―Hay algo que había querido preguntarles a ambos… ¿Por qué me están ayudando? ―preguntó Luciano, luego de dudarlo por un breve momento y de haber fruncido las cejas al acercarse e hincarse delante de los niños. Andrés y Bautista intercambiaron miradas antes de suspirar con alivio.

«¡Uf! ¡Y creímos que papi sabía de nuestro secreto!»

―¡Es porque usted trata a mami y a Ela muy bien! ―contestó Bautista, en el tono más dulce posible.

Luciano miró a los dos en un intento de determinar si decían la verdad; para su desgracia, no los conocía tan bien, así que no logró saber si lo hacían o no. Después de mirarlos con intensidad por unos minutos, Luciano retractó su mirada con escepticismo y se puso de pie.

―Se hace tarde. Cuidaré de su mami, así que ustedes dos vayan a la cama.

Los niños asintieron con obediencia y se fueron de la habitación, sintiéndose demasiado aliviados, pues lograron evitar más cuestionamientos; ya que Luciano rara vez demostraba emoción, ellos no lograron evitar preguntarse cómo reaccionaría al saber que ellos saben su identidad verdadera. El hombre esperó hasta que los niños se fueran antes de voltear a ver a Roxana, quien dormía con profundidad.

―Incluso los niños se dan cuenta de que te trato bien. ¿Qué hay de ti? ¿Cómo te sientes con respecto a mí? ―preguntó él, mientras dejaba salir un suspiro desamparado.

Por supuesto, ella no respondió, puesto que se encontraba fuera de combate, así que Luciano se sentó en la silla que ella tenía en el balcón y empezó a trabajar desde su teléfono; después de lo que pareció una eternidad, escuchó un sonido proveniente de la habitación. Luciano se apresuró a guardar su teléfono y fue a revisar a Roxana; por alguna razón, ella tenía las cejas muy fruncidas en su cara y parecía murmurar algo, mientras dormía. Al mismo tiempo que Luciano se inclinaba, logró escuchar algo salir de su boca.

―¿Por qué me sigues ignorando, Luciano? ¿No soy suficiente para ti? ―murmuró, causando que el hombre se tensara y recordara que pasó algo similar cuando salieron de vacaciones.

«Todavía recuerdo cómo se puso ebria y empezó a murmurar cosas que habían pasado hace seis años, pero estaba tan ocupado recompensando la amabilidad de la familia Pedrosa que la ignoré por completo. Apuesto a que, con exactitud, pasó por el mismo dolor que experimento ahora… Bueno, supongo que tiene sentido que ella no vea lo bien que la trato ahora».

Con una mirada arrepentida en los ojos, Luciano sostuvo su mano y la apretó con suavidad y cuando estaba a punto de decir algo, Roxana frunció las cejas de pronto; de golpe, ella despertó y batallo para cubrir su boca con la mano, pero ya era demasiado tarde. Luego, se agachó a un lado de la cama y empezó a vomitar; por instinto, apretó el agarre de la mano de Luciano, así que no fue capaz de hacerse para atrás a tiempo y terminó cubierto de vómito.