Lisa regresó después de devolver las flores. Dudó si decirle algo a Roxana, que estaba estudiando información en su portátil en el sofá.
Roxana se volvió al oír ruidos cerca de la puerta. Al ver a Lisa, preguntó: —¿Has devuelto las flores?
El ama de llaves asintió levemente y contestó: —He pedido a alguien de la floristería que lo devuelva.
Satisfecha, Roxana volvió a concentrarse en su trabajo.
Aunque Conrado se había encargado de todos los asuntos relacionados con el instituto de investigación, seguía necesitando a Roxana para hablar de una posible colaboración con la familia Damaris.
Roxana también trató el asunto con seriedad. De hecho, durante su recuperación en casa, había dedicado la mayor parte de su atención al proyecto del instituto de investigación.
Afortunadamente, Jack conocía su lesión y no aceleró su progreso. En cambio, le permitió trabajar a un ritmo cómodo.
Su consideración llenó a Roxana de cierto sentimiento de culpa. Estaba decidida a conocer a fondo el proyecto para poder retomarlo más rápidamente cuando volviera al trabajo.
Mientras estudiaba absorta la información del proyecto, sonó de repente la voz de Lisa. —Señora Jerez, ¿no cree que está siendo un poco… fría de corazón?
Devolver las flores era, sin duda, una muestra de humillación hacia cualquier obsequiador, y mucho más hacia alguien tan venerado como Luciano.
Además, el último recordatorio de Luciano esa mañana conmovió a Lisa, que cada vez estaba más convencida de que los sentimientos de Luciano hacia Roxana eran sinceros.
La pregunta de su ama de llaves hizo fruncir el ceño a Roxana. Apartando la mirada de la pantalla del portátil, respondió con frialdad: —Nunca pasará nada entre nosotros, así que devolverle las flores es lo más natural.
Al percatarse de la intención de Lisa de rebatirla, Roxana esbozó una sonrisa y añadió: —No te preocupes por esto. Nunca aceptaré nada de él, y punto.
Después de eso, Roxana se volvió hacia la pantalla de su ordenador portátil, sus dedos volando por el teclado en una ráfaga. Era una señal innegable de que ya no deseaba discutir el tema del afecto de Luciano.
Al ver cómo Roxana se concentraba en su trabajo, Lisa se tragó el consejo que tenía en la punta de la lengua. Se dio la vuelta y entró resignada en la cocina, suspirando para sus adentros.
Tras la marcha de Lisa, la velocidad de mecanografía de Roxana disminuyó.
Después de las palabras del ama de llaves, se dio cuenta de que ya no podía concentrarse plenamente en su trabajo.
Desde que vio a Luciano al regresar al país por primera vez, Roxana había percibido que su actitud hacia ella era completamente distinta a la de seis años atrás.
En cuanto a por qué su actitud había dado un giro tan grande, Roxana no se atrevía a imaginar por qué.
Por desgracia, las acciones de Luciano en los dos últimos días la obligaron a examinar sus motivos con más detalle.
Después de todo, a pesar de las atrevidas proclamas de Luciano sobre lo mucho que amaba a Abril seis años atrás, Roxana nunca le había visto regalarle ni una sola flor.
Enviar flores siempre había sido incoherente con el carácter de Luciano, y sin embargo se había salido de su carácter y le había regalado flores a ella en lugar de a Abril.
Además, tras devolverle las flores el día anterior, Roxana se sorprendió al recibir otro ramo al día siguiente.
Quizá lo que más le sorprendió fue su reacción al ver el segundo ramo de flores.
No había tarjetas ni más pruebas en el ramo que apuntaran a Luciano como remitente, pero bastó una mirada para que Roxana pensara en él.
Actuando por instinto, hizo que Lisa devolviera las flores a Luciano.
Roxana esperaba que Luciano comprendiera por fin sus deseos y se mantuviera alejado.
En ese momento, sólo deseaba poner en marcha una colaboración fructífera con la familia Damaris y lograr algunos avances en el campo de la medicina tradicional.
A sus ojos, las acciones de Luciano no eran más que una receta para los problemas.