Ante eso, Yesenia frunció el ceño y volteó a su lado para verlo; hacía rato ya había notado su presencia, pues era sobresaliente, pero no estaba interesada en él. Sin embargo, para su sorpresa, el hombre en realidad se obligó a entrometerse en su línea de visión para defender a Roxana.
―Usted es… ―habló Yesenia, a lo que Leandro se presentó con educación.
―Soy Leandro Morales, soy un doctor ordinario, así que no necesita recordarme.
El asombro cruzó por los ojos de Yesenia, ya que Leandro era el heredero de la familia Morales y todos dentro del círculo habían escuchado sobre él; sabían que no estaba interesado en la fortuna de su familia y había establecido su lugar en el mundo médico. Durante el paso de los años, era raro encontrarse a Leandro en los banquetes de Horneros; por lo tanto, era la primera vez que Yesenia lo miraba en persona y no dejaba de pensar que le hacía justicia a su nombre. Aunque fuera hijo de la familia Morales, lucía calmado, sereno y para nada agresivo; quizás todos sus años estudiando medicina lo hicieron aprender a mantener su agresividad fuera de él.
―Así que usted es el señor Morales. Escuché sobre uste desde hace un largo tiempo ―saludó Yesenia, luego de regresar a la realidad y sonreírle.
―Si no hay nada más que decir, señorita Altamirano, me gustaría hablar con la doctora Jerez ―pidió Leandro, después de asentir con la cabeza y antes de que Yesenia pudiera responder, Leandro ya había volteado a ver a Roxana―. ¿Está libre, doctora Jerez? Hay algunas cosas sobre prácticas que me gustaría discutir con usted.
Incluso Roxana no logró evitar congelarse por un momento y aunque sabía que Leandro lo hacía para ayudarla a salir de ese sitio, fue la primera vez que lo escuchó hablar en un tono tan distante. Aun así, Roxana pudo recobrar la compostura y le sonrió con rapidez.
―De acuerdo ―contestó y volteó a ver a Yesenia con pena―. Discúlpeme, señorita Altamirano ―continuó y Yesenia solo logró darle una pequeña sonrisa a Roxana antes de verla caminar para sentarse al lado de Leandro. En dicho momento, respiró profundo y le dedicó una sonrisa llena de gratitud al hombre―. Gracias, Leandro ―agradeció con una voz suave.
―Ten cuidado por un rato; la señorita Altamirano parece haber malentendido algo ―implicó Leandro, suspirando también y Roxana asintió con la cabeza, estando de acuerdo.
Roxana no sabía lo que había hecho para que Yesenia desarrollara esos malentendidos innecesarios, pero ya los tenía y no era algo que Roxana pudiera esclarecer rápido con unas palabras; todo lo que podía hacer era informarle a Jael más tarde para que este se lo explicara a ella. Cuando los otros médicos profesionales miraron que Roxana y Leandro se sentaron juntos, se reunieron con prontitud para discutir preguntas sobre las prácticas médicas; tanto Leandro como Roxana eran médicos establecidos en el campo y ambos habían regresado del extranjero. Aunque los dos intentaron mantener un perfil bajo en su discusión, las cosas que dijeron lograron despertar la curiosidad de la mayoría de los intereses de la gente; al mismo tiempo, los otros doctores estaban dispuestos a impartir sus propias experiencias con los dos. Las personas se acercaron más a la discusión y los doctores se encontraron admirando cada vez más a Roxana; por lo tanto, ellos también empezaron a aprobar lo que Daniel había dicho al inicio: el futuro del campo médico en Chepa era prometedor. La desconfianza que Yesenia le tenía a Roxana se incrementó con intensidad al escuchar los halagos que le daban las personas.