Jael se disculpó un momento y se levantó de la mesa para responder a una llamada.

No mucho después, regresó apenado.

—Lo siento tanto. Mi abuelo me necesita de vuelta, pero no me explicó el porqué.

Roxana se mostró considerada y le dedicó una sonrisa.

—Si el abuelo Dorante lo solicita, no hay tiempo que perder. Yo regresaré a casa por mi cuenta.

Jael se disculpó una vez más y pasó a retirarse.

Ella, por su parte, terminó su comida y miró al reloj: la una de la tarde.

Luego, pensó en sus hijos que estaban en casa solos y no pudo evitar preocuparse por ellos, por lo que dejó la mesa y fue a pagar la cuenta.

—El caballero que acaba de irse ya se encargó de la cuenta —dijo la empleada con una sonrisa.

Esto tomó a Roxana por sorpresa.

«No se supone que yo invitaría esta comida como muestra de agradecimiento? ¿Por qué pagaría la cuenta?»

—Ah, este es un obsequio de parte del caballero —dijo la empleada al tiempo que le daba un ramo de flores y decía con envidia— ¡Usted es tan afortunada!

Roxana se sorprendió de que su relación con Jael fuera malinterpretada una vez más.

Luego dirigió su vista a las flores y se preparó para tener que explicar la situación. Si bien las intenciones de Jael no estaban del todo claras, sus actos podrían llevar a malentendidos. Pero Roxana temía enredar la situación aún más dando demasiadas explicaciones, por lo que optó por solo sonreír apenada y aceptar el ramo antes de darse la vuelta y salir del restaurante.

Hecho esto, se fue a un cruce y, después de un rato de espera, logró conseguir un taxi. Luego, abrazó el ramo y entró al auto.

En eso, recibió un mensaje de Jael:

«Estoy en casa».

Roxana estaba por responder a su mensaje cuando entró otro mensaje de su parte:

«¿Recibió las flores?»

Ella miró las flores de reojo y frunció el ceño; sus dedos se deslizaban rápidamente sobre su pantalla del teléfono:

«Sí las recibí, pero no estoy segura de a qué se debe el obsequio».

Por lógica, Jael no debería de pensar en ella más que como una compañera de trabajo, pero con las flores y sus comentarios a Roxana le costaba no malinterpretar las cosas.

Jael, por su parte, leyó su mensaje y alzó una ceja. Luego, frunció los labios y dijo:

«¿No son las flores un gesto de agradecimiento adecuado por haberme invitado a comer?»

Su mensaje desconcertó a Roxana y esta respondió:

«Pero ¿no pagó usted la comida también?»

El razonamiento del hombre no tenía sentido y Roxana comenzó a sospechar que tenía otras intenciones.

Jael encontró su mensaje gracioso y respondió:

«Un Dorante jamás dejaría que una dama pague la cuenta. Contar con su compañía durante el almuerzo me fue más que suficiente».

Roxana no sabía qué decir y, momentos después, recibió otro mensaje de Jael:

«Solo bromeo. Las flores son de parte de Jaimito como muestra de su gratitud. Después de todo, el orfanato es responsabilidad de la familia Dorante y usted nos ha sido de gran ayuda».

Luego, como si temiera que no le creyera, añadió:

«El arreglo viene acompañado de muchos lirios, los cuales simbolizan la gratitud, por lo que espero que eso ayude a evitar malentendidos cuando los niños lo vean».

Fue justo en ese momento que Roxana se dio cuenta de la cantidad de lirios que venían en el arreglo acompañados por otras flores que no supo nombrar.

Ante esto, su mirada se llenó de disgusto; ni siquiera Andrés y Bautista podrían haber malinterpretado la situación, pero, por alguna razón, ella sí lo hizo.

«¿Qué es lo que pasa conmigo?»