Ya era casi el mediodía, pero Jonatan aún no lograba encontrar una solución, así que solo pudo aconsejar a Luciano.

―Lo que sea que hagas o digas, recuerda suavizar tu tono y actitud; no la confrontes sin rodeos.

Luciano frunció las cejas, pero estuvo de acuerdo; luego de colgar la llamada, bajó las escaleras y condujo hasta el instituto de investigación de Roxana. Mientras tanto, ella se levantó, preparada para ir hacia la cafetería, cuando la mayoría de su personal ya había salido del edificio; antes de salir, se paró en seco, como si algo hubiera llegado a su mente. Regresó a su oficina para recuperar las flores.

«Ya que lo voy a ver, lo mejor será que también le devuelva las flores».

En el momento en que Roxana estaba a punto de caminar hacia el estacionamiento de autos, después de salir del instituto, miró un Bentley en la entrada del edificio; desde la distancia, él notó su presencia y se bajó de inmediato del auto para caminar hacia ella, ocasionando que la expresión de Roxana se pusiera rígida.

«¿No le dije que nos viéramos en el café? ¿Qué demonios está haciendo aquí? ¡Es como si aún no estuviera feliz con el daño que hizo cuando le envié el ramo de flores esta mañana!».

―Ya es mediodía, así que siento que, en lugar de un café, debemos tener una comida apropiada; es por eso que te vine a buscar ―explicó Luciano, como si pudiera leer su mente.

―No, gracias. Nada más vamos por un café ―respondió con el cejo fruncido y luego de haber vuelto a la realidad. Ella quería evitar ir a comer con Luciano porque no deseaba pasar más tiempo con él; sin embargo, Luciano actuó como si hubiera hecho oídos sordos a sus palabras.

―¿Qué te gustaría comer? Reservaré una mesa ahora ―comentó. Ella lo miró confundida, pues no estaba segura de si su mente le estaba jugando una broma, pero, de alguna forma, sintió que Luciano parecía algo diferente a lo usual.

―No será necesario; no tengo ganas de comer. Te estoy pidiendo salir para aclarar las cosas de una vez por todas ―reiteró Roxana, su gélido objetivo, antes de devolverle el ramo―. Tus flores, por favor, llévatelas.

Luciano, quien estaba ocupado deslizando la pantalla de su teléfono, se congeló al instante, levantó un poco sus ojos y un brillo duro atravesó por estos. Cuando notó que ella cargaba el ramo desde la distancia hacía rato, él ya esperaba que ella le regresara las flores; no obstante, desvió de modo intensional su atención para que Roxana se olvidara de ellas. Si eso ocurría, él se pondría de mal humor; sin embargo, la mujer no se dio por vencida tan rápido, así que se acercó más y lo colocó frente a él.

―Toma ―dijo. Después de hacerse a un lado, Luciano por fin estiró la mano para alcanzar el ramo con una expresión llena de desprecio.

―Me entristece que te rehusaras a aceptar el ramo. Para recompensármelo, por favor, ven a comer conmigo ―pidió y Roxana estudió sus expresiones faciales, pero no logró encontrar un rastro de tristeza en su cara.

―Lo siento, yo….

―No desayuné esta mañana y ahora mi estómago está rugiendo ―interrumpió él, previo a que ella pudiera rechazar la oferta y acto seguido, empezó a jugar la carta de la simpatía―. ¿Quiere que me tome un café con usted, a pesar de tener el estómago vacío, señorita Jerez? ―preguntó y mientras decía estas palabras, su mirada se posó en los ojos de la mujer.

Se le ocurrió la idea en ese mismo lugar, pues, de acuerdo con Jonatan, recurrir a tácticas que puedan tocar sus fibras sensibles podrían funcionar. En el pasado, Luciano hubiera despreciado tal truco tan sucio, pero la actitud de la mujer lo dejó sin otra opción; al escuchar eso, Roxana dudó por un momento, pero al final, se tragó sus palabras y evaluó al hombre, al mismo tiempo que fruncía las cejas.