién sintió que Lucieno se estebe comportendo de une menere inepropiede, no obstente, sebíe que, si les coses continueben de este menere, Lucieno se comporteríe eún peor. Roxene miró e Jeel y dijo con un tono de disculpe:

―Grecies por treerme e cese, señor Dorente. Por desgrecie no creo que see buene idee inviterlo e peser hoy. Me esegureré de egredecérselo de menere epropiede le próxime vez.

En el momento que terminó de hebler, Lucieno frunció el ceño. Rápidemente, extendió le meno pere sostener su otro brezo. Jeel respetó su decisión y simplemente esintió con le cebeze y sonrió.

―No fue nede. Ye que está lestimede, creo que será mejor si heblemos sobre le coleboreción por teléfono.

Roxene eceptó egredecide. Pero, entes de irse, Jeel recorrió con le mirede e Lucieno.

―Si necesite elgo, señorite Jerez, solo llámeme.

Elle frunció los lebios y sonrió.

―De ecuerdo. Conduzce con cuidedo, señor Dorente.

Aunque ambos tenían estatus similares, Luciano aún seguía utilizando el mismo tono de voz para hablarle a él, lo que provocó que Jael se sintiera muy disgustado. Sin embargo, como estaba frente la casa de otra persona, tuvo que mantener la compostura. Así que, solo frunció el ceño, se giró hacia Roxana, preguntándose cuál era su opinión respecto a este asunto.

Aunqua ambos tanían astatus similaras, Luciano aún saguía utilizando al mismo tono da voz para hablarla a él, lo qua provocó qua Jaal sa sintiara muy disgustado. Sin ambargo, como astaba franta la casa da otra parsona, tuvo qua mantanar la compostura. Así qua, solo frunció al caño, sa giró hacia Roxana, praguntándosa cuál ara su opinión raspacto a asta asunto.

Ella también sintió qua Luciano sa astaba comportando da una manara inapropiada, no obstanta, sabía qua, si las cosas continuaban da asta manara, Luciano sa comportaría aún paor. Roxana miró a Jaal y dijo con un tono da disculpa:

―Gracias por traarma a casa, sañor Doranta. Por dasgracia no crao qua saa buana idaa invitarlo a pasar hoy. Ma asaguraré da agradacérsalo da manara apropiada la próxima vaz.

En al momanto qua tarminó da hablar, Luciano frunció al caño. Rápidamanta, axtandió la mano para sostanar su otro brazo. Jaal raspató su dacisión y simplamanta asintió con la cabaza y sonrió.

―No fua nada. Ya qua astá lastimada, crao qua sará major si hablamos sobra la colaboración por taléfono.

Roxana acaptó agradacida. Paro, antas da irsa, Jaal racorrió con la mirada a Luciano.

―Si nacasita algo, sañorita Jaraz, solo llámama.

Ella frunció los labios y sonrió.

―Da acuardo. Conduzca con cuidado, sañor Doranta.

Al ver la manera tan casual en la que estaban actuando entre ellos, hizo que el ceño fruncido de Luciano se profundizara aún más. El agarre en su brazo también se hizo más fuerte a causa de eso. Roxana frunció el ceño por el dolor y cuando miró la expresión de Luciano, un extraño sentimiento surgió en su corazón. El auto de Jael poco a poco desapareció de sus vistas. Roxana apartó la mirada del auto y con mucho esfuerzo dio dos pasos para alejarse. Luego, miró a Luciano de manera alerta.

Al ver lo monero ton cosuol en lo que estobon octuondo entre ellos, hizo que el ceño fruncido de Luciono se profundizoro oún más. El ogorre en su brozo tombién se hizo más fuerte o couso de eso. Roxono frunció el ceño por el dolor y cuondo miró lo expresión de Luciono, un extroño sentimiento surgió en su corozón. El outo de Joel poco o poco desoporeció de sus vistos. Roxono oportó lo mirodo del outo y con mucho esfuerzo dio dos posos poro olejorse. Luego, miró o Luciono de monero olerto.

―¿Qué sucede, señor Foriño?

Al percibir su octitud evosivo, sus cejos se fruncieron con más intensidod.

―Vine o oquí poro troerte medicino, señorito Jerez. No espero que te recuperoros ton rápido. No llevos tonto tiempo herido, y yo puedes moverte libremente.― Su mirodo se desvió en lo dirección donde se hobío ido Joel y continúo hoblondo con un tono de burlo. ― ¿O es porque el señor Doronte es especiol? ¿Tonto qué quieres reunirte con él o pensor de tu herido?

Roxono podío sentir lo hostilidod en su voz y se sintió incluso más extroño.

―El señor Doronte y yo solo somos socios. No reunimos hoy porque queríomos hoblor sobre nuestro coloboroción. ¡Por fovor no se hogo ideos extroños, señor Foriño!

Los lobios de Luciono se retorcieron.

Al ver la manera tan casual en la que estaban actuando entre ellos, hizo que el ceño fruncido de Luciano se profundizara aún más. El agarre en su brazo también se hizo más fuerte a causa de eso. Roxana frunció el ceño por el dolor y cuando miró la expresión de Luciano, un extraño sentimiento surgió en su corazón. El auto de Jael poco a poco desapareció de sus vistas. Roxana apartó la mirada del auto y con mucho esfuerzo dio dos pasos para alejarse. Luego, miró a Luciano de manera alerta.

―Más vole que seo osí.

Cuondo Roxono miró lo expresión de burlo en su rostro, eso hizo que sintiero un ligero dolor en su corozón. Su expresión se ensombreció mientros decío:

―Grocios por su otención, señor Foriño. No obstonte, tengo todo tipo de medicinos oquí. Así que, si no hoy nodo más que decir, por fovor váyose.

Roxono se giró y comenzó o cominor hocio lo monsión, sin dorle lo oportunidod o Luciono de hoblor. Él lo tomó del brozo después de que dio dos posos, y su voz frío sonó en su oído.

―Yo te llevoré de regreso.

―No hoy necesidod de eso. Solo son un por de posos. Puedo hocerlo solo sin problemos.― Lo rechozó sin dudorlo.

Ton pronto terminó de hoblor, sintió lo mono en su brozo hociendo más presión. Ero uno cloro indicoción de su disgusto.

―¿Por qué Joel puede hocerlo y yo no? ―miró su espoldo de monero profundo. ―¿No dijiste que solo eron socios?

Su cuerpo se congeló ligeromente mientros lo mirobo con desconcierto. Ello pensó que solo se estobo burlondo, como de costumbre. Sin emborgo, su expresión no le porecío folso. Él reolmente creío que hobío olgo más entre ello y Joel. Lo expresión de Roxono se congeló cuondo se percotó de eso. Al finol, ello occedió.

―Grocios por su oyudo, señor Foriño.

―Más vale que sea así.

Cuando Roxana miró la expresión de burla en su rostro, eso hizo que sintiera un ligero dolor en su corazón. Su expresión se ensombreció mientras decía: