Abril pensaba lo mismo que Gina.

—Pero ¿qué más podemos hacer? —preguntó frunciendo el ceño.

A decir por las fotos, parecía claro que Luciano y Roxana ya eran muy cercanos.

Gina lo pensó un momento y luego dijo:

—Debemos apresurar tu matrimonio antes de que se reconcilien por completo.

El semblante de Abril se ensombreció más. Sabía que era eso lo que debía hacer, pero no tenía idea de cómo lograrlo y las palabras de su madre no la ayudaban en nada.

Gina, por su parte, ignoraba lo que pasaba por la mente de su hija y continuaba pensando en ideas.

Después de un rato, Gina dijo:

—Tenemos que hacer algo para evitar que se sigan reuniendo de esta manera. Debes permanecer al lado de Luciano en todo momento para que no tenga opción alguna de encontrarse con esta mujer.

—Eso es justo lo que quiero, pero Luciano ha estado ignorándome en estos días. ¡No puedo ni acercármele! ¿Cómo voy a deshacerme de esa despreciable mujer? —se quejó Abril sollozando.

Gina miró a Abril y dijo:

—¿Quién dice que no puedes verte con él solo porque te está ignorando? ¿Y si te mudas con él? Así se vería forzado a pasar tiempo contigo, aunque no quiera verte. Una vez allí, solo harán falta un par de trucos para que por fin se olvide de esa mujer.

Abril no estaba segura del plan.

—¿Mudarme con él? ¿Crees que me deje? Incluso antes de que esa mujer regresara al país, ya me tenía prohibido quedarme a dormir en su casa y ni qué decir de ahora. ¡Jamás dejará que eso suceda!

Ante esto, Gina frunció el ceño; las dos mujeres no sabían qué decir ante tal situación.

—Si no accede, ¡encontraremos la manera de obligarlo! —dijo de repente Gina con frialdad.

Abril se sorprendió de la confianza que mostraba su madre.

Acto seguido, Gina la miró y, tras tomar su teléfono, ordenó:

—Ven conmigo.

Luego, salió de la habitación sin siquiera esperar por la reacción de su hija.

Titubeante, Abril se puso de pie y siguió a Gina al estudio.

A continuación, Santiago, quien estaba trabajando adentro, oyó que alguien tocaba a su puerta.

—Adelante —respondió.

Pronto, su esposa e hija entraron a la habitación.

Ante el aura deprimente de ambas, Santiago frunció el ceño y dejó los documentos con los que estaba trabajando.

—¿Qué sucede?

Abril no sabía cuál era el plan de su madre, así que, afligida, se limitó a esconderse detrás de ella.

Gina, por su parte, colocó el teléfono de Abril frente a él y dijo:

—Mira por ti mismo.

Santiago la miró extrañada y dirigió su atención al teléfono. Su reacción fue casi idéntica a la de Gina; su mirada se ensombreció al ver las fotos y no pudo evitar sentir pena por lo que su hija estaba pasando.

—¿Qué hace esta mujer con Luciano?

Abril, sin embargo, se mantuvo callada y con los ojos rojos de tanto llorar.

—Si queremos deshacernos de ella, tenemos que unirnos y dar una gran actuación. El plan es lograr que Abril se mude a la casa de Luciano y así Roxana no podrá ganar —expresó Gina con seriedad.

Abril y Santiago estaban confundidos.

—¿Dar una gran actuación? ¿Cómo?

Un destello de frialdad se hizo presente en la mirada de Gina e hizo un par de señas para que ambos se acercaran. Los otros dos hicieron justo así y escucharon el plan de Gina.