—¡Corran! ¡Congelados! —Estela esperaba unos cuantos segundos antes de girarse para que dieran unos cuantos pasos.

A pesar de que Roxana y Luciano se detuvieron sin problemas, los dos niños perdieron el balance, pero de inmediato se quedaron quietos; para su buena suerte, las intenciones de Estela era que todos jugaran juntos, así que no sacó a Andrés ni a Bautista del juego durante la primera partida. Mientras seguían jugando, Roxana empezó a preguntarse por qué de pronto los niños se estaban acercando más al centro, en dirección a ellos, entonces miró a Andrés, quien estaba a su lado; sin embargo, el niño no le estaba prestando atención a ella, sino a Estela, así que lo hacía ver como si en verdad estuviera interesado por llegar a la línea de meta primero y no que tuviera alguna otra intención en mente.

Entonces, Roxana decidió que durante su siguiente movimiento se acercaría más al centro para darle más espacio a su hijo. Mientras tanto, Luciano también se dio cuenta de que Bautista estaba cada vez más cerca de él.

«Bautista se está comportando muy raro, pero no puedo meterme, tal vez debería hacer más espacio para que él pueda pasar y ganar el juego, porque cada vez se está acercando más a mí», pensó el hombre.

Aunque Luciano no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba pasando por la mente de Bautista, el hombre dio unos cuantos pasos hacia el centro; mientras los dos adultos se preocupaban por hacer espacio para los niños, Estela de pronto se giró y exclamó:

—¡Congelados!

Para su desgracia, Andrés todavía se estaba moviendo y cuando la escuchó perdió el equilibrio y se balanceó un poco; Roxana frunció el ceño sintiendo que tal vez no había dejado suficiente espacio para su hijo, así que sin importarle que tal vez perdiese el juego, dio un paso más hacia un lado para evitar que el niño cayera, sin embargo, la mujer se tropezó con algo rígido que no esperaba que estuviera a su lado; Roxana se congeló y de inmediato se giró para ver que había pisado.

Por su lado, Luciano también había caído en la trampa y se movió un poco para que Bautista pudiera pasar, pero justo cuando se estaba moviendo, sintió que alguien lo pisó; cuando el hombre bajó la mirada, se encontró con el rostro avergonzado de Roxana. Dado que Andrés ya le había quitado todo el espacio que le quedaba, la mujer no tuvo más opción que moverse y fue ahí cuando pisó a Luciano. Sin embargo, ya no podían moverse porque estaban congelados, así que la mujer miraba a Estela con expresión de ayuda, deseando que la pequeña se girara otra vez para poder quitarse de dónde estaba.

«Si Estela no se gira pronto, no podré permanecer mucho más tiempo así», pensó Roxana.

Parecía que la niña le había leído la mente porque tan pronto como se dio cuenta de lo ocurrido, sonrió y se giró. Pero tan pronto como la estaba a punto de quitar su pie, Estela exclamó:

—¡Corran! ¡Congelados!

Así que la niña no le dio oportunidad de moverse, aunque la realidad es que ni siquiera había espacio para el que pudiera hacerse, por lo que comenzó a perder el equilibrio. Mientras tanto, los niños miraban la escena nerviosos, pues temían que Roxana fuera a caer, y que, al mismo tiempo, Luciano fuera a perder esta oportunidad para acercarse a ella.

Roxana estaba entrando en pánico y quería sujetarse de algo rápidamente, pero entonces recordó que habían decidido jugar en un espacio abierto y libre de cosas para que fuera más sencillo moverse; así que al final, no había nada de lo que pudiera sujetarse. La mujer estaba a punto de caer cuando de repente, una mano la sostuvo con firmeza, y un segundo después, unos brazos fuertes la tomaron entre sus brazos.

Cuando los niños se dieron cuenta de la reacción tan natural de Luciano, no pudieron evitar exclamar al unísono:

—¡Guau!