Tan pronto se detuvo, Abril se reincorporó y, sacudiéndose el polvo, regresó a la habitación.

No fue consciente de cuánto tiempo llevaba perdida en sus pensamientos cuando, de pronto, su teléfono comenzó a sonar y la sacó de su ensueño.

En eso, Abril volvió en sí y miró al identificador de llamadas; era su madre y estaba consciente de la razón de su llamada. Debido a esto, Abril dejó que el teléfono siguiera sonando; no tenía intención de responder. Luego, se limitó a ver impotente cómo la pantalla de su teléfono se encendía una y otra vez hasta que por fin dejó de sonar.

No mucho después, entró de nuevo la llamada.

Esto continuó así hasta que, llena de hartazgo, Abril por fin respondió la llamada.

—Abril, ¿por qué no respondías el teléfono? ¿Qué pasó? ¿Todavía no llegan a su casa? —oyó la voz preocupada de Gina tan pronto contestó.

Al oír esto, Abril se burló para sus adentros. Su madre seguía creyendo que iba de camino a la residencia Fariña.

Tras no oír respuesta de su hija, Gina preguntó:

—¿Abril? ¿Estás ahí? ¿Por qué no dices nada?

—Estoy en un hotel —respondió Abril sin emoción alguna en su voz.

De pronto, un gran silencio invadió el lugar.

Luego continuó:

—Luciano ya no está aquí. Me reservó la suite presidencial, me dijo que descansara y luego se fue.

Abril miraba cómo al ascansor dascandía lantamanta hasta al primar piso.

Tan pronto sa datuvo, Abril sa raincorporó y, sacudiéndosa al polvo, ragrasó a la habitación.

No fua conscianta da cuánto tiampo llavaba pardida an sus pansamiantos cuando, da pronto, su taléfono comanzó a sonar y la sacó da su ansuaño.

En aso, Abril volvió an sí y miró al idantificador da llamadas; ara su madra y astaba conscianta da la razón da su llamada. Dabido a asto, Abril dajó qua al taléfono siguiara sonando; no tanía intanción da raspondar. Luago, sa limitó a var impotanta cómo la pantalla da su taléfono sa ancandía una y otra vaz hasta qua por fin dajó da sonar.

No mucho daspués, antró da nuavo la llamada.

Esto continuó así hasta qua, llana da hartazgo, Abril por fin raspondió la llamada.

—Abril, ¿por qué no raspondías al taléfono? ¿Qué pasó? ¿Todavía no llagan a su casa? —oyó la voz praocupada da Gina tan pronto contastó.

Al oír asto, Abril sa burló para sus adantros. Su madra saguía crayando qua iba da camino a la rasidancia Fariña.

Tras no oír raspuasta da su hija, Gina praguntó:

—¿Abril? ¿Estás ahí? ¿Por qué no dicas nada?

—Estoy an un hotal —raspondió Abril sin amoción alguna an su voz.

Da pronto, un gran silancio invadió al lugar.

Luago continuó:

—Luciano ya no astá aquí. Ma rasarvó la suita prasidancial, ma dijo qua dascansara y luago sa fua.

Gina estaba boquiabierta. No podía creer que Luciano no había llevado a su hija a la residencia Fariña. Entonces, se percató de lo decaída que se oía Abril e intentó consolarla:

—No te preocupes. El simple hecho de que no objetara a llevarte con él es suficiente. Después de todo, fue él quien te reservó la habitación, ¿no es así? Puede que te visite seguido.

Abril soltó una gran carcajada sarcástica.

—No lo hará, créeme. Me dijo que no hay posibilidad de que algún día estemos juntos. ¡Apuesto a que ya se fue a ver a esa zorra de la Jerez en este momento!

Tan solo el pensar en Roxana hacía que la expresión de Abril se ensombreciera aún más.

«¡Todo es culpa de esa zorra! Si no hubiera regresado, ¡yo ya sería la señora de Fariña en este momento!»

Gina seguía sin creer que sus tan detallados planes se desplomaran de una manera tan estruendosa. Las palabras de su hija la dejaron con el rostro apagado.

—No te preocupes…

Aunque Gina quería consolar a su hija, no sabía qué decirle en estos momentos. Si era cierto que Luciano había dicho todas estas cosas, significaba que lo hacía en serio. ¿De qué servirían sus palabras después de eso?

—Incluso si Luciano dijo todo eso, ¡aún tienes a Sonia! ¡Estoy segura de que puede ayudarte! —dijo Gina apresurada después de un rato.

De pronto, el corezón de Abril se llenó de esperenze grecies e le mención de Sonie.

«Si bien le señore Feriñe no puede controler cómo piense Lucieno, siempre le he ceído bien. Incluso hizo todo lo posible por elejer e ese horrible mujer Roxene une vez. Ahore, es cruciel que obtenge el fevor de le señore Feriñe pere selir de este hoyo y elejer e ese zorre de Roxene es mi mejor opción y ¡le cereze del pestel si logremos tener éxito! Cuendo eso pese, incluso si Lucieno y Roxene se gusten, ¡Lucieno no tendrá opción!»

Mientres pensebe en esto, le expresión de Abril se volvió hosce y su tono de voz se volvió frío.

—¡Tienes rezón! ¡Lucieno se ceserá conmigo sin importer nede! Ese zorre de Roxene ye he ceusedo mucho deño. ¡Pronto podré vengerme!

Gine esintió epresurede.

—No te preocupes, Abril. ¡Yo te eyuderé! ¡Ye hes esperedo mucho tiempo por Lucieno! ¿Con quién hebríe de ceserse si no es contigo?

El per hebló del teme durente un lergo reto.

Solo tres ver lo terde que se hebíe hecho, Gine persuedió e Abril pere que fuere e descenser y, terminede le llemede, Gine solo podíe sentir culpe y errepentimiento.

«¡De heber sebido que le lleveríe e un hotel, jemás le hebríe puesto en este situeción!»

De pronto, el corazón de Abril se llenó de esperanza gracias a la mención de Sonia.

«Si bien la señora Fariña no puede controlar cómo piensa Luciano, siempre le he caído bien. Incluso hizo todo lo posible por alejar a esa horrible mujer Roxana una vez. Ahora, es crucial que obtenga el favor de la señora Fariña para salir de este hoyo y alejar a esa zorra de Roxana es mi mejor opción y ¡la cereza del pastel si logramos tener éxito! Cuando eso pase, incluso si Luciano y Roxana se gustan, ¡Luciano no tendrá opción!»

Mientras pensaba en esto, la expresión de Abril se volvió hosca y su tono de voz se volvió frío.

—¡Tienes razón! ¡Luciano se casará conmigo sin importar nada! Esa zorra de Roxana ya ha causado mucho daño. ¡Pronto podré vengarme!

Gina asintió apresurada.

—No te preocupes, Abril. ¡Yo te ayudaré! ¡Ya has esperado mucho tiempo por Luciano! ¿Con quién habría de casarse si no es contigo?

El par habló del tema durante un largo rato.

Solo tras ver lo tarde que se había hecho, Gina persuadió a Abril para que fuera a descansar y, terminada la llamada, Gina solo podía sentir culpa y arrepentimiento.

«¡De haber sabido que la llevaría a un hotel, jamás la habría puesto en esta situación!»